El politólogo, abogado y ensayista Manuel Monereo traza, en una nueva entrevista en Radio San Borondón, un diagnóstico demoledor sobre la realidad actual. Advierte que la situación política en España es mala, pero lo que se aproxima es aún peor. Su mayor preocupación respecto a las clases dirigentes del país, y en particular a la izquierda, es una alarmante falta de perspectiva histórica. Según el analista, se vive al borde del abismo mientras los líderes se pierden en ‘juegos florales’ y dinámicas más propias de una serie de ficción que de la cruda realidad, evidenciando una incapacidad para comprender la gravedad del momento y la imposibilidad de seguir hablando de política como se hacía antaño.
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La normalización de la barbarie y el genocidio
La humanidad se ha acostumbrado al genocidio de un pueblo a pesar de la promesa global, tras la experiencia de la Alemania nazi, de que una atrocidad semejante jamás volvería a repetirse. Hoy en día, todo se banaliza y se transforma en meros impactos comunicativos. Resulta ilustrativo que, mientras un supremacista israelí llega a declarar abiertamente la necesidad de eliminar a un millón y medio de gazatíes, las élites políticas continúen debatiendo si las acciones del primer ministro Benjamín Netanyahu constituyen o no un genocidio. Esta actitud de la dirigencia genera una profunda incertidumbre sobre el rumbo del futuro, amenazado por fuerzas que conducen de forma inevitable hacia la guerra y la catástrofe ecológica, despojando de toda perspectiva a las próximas generaciones.
Una izquierda paralizada por la complacencia
En el ámbito doméstico, la izquierda española sobrevive aferrada a la constante justificación del miedo ante el avance de las fuerzas conservadoras o centrada de manera exclusiva en articular frentes comunes para cogobernar con el PSOE. Ambas dinámicas operan al margen de un debate de fondo sobre la situación real y sin una estrategia clara de solución. Esta falta de visión impide atisbar salidas factibles que posibiliten una intervención efectiva. Además, las críticas que el Gobierno de España dirige hacia los Estados Unidos e Israel se configuran como reproches sin coste real; el Estado español continúa la compra de armamento a Israel, país que instrumentaliza su relación con Marruecos para devolver los agravios, mientras socios europeos como Alemania entregan submarinos a Tel Aviv y detienen a periodistas locales por calificar de genocida la campaña militar hebrea.
La reconfiguración ideológica del centroderecha
En el panorama internacional, el auge de formaciones radicales reconfigura el mapa del continente. Frente al ascenso de la formación Alternativa por Alemania, cabe cuestionarse si existe una postura más a la derecha que la del actual líder demócrata-cristiano Friedrich Merz. La realidad evidencia una amalgama de derechas distintas que responden a intereses diversos, pero que comparten una matriz ideológica idéntica y un alineamiento económico común.
El peso del protectorado norteamericano
Para interpretar correctamente este escenario, Monereo llama a analizar el devenir histórico de Alemania, un territorio que intentó constituirse como Estado centralizado en dos ocasiones enfrentándose a Francia, Inglaterra y Rusia, y que terminó dividido en la República Democrática y la República Federal. Aquella Alemania de posguerra se definió como un país de frontera, rígido y ocupado militarmente por potencias extranjeras. En la actualidad, el país sigue funcionando bajo la condición de un protectorado norteamericano que alberga cientos de instalaciones militares y miles de efectivos estadounidenses. Sus élites políticas, tanto de derecha como de izquierda, operan de forma subalterna a las directrices de Washington, una condición estructural que se consolidó tras la reunificación del país y la disolución de la Unión Soviética.
El vacío democrático y el giro a la extrema derecha
La capitulación del bloque soviético reconfiguró el equilibrio de fuerzas mundial en favor de un neoliberalismo que ha vaciado de contenido el concepto de democracia, reduciéndola a un mero trámite electoral. En este nuevo ecosistema, las fuerzas de izquierda clásicas se han disuelto; la socialdemocracia tradicional y Los Verdes han asumido postulados neoliberales, mientras que formaciones como Die Linke quedan relegadas a un papel de partido bisagra, perdiendo progresivamente su base social y su capacidad de organización. Tras el fin de la Guerra Fría y la victoria global de los Estados Unidos, el mundo viró hacia posiciones de extrema derecha. Esta transformación explica el panorama actual, donde persisten profundas desigualdades entre el este y el oeste del territorio alemán. No es una coincidencia que un sector muy significativo de la antigua República Democrática perciba a Alternativa por Alemania como la única opción antisistema frente a unas políticas que los condenaron a una posición de subordinación socioeconómica, propiciando el caldo de cultivo ideal para el triunfo electoral de la extrema derecha.

