
ENTREVISTA A ANTONIO CABRERA DE LEON
Conversar con Antonio Cabrera de León siempre es interesante, como persona culta, cinéfilo o viajero impenitente… Pero hoy lo hacemos por ser una voz imprescindible a la que escuchar y de la que aprender en estos momentos de crisis sanitaria. Es catedrático de medicina preventiva y salud pública por la ULL donde ejerce como profesor desde hace 23 años. Médico de familia e investigador en epidemiología, es desde 1992 el responsable de la unidad de investigación de atención primaria de Tenerife. Entre otros muchos aspectos, es autor de numerosos proyectos de investigación a nivel nacional e internacional, artículos científicos, más de un centenar de comunicaciones y conferencias en congresos, director de 36 tesis doctorales y ganador de 20 premios de investigación.
Pero también es interesante destacar su perspectiva como gestor público. Fue Director General de Salud Pública del Gobierno de Canarias (1999-00), Director del Servicio Canario de la Salud (2000-01), Director Gerente del Hospital de San Juan de Dios de Tenerife (2006-2008) y Coordinador de investigación del Servicio Canario de la Salud para la creación del Instituto Canario de Investigación sanitaria (2012-15).
¿Qué es lo que más le ha sorprendido de esta pandemia?
Creo que, como a todos, el enorme grado de contagiosidad que ha hecho que el pico de la curva fuera muy agudo y una gran cantidad de casos graves desbordaran las posibilidades de los sistemas sanitarios
¿Como se explica que en plena era digital y de la información la mayor parte de la población prácticamente no se lava las manos o lo hace mal, a pesar de que este gesto salva vidas?
Muchas sociedades ricas han descuidado su educación cívica. Hay gran cantidad de países desarrollados en los que entrar en un baño público equivale a padecer malos olores y ver inmundicias. Estoy harto de ver que, en medio mundo, los hombres no se lavan las manos después de orinar.
¿Una buena medicina preventiva hubiera reducido las cifras de contagio?
Sin duda. Lo que ocurre es la expresión “una buena medicina preventiva” es muy amplia. Todos tendremos que aprender mucho de esta hecatombe. Hemos descapitalizado la sanidad pública durante una larga década aplicando recortes de todo tipo, pero especialmente en las plantillas de trabajadores. Y claro, como la epidemiología, la medicina preventiva y la atención primaria no son los campos de debate en torno a las famosas listas de espera, ahí se ha recortado con más saña. Llevo años explicando que si queremos saber si un sistema sanitario funciona basta con saber si tu médico de familia, urgencias aparte, te puede dar cita para mañana. Ahí es donde empieza la medicina preventiva.
Da la sensación que en sanidad se está siempre a lo urgente – como ahora – porque se ha descuidado lo importante: la prevención, la investigación…
La epidemia afecta a todos los países, pero aquellos que no habían recortado sus sistemas públicos han podido hacer más tests, han tenido más respiradores y, sobre todo, no han tenido a sus profesionales sanitarios tan desprotegidos, jugándose su salud y su vida, además de convertirse ellos mismos en uno de los principales vectores de contagio. Pero hay que ser conscientes de que esos recortes fueron las llamadas políticas de austeridad, que no sólo fueron aplicadas por algunos partidos políticos sino que asombrosamente hubo profesionales de la salud pública que las defendieron. Hoy no lo harían.
¿Son suficientes los recursos asignados en los presupuestos a la medicina preventiva y salud pública?
No.
Usted siempre ha sido defensor de la sanidad pública … ¿Qué opina de la “puerta giratoria” que ha habido históricamente en Canarias entre la sanidad pública y privada? El anterior consejero de sanidad venía y volvió a la privada …
Defiendo que entre los 30.000 trabajadores de la sanidad pública canaria hay profesionales sobradamente capacitados para dirigirla. Por tanto, mejor buscar dentro que fuera. No rechazo que alguien que trabaje en la sanidad privada ocupe la consejería de sanidad, siempre que sea una persona capacitada y venga a mejorar la sanidad pública. Pero en ese caso debe exigirse una demostración contable de cualquier relación de la sanidad pública con la empresa sanitaria de procedencia y la de destino. Ha habido una consejera y un consejero en esas circunstancias, pero desconozco si esa contabilidad se ha analizado.
