Por: Arturo Borges Álamo (Miembro del Comité Nacional del Partido Comunista de Canarias PCC)
El “No a la Guerra” debe comprender la retirada del apoyo a Zelenski y la promoción de un acuerdo de paz con la Federación Rusa en clara contradicción con la OTAN, haciéndose absolutamente necesaria para ello la salida de tal estructura militar.
Pedro Sánchez, cuyo papel instigador del rearme europeo en el marco de la OTAN y con vistas a potenciar a la Ucrania fascista contra la Federación Rusa es innegable, se ha descolgado con una proclama de “No a la guerra” en Oriente Medio que pretende, contando con las personas de buena voluntad, pero con poca memoria, ponerse a salvo de la quema que Estados Unidos e Israel han organizado.
Ser mínimamente creíble lo tiene a su alcance, podría empezar por no renovar el Convenio hispano-estadounidense que hace posible la presencia de las bases militares norteamericanas en el Estado español y que se revalida cada año en el mes de mayo y así mismo romper la relaciones, políticas, económicas y militares, con Israel. Con esas medidas inmediatas podríamos pensar que el Gobierno español pudiera estar emprendiendo un camino de rectificación seria en su trayectoria.
El gobierno español, en lo que llevamos transcurrido del año 2026 ha persistido en su política de rearme y compromiso con el gasto militar, autorizando en 6 de los diez consejos de ministros celebrados hasta la fecha 3.703,85 millones de euros de gasto militar, frente a los 2.062,91 millones de 2025 y los 777,29 millones aprobados en 2024. Se trata de un gasto a sumar al que los presupuestos prorrogados desde hace años contemplan. En ese gasto es muy relevante el envío, que no para de incrementarse, de muchos millones a Zelenski con un nuevo capítulo, de 1.000 millones, en la visita de este a Madrid el pasado día 18 de marzo.
Mil millones para perpetuar la masacre de generaciones de la población ucraniana en una guerra inútil contra la potencia militar rusa. Esta guerra fue provocada por el imperialismo occidental apoyándose en sectores ultranacionalistas y reaccionarios ucranianos. Fruto de la injerencia imperialista fue el golpe de estado que, con importante protagonismo de los fascistas ucranianos, depuso en 2014 al presidente del país, Víktor Yanukovich, que era contrario a la incorporación de Ucrania a la OTAN, ambicionada por EEUU y sus peones locales. Los nuevos poderes de Kiev multiplicaron la violencia contra las poblaciones de las regiones orientales (Dombás), muy mayoritariamente rusófonas, en una guerra que, según la ONU, causó 14.000 víctimas mortales. El boicot de Occidente a los intentos de arreglo negociado es un hecho reconocido por importantes mandatarios occidentales. Contrariamente a las promesas con las que accedió al gobierno de Kiev, en 2019, con Volodomir Zelenski se aceleraron los pasos para incorporar a Ucrania a la Alianza Atlántica. La insistencia de la Federación Rusa para conseguir un acuerdo diplomático fue sistemáticamente despreciada por EEUU y sus aliados.
La amenaza de la OTAN, empujó a la potencia rusa a realizar una operación militar con la finalidad de proteger a la población del Dombás y de enfrentarse al desafío que representaba el brazo armado del imperialismo occidental actuando en sus mismas fronteras. Es evidente que la responsabilidad de la tragedia que se desarrolla en Ucrania, con enormes cifras de bajas y con la quiebra institucional y económica del país, recae sobre el belicismo occidental y el hoy ilegítimo y probadamente corrupto gobierno de Zelenski. Todo ello se hubiera evitado de haberse aceptado el resultado de las negociaciones de Estambul I en marzo de 2022, abortadas por orden imperial que trasladó el entonces primer ministro británico, Boris Johnson.
De nuevo, hay que exigir, a la representación parlamentaria que sostiene al ejecutivo de coalición que no mire hacia otro lado consintiendo con su silencio la nueva aportación económica de nuestro país en armamento a Ucrania, y en particular a la representación del PCE, un rotundo rechazo a la actitud del PSOE siempre al servicio del capital siendo su prioridad la de alimentar el rearme y el gasto militar.
Por tanto, con el “No a la Guerra” de por medio, evidentemente son necesarias otras medidas de rectificación en cuanto al señalado rearme y la orientación belicista en el escenario europeo y de Ucrania concretamente. El “No a la Guerra” debe comprender la retirada del apoyo a Zelenski y la promoción de un acuerdo de paz con la Federación Rusa en clara contradicción con la OTAN, haciéndose absolutamente necesaria para ello la salida de tal estructura militar.
También se debe poner en cuestión el negocio armamentístico y la reafirmación militarista al servicio de los intereses del capitalismo global. Prueba de ello son las misiones militares que el Gobierno español ha venido impulsando en 19 escenarios (más de 100 desde tiempos de Felipe González) de la mano de la OTAN y el colonialismo de la UE, bajo la defensa del principio de “frontera militar de seguridad avanzada” fijada en el Sahel, según las doctrinas de seguridad del ejército que se acompañan de la reafirmación militarista en el seno de la sociedad española. Habría que añadir a las citadas misiones el envío de una fragata a Chipre en el contexto de la guerra de EEUU e Israel contra Irán. Ese marco refuerza la absoluta necesidad de la salida del brazo armado del imperialismo que es la OTAN.
Por todo ello, debemos movilizarnos para presionar al Gobierno español, de modo que su Presidente no confunda y manipule, con su habitual doble lenguaje, una lucha en la que hace cuatro décadas otro máximo dirigente del PSOE engañó en un referéndum tramposo a muchos millones de votantes de entonces (9.054.509) que apostaron por una permanencia en la OTAN con tres condiciones (la salida de tropas de Estados Unidos, la no integración en la estructura militar y la prohibición del tránsito y almacenamiento de armamento nuclear) que no se respetaron y a pesar de tener, a su vez, a muchos millones también (6.872.421) en contra de dicha permanencia. ¡Todo un ejemplo de democracia!
La maniobra de Pedro Sánchez y el PSOE tiene claras intenciones pre-electorales. Efectivamente, “No a la Guerra” pero no a secas, que no vuelvan a engañar, la iniciativa debe ser de las plataformas y colectivos que luchan contra el imperialismo y sus bases militares, contra el sionismo, contra la OTAN, contra el rearme y los presupuestos de guerra, señaladamente en Canarias por el reivindicado Estatuto de Neutralidad, desbordando tal maniobra oportunista. ¡Nos veremos en las calles!

