Por: Joaquín Hernández
CUADERNO DE BITÁCORA
La democracia, para algunos, es como un barco con los remos de cristal. Es reversible y costosa de mantener. A diferencia de una dictadura o una tecnocracia autoritaria, requiere participación continua, educación cívica y tolerancia a la crítica. Si la ciudadanía se desengancha o prefiere “soluciones fuertes”, los remos se debilitan. Las crisis (económicas, migratorias, de seguridad o informativas) ponen a prueba esa fragilidad costosa de mantener. A diferencia de una dictadura o una tecnocracia autoritaria, requiere participación continua, educación cívica y tolerancia a la crítica. Si la ciudadanía se desengancha o prefiere “soluciones fuertes”, los remos se debilitan. Las crisis (económicas, migratorias, de seguridad o informativas) ponen a prueba esa fragilidad.
Los “remos de cristal” existen: Constitución, independencia judicial, neutralidad de las fuerzas de seguridad, límites al poder ejecutivo. Son transparentes y frágiles precisamente porque deben serlo para no convertirse en instrumentos de opresión. Romperlos es relativamente fácil; reconstruirlos es lento y doloroso.
No es inherentemente débil frente a alternativas.
Las democracias liberales han demostrado mayor capacidad de adaptación, corrección de errores y prosperidad a largo plazo que la mayoría de los sistemas autoritarios. Pueden absorber crisis, cambiar de gobierno sin violencia y generar legitimidad a través del consentimiento. Los “remos de cristal” permiten remar en direcciones distintas según la voluntad popular; un sistema de remos de hierro suele remar siempre hacia el mismo sitio (el del que manda).
Tiene mecanismos de auto reparación. Elecciones periódicas, checks and balances, sociedad civil, prensa y oposición institucional actúan como refuerzos. Cuando funcionan, convierten la aparente fragilidad en resiliencia. Muchas democracias han sobrevivido guerras, pandemias, crisis económicas y tentativas de erosión interna precisamente porque no son monolíticas. Quienes destacan su fortaleza subrayan que es “el menos malo de los sistemas conocidos”, que ha expandido derechos y prosperidad, y que sus crisis suelen ser preferibles a las de regímenes cerrados, donde los errores no se corrigen con urnas sino con purgas o colapsos.
Que no te vendan simulacros… vota democracia siempre.