¿Qué opina de la gestión de esta crisis sanitaria por parte del Gobierno de Canarias, la destitución de la anterior Consejera de Sanidad y la constitución del Comité Científico?
Dijo San Ignacio de Loyola que “en tiempos de tribulación, no hacer mudanza”. Es mala idea el cambio en la consejería en mitad de la epidemia. En Canarias no teníamos problemas más graves, ni se estaba gestionando la crisis peor que en otros sitios. Creo que detrás del cambio ha habido otros asuntos. Distinto habría sido que tras superar la epidemia se hubiera reorganizado el equipo para incorporar personas con mayor experiencia sanitaria.
Lo cierto es que el presidente había nombrado un tándem consejera-directora que no era sanitario y, de momento, lo ha cambiado por otra pareja consejero-director que tampoco lo son. Han nombrado un comité científico cuyos miembros sanitarios o investigadores tienen todo mi respeto. Pero no entiendo que ese comité no lo presida un científico, ni que no cuente con los médicos y enfermeras de la sanidad pública que están llevando el peso de la crisis, con los epidemiólogos, microbiólogos, inmunólogos, intensivistas y médicos de familia del Servicio Canario de la Salud. No sé si tienen que estar las universidades en esto. No lo rechazo, pero no es lo que veo en otros sitios. Y si se quiere que en Canarias estén las universidades, entonces no entiendo por qué sólo está una de las dos. Dicho lo cual, permítame que aplauda la recuperación de José Juan Alemán e Ignacio López para funciones directivas en la sanidad pública. Los dos son profesionales muy cualificados.
¿No sería conveniente que los cargos políticos que dirijan la Sanidad, sean profesionales o tengan profundos conocimientos en el tema?
Sin duda. Al frente de la sanidad pública necesitamos profesionales sanitarios con experiencia en gestión. No se puede estar entregando hospitales con miles de trabajadores a personas sin experiencia. Aquí se ha vendido la idea de que la sanidad es una empresa para gestionar las listas de espera quirúrgica. Pero ni es una empresa ni son esas listas lo más importante que la sanidad hace por la gente.
¿Si invertir en investigación es invertir en futuro por qué no se hace?
Por la misma razón por la que se invierte poco en sanidad pública y poco en educación pública. Son decisiones políticas que indican la sociedad que somos. Habíamos alcanzado un nivel de inversión pública esperanzador allá por 2009, pero una década de recortes y austeridad expulsó a miles de sanitarios y de investigadores. Ahora se benefician de ellos los países europeos donde estos días salvan pacientes y aportan conocimientos.
Como gran viajero que es ¿de qué lugares deberíamos sacar algún aprendizaje en esta materia?
Sólo soy un viajero consorte. Casado con una gran viajera, me he visto arrastrado por medio mundo. Pero haya uno viajado mucho o no, los mejores países son aquellos que invierten más en los servicios públicos fundamentales (educación, sanidad, cuidados y pensiones). Esos países coinciden también con los que más invierten en investigación y suelen ser los que mejor han encarado la actual epidemia. Canadá, Suecia, Finlandia, Islandia, Alemania, Japón, Taiwan, Nueva Zelanda, etc son algunos de ellos.
¿El alcance de esta pandemia no es relativo, si tenemos en cuenta que en países del tercer mundo mueren muchas más personas por enfermedades que aquí ya hemos superado hace décadas o directamente por hambre?
Por supuesto. Es posible que finalmente esta epidemia cause menos muertes en España de las que el hambre provoca en el mundo en un solo día. Lo que ocurre es que las muertes de otros no nos preocupan como las nuestras, de la misma forma que la epidemia era una curiosidad china para verla en la tele mientras no llegó aquí.
Parece que en el hemisferio sur está siendo menos afectado por el covid-19 ¿qué razones lo explicarían?
No lo sé. Hay una infinidad de cuestiones sobre esta epidemia para las que la ciencia no tiene aún respuesta. He leído que existe la hipótesis de la latitud y la estacionalidad. Es decir, que el virus se habría extendido en los meses de invierno del hemisferio norte yendo desde las iniciales zonas más cálidas y progresando hacia zonas más frías cuando en éstas va aumentando la temperatura con la llegada de la primavera. Supuestamente luego avanzaría hacia el hemisferio Sur. Pero todo esto son meras hipótesis sin demostración.
