En una entrevista en Radio San Borondón, el doctor Raji Mohrez, palestino radicado en Fuerteventura, recuerda que, a pesar del mal llamado alto el fuego, en Palestina se siguen matando seres humanos de todas las edades, incluidos bebés. Y añade que lo más preocupante y doloroso de esta realidad es la indiferencia del mundo.
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Para Raji, el mayor éxito de Occidente es haber hecho creer al mundo que la cuestión de Palestina es un tema de religiones y no un proyecto colonial.
El doctor Mohrez afirma que en Gaza no queda nada, la gente intenta sobrevivir bajo los escombros o en alguna tienda de campaña que además, con los últimos temporales, salen volando por los vendavales que han estado azotando esta parte del Mediterráneo.
Y subraya que no solo se ha matado con bombas, sino de hambre y sed, porque no dejan entrar agua y han envenenado los pozos. Además la gente muere por simples infecciones y aquellos que necesitan tratamientos médicos o quirúrgicos mueren porque Israel no permite dispensarlos.
Israel experimenta con los palestinos hasta cuánto puede sobrevivir una persona enferma, herida o sin agua
«Palestina hoy es un laboratorio macabro». Así lo afirma Raji, que lamenta que no se divulgue más y no se actúe en contra de esta realidad. “No solo se prueban bombas y armas, que luego llevan a las ferias con la etiqueta de ‘testado’, se experimenta con seres humanos y se comprueba hasta donde puede sobrevivir una persona sin agua, sin alimentación, sin medicinas, cuánto puede durar con una herida sin tratamiento, cuando llega la infección hasta que le hacen la amputación -sin anestesia”, expone.
El doctor palestino denuncia que Israel tiene el descaro de seguir matando diariamente niños y adultos, y decir que fue en respuesta a un ataque de Hamás que hirió a un soldado, cuando es un hecho constatable que ni tienen armas, ni tienen nada donde caerse muertos… “Lamento que, a pesar de esto, aún los medios sigan repitiendo este mantra que es una absoluta mentira”.
Israel practica la necro-violencia con los palestinos
Raji Mohrez hace un relato detallado, en base a testimonios, a informes de ONGS e investigaciones publicadas, de lo que se define como necro-violencia, la violencia y la tortura no solo en vida sino aún después de muertos, sobre el cadáver y sus familias. Asevera que Israel convierte el cadáver de un palestino en un objeto a administrar, y el martirio se inserta en una red de prácticas donde la dignidad humana está subordinada a lo que decida Israel, de tal manera que controla el horario y las formas del funeral, decide si permiten o no el entierro, detienen prolongadamente los cadáveres lo cual imposibilita la autopsia, depositan los cadáveres con números y códigos en cementerios donde sus familiares no podrán identificarlos, y la devolución de los cuerpos dependerá del comportamiento de los suyos.
“El cadáver del palestino -afirma- es el único espacio donde la ocupación israelí no puede ser enfrentada por quien la sufre, y está expuesto al abuso y la manipulación”. En este sentido indica que en Israel no existe separación entre autoridad militar y sanitaria, de tal forma que cuando el estado que mata es el mismo que controla la cadena de custodia del cadáver, es imposible para los familiares obtener un examen forense, no hay transparencia y deben creerse la información que se les suministra.
El mundo mira hacia otro lado
Raji Mohrez lamenta que hoy se hable mucho menos de Palestina, porque se considera que el error llegó a su fin, pero precisamente es cuando más conviene insistir que los palestinos siguen muriendo, que siguen sus cuerpos amontonados con códigos y números, con sus órganos vaciados y ultrajados, sin ser devueltos a sus familiares y sobre todo atrapados en un régimen que administra la muerte con la misma precisión con la que niega la vida. “¿Y qué hace mientras tanto el mundo civilizado? Mirar a otro lado”, concluye.
Acusa a los gobiernos y en general al mundo occidental de racionalizar estos hechos macabros y seguir su vida. Un mundo que, asegura, al mismo tiempo que habla de justicia y derechos humanos es responsable de permitir el sufrimiento más refinado y cruel que ha pisado la tierra “porque ningún animal despelleja a los suyos con tal saña”.
Como médico, la única explicación que tiene sobre lo que hace Israel – y apoyan sus patrocinadores- es el sadismo.

