Por: José Manuel Rivero
La Playa de San Agustín ha vuelto a convertirse en un bastión de cultura viva y de acceso popular. Este viernes 17 de julio ha arrancado la décima edición del Maspalomas Costa Canaria Soul Festival, una cita que se prolongará hasta el domingo 19 de julio y que se encuentra consagrada no solo en el calendario estival de Gran Canaria, sino en el mapa europeo de la música con mayúsculas. En un contexto global donde el acceso a la alta cultura suele estar mercantilizado, encontrarse con un festival frente al mar, de carácter enteramente gratuito y volcado hacia el pueblo, es un recordatorio de que los espacios públicos pertenecen a la colectividad.
Esta edición llega cargada de una profunda carga emotiva, dedicada por entero a la memoria de su creadora e impulsora, Dania Dévora, fallecida el pasado mes de marzo. Su visión indomable logró levantar este templo de la música afroamericana sobre la arena canaria, y el rugido de las gargantas de esta noche ha sido el mejor homenaje posible a su legado.
La noche en que la arena vibró: Las actuaciones estelares
El arranque de este viernes ha sido un auténtico despliegue de portentosas voces negras y ritmos sincopados que hicieron las delicias de una marea humana congregada junto al Atlántico.
Manel Ruiz «El Especialista»: El encargado de encender la tarde. Con una impecable selección musical de grabaciones en disco, preparó el terreno de manera magistral, sintonizando los latidos de los primeros asistentes con la brisa marina.
Koko-Jean & The Tonics: La encargada de inaugurar oficialmente los directos. Liderada por la magnética cantante Koko-Jean Davis, la banda ofreció un directo incendiario. Con un vestido brillante a rayas y una energía salvaje, Koko-Jean demostró por qué es una de las frontwomen más potentes de la escena actual, fundiendo el soul clásico con el descaro del rock and roll. Nació en Mozambique, aunque pasó parte de su vida en Brasil y Estados Unidos antes de establecerse definitivamente en Barcelona.
Memphis Music Hall of Fame Band: Bajo la batuta de Kurt Clayton, la banda residente del festival volvió a demostrar una precisión milimétrica. Son el motor de este festival, la espina dorsal perfecta para que las grandes voces internacionales se eleven sin red.
El poderío femenino de Shunta Mosby, Dani McGhee, Candy Fox y Dot. Moore: Las texturas vocales que se sucedieron sobre el escenario fueron sobrecogedoras. Desde desgarradores lamentos de blues hasta la luminosidad del gospel y el funk, estas mujeres se adueñaron del micrófono de forma soberbia, dejando claro que el soul es, ante todo, una expresión visceral de resistencia y sentimiento.
Bigg Robb: El clímax absoluto de la noche en cuanto a espectáculo y conexión popular. Ataviado con una espectacular e inolvidable chaqueta de espejos reflectantes, sombrero fedora blanco y gafas de sol, el showman estadounidense derrochó carisma de la vieja escuela, con unos andares parsimoniosos en el escenario. Su Southern Soul – género musical afroamericano nacido en el sur de Estados Unidos que fusiona R&B clásico, blues, góspel y country- juguetón, bailable y cargado de funk puso a todo el gentío playero a bailar bajo el cielo estrellado de San Agustín, rompiendo cualquier barrera entre el escenario y la arena.
El Soul como canción desgarrada de liberación.
Más allá de lo estrictamente musical, lo vivido este viernes ha sido un verdadero espectáculo de comunión colectiva. Miles de personas —familias, jóvenes, residentes y visitantes— compartieron de forma pacífica y entusiasta el espacio común de la playa.
El soul nace de las entrañas de la lucha, del dolor y de la búsqueda irrenunciable de libertad de la clase trabajadora afroamericana. Traer esa esencia a las orillas de nuestra isla y mantenerla accesible para todo el mundo es un acto de democratización cultural encomiable. San Agustín ha vuelto a latir con alma propia. La X Edición ya es una realidad, y hasta el domingo 19 de julio la música negra seguirá conquistando su espacio legítimo bajo el sol —y la luna— de Gran Canaria.