¿No tendríamos que hablar también de la pandemia del cáncer?
Una pandemia es una epidemia que afecta a la mayoría de los países del mundo. Y una epidemia es una enfermedad que afecta a una gran parte de la población de un país. Desde ese punto de vista en los países con buen nivel de vida el cáncer es una epidemia porque su población muere a edades muy avanzadas y el cáncer llega a representar más del 30% de sus muertes. También hablamos hoy de epidemia para los enormes incrementos de la obesidad y la diabetes durante los últimos 30 años.
¿Qué opina de la degradación del medio ambiente como generadora de posibles enfermedades?
La ciencia ignora todavía muchas cosas sobre la actual epidemia de coronavirus porque apenas tiene cuatro meses. Pero sobre la degradación medioambiental que finalmente nos ha llevado al ya imparable cambio climático se tiene conocimiento científico desde hace más de medio siglo. Cualquiera puede encontrar en internet vídeos y audios de Félix Rodríguez de la Fuente avisándonos de adónde íbamos desde los años 70. Medido en mortalidad, en el mundo ya se atribuyen más de 200.000 muertes anuales al cambio climático.
Si en otros Estados han logrado abordar la pandemia con muchos mejores resultados ¿no sería lógico imitar esas claves de su gestión?
Claro. Pero no siempre se puede. Europa y Norteamérica no habían preparado sus sistemas de vigilancia epidemiológica para realizar seguimientos preventivos de los contactos con tests, confinamientos individuales y geolocalizaciones. Asia (Corea, Taiwan, Hong Kong, Singapur, etc) ha tenido varias epidemias graves en lo que va de siglo, así que ellos estaban preparados y nosotros no. Los occidentales hemos de aprender del enorme desastre en que nos hemos visto para mejorar nuestros sistemas sanitarios públicos y dotarlos de fuertes herramientas epidemiológicas.
¿Como observa el panorama político español en comparación con países como Portugal donde la oposición se muestra solidaria con el gobierno para superar esta crisis?
Todos los españoles, de cualquier ideología, que hemos visto el discurso del líder de la derecha portuguesa apoyando a su gobierno de izquierdas hemos sentido envidia. Pero es que lo mismo ha ocurrido con el líder de la oposición de izquierdas en el Reino Unido o incluso con los líderes de la oposición en EEUU, o Alemania. En Europa sólo la ultraderecha de Le Pen, Salvini o Abascal se muestran insolidarios con sus gobiernos y sus ciudadanos. El problema de España es que el PP está descolocado y adopta posturas propias de la ultraderecha. Arrimadas parece haberlo entendido mejor.
¿Qué opina de una Europa que ni en circunstancias como estas muestra solidaridad?
Hay que pelear con el cuchillo entre los dientes, negociar hasta el amanecer e insistir, insistir, insistir. Pero rechazar cualquier intento de ruptura de la Unión Europea, que sería el caldo de cultivo para el rebrote definitivo del fascismo y la guerra. Hay que apelar al sentido de humanidad y de europeísmo, a los grandes sentimientos y pensamientos paneuropeos.
Países como España e Italia no pueden volver a pasar por la miseria de la austeridad. En última instancia, lo que corre peligro es el euro más que la Unión Europea. Todos vemos que el Reino Unido puede tirar de su Banco Central para afrontar la crisis. Así que la moneda europea no puede ser convertida en un cepo controlado por el Norte para usarlo contra los países del Sur. A pesar de lo difícil que pueda parecer confío en que se acaben encontrando fórmulas aceptables para todos.
Como experto ¿Cuáles son las recomendaciones que daría a la población?
La más importante: cumplan fielmente lo que diga cada día la autoridad sanitaria. Bajo el estado de alarma en el que nos encontramos, esa autoridad la tiene el ministerio de sanidad, que nos informa diariamente. Estamos viendo morir a nuestros mayores, pero también a nuestros médicos y enfermeras, hemos visto enfermar y fallecer a personas conocidas y a una mayoría anónima. Hagámoslo por nosotros, y por ellos. Por todos. Esto no ha acabado. Está empezando a estar bajo control, pero cada día que pasa se nos va a hacer más duro estar confinados. Y sin embargo ése es el camino. Nada podría ser peor que desesperarnos, incumplir el confinamiento y tener que empezar de nuevo porque rebrote la epidemia.
