Por: Antonio Aguado Suárez
Según se viene comprobando la unidad de la izquierda, debido a las divergencias entre Sumar y Unidas Podemos (sus dirigentes), son prácticamente irreconciliables, con lo que eso significa de menoscabo para hacerle frente conjuntamente al ascenso cada vez más del fascismo practicado por Vox.
Esto se complica mucho más, viendo el devenir y los comportamientos de los partidos nacionalistas periféricos de cara a las próximas confrontaciones electorales, tendremos que llegar a la conclusión de que, con argumentos pocos convincentes (PNV, Bildu, Más Madrid, ERC, Comuns, Junts, Adelante Andalucía,
Compromis y BNG) con gran arraigo en sus respectivos territorios no están por la labor.
Suelen dar el argumento baladí, de que están arraigados y son fuertes en sus correspondientes ámbitos y según ellos, desde estos es la mejor fórmula para hacerle frente al fascismo representado por Vox, cada vez más arraigado, en muchos segmentos de la población, entre otros el joven, en el que ya de éstos tienen la
simpatía del 25% entre los del segmento de edad comprendido entre los 18 y 24 años. Si se incrementara 10 años más, la referida simpatía se incrementaría considerablemente.
Sin la participación de los referidos nacionalismos periféricos, se hace muy difícil o completamente inviable, hacerle frente con un mínimo de garantías al fascismo de Vox. Aunque argumentan su arraigo y defensa territorial, pero más que eso en sus dirigentes pesa mucho más los intereses personales.
Las organizaciones políticas de izquierda (sus dirigentes), tiene una gran asignatura pendiente que, de llevarla a efecto, con toda seguridad concitaría total apoyo en la ciudadanía, harta de ver que, la política, no es vocacional y haciéndolo bien, por un tiempo limitado de dos mandatos (cargos orgánicos) o legislaturas (cargos institucionales). Sin embargo, se ha convertido en un medio de vida. Comprensible en los políticos de derecha, pero no tendría que ser así en los de izquierda.
Sería el colmo que por intereses partidistas y peor aún personales, no se produzca el tan deseado acuerdo entre las organizaciones nacionalistas, independentistas y de izquierda, para impedir que el fascismo de Vox llegue al gobierno y pueda llevar a cabo todo lo que viene amenazando, como entre otras medidas precisamente perseguir y no tolerar la acción política hasta llegar a su disolución, de los partidos políticos nacionalistas. Significará que éstos, por no actuar a su debido tiempo, se habrían “tirado piedras sobre su propio tejado” y cuando pretendan rectificar, posiblemente sería demasiado tarde.
Con Vox en el gobierno, igualmente peligra el Estado de las Autonomías, la regularización de los migrantes, los derechos al aborto, la eutanasia y al matrimonio de personas del mismo sexo, la defensa del feminismo y el combate contra el cambio climático, erosionaran los servicios públicos: educación, sanidad y dependencia, menoscabaran las pensiones y el SMI (Salario Mínimo Interprofesional) y un largo etc.
La mejor fórmula para contrarrestar el fascismo de Vox, es mediante la integración (solo para las elecciones generales, que son las que marcan el rumbo desde el Parlamento del conjunto del país), de los partidos nacionalistas, independentistas y de izquierda en un FRENTE ÁMPLIO, Esta es la única y mejor garantía para, que el fascista Vox no se salga con la suya.
En caso de que sigan boicoteando esta posibilidad, no quedará otro remedio y como mal menor, habría que volver a replantear la formula del bipartidismo. Esta referida fórmula en su momento la cuestionó y luchó contra ella Podemos y parecía que iba a conseguir su eliminación. Al respecto, incluso acuñó la célebre frase
:”hemos venido para asaltar los cielos”, e igualmente denunciaban a la casta (políticos profesionales). Todo sonaba muy bien y tuvo un gran impacto, en amplias capas de la población, fundamentalmente por su inconformismo entre los jóvenes Eso le posibilito a Podemos llegar a su momento álgido en las elecciones generales del 2015, cuando obtuvo 69 diputados. Pero con el tiempo y debido a las disputas internas entre sus dirigentes, muchos de ellos los propios fundadores y por no vertebrar un espacio político, alegado de la confusión, homogéneo y sin fisuras, poco a poco le fue pasando factura, hasta llegar a la actual irrelevancia con tan sólo 4 diputados encuadrados en el Grupo Mixto.
De diferente forma y objetivos y con un lenguaje populista y agresivo que suele sembrar preocupantemente odio. Vox igualmente se ha venido dirigiendo a los jóvenes, que por sentirse desasistidos, frustrados e indignados, se consideran antisistema, como lo fueron anteriormente con Podemos, pero como se ha
comprobado gran parte de ellos, se han cambiado de bando y han elegido a Vox.

