Por: Inma Évora
Ayer participé en La Retranca, programa de Televisión Canaria, en un cara a cara sobre ocupación con Roberto Cristian Pérez Aguilar, gerente de EZ Property Solutions.
Acudí voluntariamente para hablar de vivienda, emergencia habitacional y de una realidad que conozco desde hace más de quince años desde la acción social y la defensa del derecho a la vivienda.
El trato de la producción y la dirección fue correcto. Sin embargo, Roberto acudió acompañado de otros cinco hombres de su entorno profesional. No atribuyo intenciones que no pueda demostrar, pero considero que la presencia de cinco hombres físicamente corpulentos acompañando a un interlocutor en un cara a cara con una mujer tenía una apariencia claramente intimidatoria. En ningún momento reaccioné desde el miedo.
OCUPACIÓN Y EMERGENCIA HABITACIONAL
La ocupación no puede analizarse al margen de la emergencia habitacional. Es una de las manifestaciones de un contexto marcado por la dificultad de acceso a la vivienda, la precariedad, el endeudamiento, la falta de vivienda pública y el encarecimiento del mercado.
Esto no significa que todas las ocupaciones respondan a situaciones de vulnerabilidad ni que puedan justificarse. Significa que no podemos reducir un problema complejo a propietario frente a okupa.
El llamado «careo» se convirtió, desde mi percepción, en una situación en la que resultaba difícil intervenir. Roberto elevaba el tono y hablaba de forma continuada. Cuando planteé que prefería marcharme si únicamente iba a hablar él, Mayer Trujillo, moderador del programa, intervino para pedirle que me dejara terminar.
Yo no había acudido allí para participar en un espectáculo. Había acudido para hablar de vivienda.
También pregunté cómo identificaban las situaciones de vulnerabilidad. Mi posición es clara: la vulnerabilidad social no se determina a simple vista. Se estudia, analizando las circunstancias económicas, familiares, laborales, residenciales y sociales.
Mediar no es desocupar.
MI TRAYECTORIA NO COMENZÓ EN AÑAZA
Durante el programa se afirmó que había cobrado 12.000 euros por mi intervención en Añaza y se insinuó que me había embolsado ese dinero «por detrás».
Niego rotundamente esa insinuación.
Sí presté durante cuatro meses un servicio de intermediación social para Visocan en relación con las 358 viviendas de Añaza, realizando censo, estudio socioeconómico e información y orientación sobre recursos y ayudas. Fue una actividad pública y anunciada en medios.
Fue el único trabajo remunerado que realicé en este ámbito. El resto de mi actividad durante años —atención a familias, negociación con bancos y administraciones y participación institucional— fue voluntaria y gratuita.
Mi trayectoria comenzó mucho antes. Junto a la PAH Tenerife, participé en procesos de mediación y defensa del derecho a la vivienda. En 2012, la PAH Tenerife elaboró un Protocolo Antidesahucios para el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, aprobado por unanimidad por el Pleno.
En el Consejo Insular de Vivienda del Cabildo de Tenerife coordiné las mesas de intermediación hipotecaria y de personas sin hogar, y trabajé en protocolos de intervención de la Administración ante situaciones de desahucio. De este trabajo surgió también el proyecto Base 25, cuyo desarrollo posterior fue ejecutado por Cáritas. Mi discrepancia con los criterios de atención a las personas más vulnerables terminó en un despido que fue declarado improcedente, con la correspondiente indemnización.
También participé en propuestas relacionadas con la legislación canaria de vivienda y en procesos de coordinación institucional. La PAH Tenerife impulsó asimismo la creación del Observatorio Municipal de la Vivienda de Santa Cruz.
Los protocolos que hoy utiliza la Administración para prevenir e intervenir ante los desahucios tienen detrás años de trabajo y propuestas de los movimientos sociales y, en Canarias, de la PAH Tenerife.
LO OCURRIDO DESPUÉS
Tras el careo, Roberto se acercó a mí y hablamos en un tono más tranquilo. Posteriormente, fuera del plató, me vi abordada por él y por los cinco hombres que le acompañaban.
No atribuyo intenciones que no pueda demostrar, pero me encontré rodeada por seis personas cuando yo ya no quería continuar aquella conversación. Uno de ellos hizo referencia a mi pelo y a mi aspecto físico de una manera que percibí como despectiva.
No tengo miedo y no reaccioné desde el miedo. Pero tampoco voy a normalizar una dinámica que considero innecesaria.
La ocupación existe. También existen propietarios afectados, familias vulnerables, vivienda pública, grandes tenedores, fondos, pequeños propietarios, alquileres imposibles, salarios insuficientes, endeudamiento, desahucios y falta de vivienda asequible.
Todo forma parte de una misma realidad.
Si queremos hablar de ocupación, tenemos que hablar también de emergencia habitacional. Y si queremos hablar de vivienda, tenemos que hablar de precios, acceso, precariedad, financiación, pobreza y sus consecuencias sobre las personas y las familias.
HABLEMOS DE VERDAD.
Sin miedo. Sin espectáculo. Con datos, con memoria y con experiencia

