Por Armando Marcos
Aunque la noche es misteriosa, mágica y bella como el resplandor de la Luna, siempre espero que pronto amanezca.
Despertarme y ver las primeras luces del Sol de cada mañana, me hace sentirme vivo sin olvidarme de mi familia ni de mis amigos y amigas a los que nunca olvidaré. Porque, quien te olvida y te desprecia con el olvido, nunca te quiso.
Cuando el tiempo nos alcanza, el desafío de los años nos descubre y nos sentencia. Pero no debemos lamentar ni siquiera temer a la muerte que será nuestra compañera en nuestra última travesía.
Ante los golpes que nos da la vida o las tristes decepciones de cuando somos olvidados por quienes tanto ayudamos sin pedirles nada a cambio, uno siente un vacío en el alma.
Quienes nos olvidan están llenos de cólera y viven en el horror de sus sombras.
A veces, el abandono más cruel es el que ocurre en el mayor silencio, cuando te olvidan sin que tu lo sepas.
Es un abandono doloroso donde la persona es ignorada o dejada de lado porque ya no es importante y ha perdido sus influencias. El olvido es más mezquino e inmoral cuando al periodista le ha llegado la hora de su jubilación y ya no sales presentando un Telediario en televisión. Entonces, nadie te llama. Ya no vales nada. Solo les interesa trepar para servirse del poder político, del poder económico y del poder mediático para controlar los medios informativos, prensa, radio o televisión. Por eso nos abandonan sin piedad como si fuéramos un perro.
Es un tipo de abandono donde la persona no se da cuenta de que ya no es parte de la vida de la otra persona o de otras personas cuya despiadada actitud se manifiesta en la falta de comunicación, la ausencia de atención o la indiferencia.Esta triste y lacerante forma de olvido causa un gran daño emocional.
El mismo daño emocional se sufre ante las traiciones de los falsos amigos, de los amoríos engañosos, de los abrazos y besos fingidos, de las mentiras, de los egos y las envidias, de los amores perdidos y frustrados en el silencio de la soledad. Una soledad donde descubres que te estás muriendo de tristeza ante las noches huérfanas, desnudo y solo, envuelto entre unas sábanas frías y desnudas de pasión. Ese dolor tan desgarrador te hace reflexionar y pedir perdón por los defectos, los errores y fracasos del pasado.
Frente a las inmensas olas que suben y bajan nublando y oscureciendo la ruta de nuestro futuro destino, no sabremos cuál será la sentencia y el juicio final por nuestros actos acertados o equivocados en esta vida. Incluyo también a quienes nos olvidaron utilizando vilmente la crítica constante, la envidia, la manipulación o la falta de respeto que, sin duda, son señales de alerta de una amistad falsa que puede llevar al olvido.
El que nos olvida pone en tela de juicio su propia humanidad.
Las amistades falsas tienden a desmoronarse, se desvanecen y se olvidan. Nunca llegarán a un buen puerto y se hundirán en medio del océano.
Pase lo que pase, quienes no tenemos miedo de esperar el día y la hora para iniciar nuestra última travesía, seguimos navegando con el corazón latiendo y nuestra cabeza levantada y firme.
Cuando lleguemos a nuestro último puerto, y si los dioses nos reciben, nos encontrarán sin temores y sin miedos para recorrer juntos los caminos de la concordia y abrazar el horizonte de nuestro Nuevo Mundo.