Por tanto, hagan caso de las recomendaciones del ministro, del Dr. Fernando Simón o de la Dra. María José Sierra. El lavado de manos, el uso de mascarillas según se vaya recomendando, el acudir al trabajo quienes sean autorizados y no ir quienes no lo sean. Ése es el camino.
En el ámbito de Canarias, las explicaciones que den las autoridades regionales deben ser igualmente seguidas sin titubeos. Quien discrepe, que espere a que acabe esta lucha.
¿Y a las autoridades les recomendaría algo?
No diré que sean recomendaciones, pero sí doy mi opinión: si de verdad vamos a intentar mejorar la sanidad pública, en términos de plantilla de trabajadores debe empezarse inmediatamente por la atención primaria, que es la base del sistema. Me explico, los profesionales del hospital atenderán siempre los casos más graves. Todos los sanitarios son igual de valiosos trabajen donde trabajen y todos arriesgan su vida demostrando unos valores y compromiso que la población había olvidado. Pero una atención primaria bien reforzada en sus plantillas sería la mejor arma para controlar el fin del confinamiento y evitar que los nuevos casos que surgirán prolonguen la epidemia. Sólo una atención primaria bien dotada de profesionales nos permitiría seguir una política diferente, con seguimiento activo de casos y contactos para controlar el posible próximo brote que nos puede llegar en otoño.
¿Qué enseñanza deberíamos sacar como sociedad tras este episodio?
Cada uno verá según su cultura, su ideología y sus circunstancias. A mí, sin ninguna duda, me gustaría que todos aprendiéramos que necesitamos sistemas públicos fuertes. La sanidad pública está dando su salud y su vida para salvar la de todos. Esto no son meras palabras: los médicos, enfermeras y auxiliares se están jugando la vida. Deberíamos aprender que tiene que estar bien financiada, y eso sólo es posible con impuestos progresivos para que paguen más quienes ganen más.
¿Cómo será el mundo después de esta crisis?
No tengo ni idea. Ni creo que la tenga nadie. Tengo el convencimiento de que los dueños de los grandes capitales del mundo están trabajando para volver al “business as usual”, que fue lo que hicieron en 2008. Lo que sí sé es que en el corto plazo, España, Europa y medio mundo van a tener millones de trabajadores y empresas arruinados. No importa si son asalariados, autónomos, pequeñas o grandes empresas. Sólo una gran acción solidaria internacional podría evitar una crisis duradera ¿Se va a lograr? No lo sé. En la historia reciente, bajo el dominio del ultraliberalismo, no hay razones para el optimismo. Pero si miramos más lejos, tras la segunda guerra mundial hubo grandes acuerdos que construyeron un mundo mejor. Veremos.
En medio de esta crisis y ante la falta de material ¿Ve los impuestos especiales o nacionalizaciones para poder afrontar la compra de todo el material necesario y que no veamos como personal sanitario ha tenido que elegir entre dos personas a cuál salvar?
Veo apropiada cualquier fórmula que sea legal y justa. En términos de legalidad, ahora resulta que quienes han estado autodenominándose constitucionalistas, han dejado de nombrar la constitución en cuanto alguien ha mencionado que el artículo 128 de la misma pone toda la riqueza del país al servicio del bien común. Enseguida han sacado a Felipe González, o se ha sacado él solo, a matizar esto. Pero no pueden negar lo que está escrito negro sobre blanco y ésa es la legalidad.
En términos de justicia, intentemos encontrar fórmulas que no carguen la nueva crisis sobre los trabajadores. Sin impuestos progresivos no hay justicia. Recordemos que, en EEUU, antes de Reagan la imposición llegó a ser superior al 80% a partir de cierto nivel de ganancias. Por caber cabe hasta la condonación de deudas. Lo que no puede ser es que quienes en Canarias se han forrado durante la última década, reduciendo los salarios al 60% mientras el turismo aumentaba en un 100%, se vayan ahora de rositas. Hemos visto dirigentes patronales defendiendo trabajar más por menos salario, los hemos visto defender la esclavitud porque alguno llegó a decir que se podía trabajar a cambio de comida, y los hemos oído recientemente decir que el que se deja explotar es porque quiere. Mejor será que olviden tan tremenda insolidaridad y cambien de planteamiento. Trabajemos, alcancemos acuerdos y hagamos país.
