
Se trataba del primer recinto y del primer certamen ferial, en el sentido moderno del término, de toda Canarias. Desde su primera edición, la Feria del Atlántico fue un acontecimiento social y económico. El ministro de Comercio, García Moncó, asistió a la inauguración y comentó que era el espacio ideal para acercar los productos de la industria española al continente africano. Que el puerto grancanario, el más cercano a África sería el gran centro reexpedidor de mercancías africanas hacia Europa. El entonces delegado de Comercio en Las Palmas, Pedro León García de la Barga, le había vendido muy bien la idea. La imagen de la isla como puente con África se proyectó en los periódicos, emisoras de radio, en televisión y hasta en el Nodo que ponían en los cines.
La sociedad y la economía han cambiado mucho en estas cinco décadas. También la forma de celebrar las ferias y las exposiciones internacionales. Pero queremos recuperar esa filosofía inicial, esa visión de nuestra isla ubicada donde está, en el Atlántico, junto al continente africano y mirando también a Latinoamérica. Más allá de internet y las nuevas tecnologías, propuestas como las de nuestra Feria hacen posible la relación de las personas y de las empresas, el trato directo, el acercar posiciones cara a cara para poner en contacto la oferta y la demanda.
