Intervención del analista político y abogado José Manuel Rivero en radio San Borondón este jueves, con motivo de la celebración del centenario de Fidel Castro.
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«Hoy es 13 de agosto de 2026. Hoy Fidel Castro cumpliría cien años. Un siglo exacto de su natalicio. Pero no estamos aquí para hacer un ejercicio de nostalgia, ni para izar un retrato al pasado y quedarnos mirándolo. Estamos aquí con las herramientas en la mano, con la conciencia bien despierta, porque la lucha no ha terminado, ni mucho menos. Y si algo nos enseñó Fidel es que la revolución no es un acto, es un proceso; no es un destino, es un camino que se hace cada día.
Para transformar el mundo, la historia nos ha legado herramientas fundamentales. Fidel leyó y estudió, además de a José Martí, el Manifiesto comunista de Marx y Engels y entendió la primera verdad incómoda: que la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. Y eso no es teoría abstracta: aquí, en Canarias, lo vivimos cada día. Cuando una familia es desahuciada para convertir su barrio en vivienda vacacional, cuando un joven no puede emanciparse porque el alquiler devora su salario, o cuando nuestra tierra se convierte en un parque temático mientras importamos el 90% de lo que comemos, eso no es un fallo del sistema, es su esencia. Fidel lo sabía porque en Cuba lo vivió en carne propia: el imperialismo norteamericano convirtió la isla en un burdel y en un cortijo azucarero para sus empresas. La lucha de Canarias contra la turistificación, contra la gentrificación y la de Cuba contra el bloqueo son la misma lucha: la de los pueblos que se niegan a ser mercancía.
Después, se empapó de El Capital. Y con Marx en la mochila, desmontó la gran mentira del sistema. Detrás de cada desahucio en Canarias, detrás de cada espacio natural arrebatado para un complejo hotelero o de apartamentos, se esconde el mismo mecanismo que denunció Carlos Marx: el expolio del trabajo ajeno y la conversión de la vida en negocio. ¿Y qué hizo Cuba? Poner la tierra en manos de quien la trabaja, acabar con los desahucios, la salud en manos del pueblo y la educación al servicio de la inteligencia colectiva. Eso no es utopía: es la realidad que nosotros reclamamos para nuestras islas. El capitalismo no falla, funciona exactamente así, y Fidel nos enseñó a no pedirle que funcione bien, sino a construirle alternativa.
Luego viene Lenin, y con él se le pone nombre y apellidos al responsable: el imperialismo, fase superior del capitalismo. El mismo que mantiene un bloqueo criminal contra Cuba, el mismo que sostiene el genocidio en Palestina, y el mismo que hoy convierte a Canarias en un portaaviones militar. Fidel asumió la lección leninista sin matices: al imperialismo no se le suplica, se le combate con la estrategia adecuada para derrotarlo. Y aquí, en Canarias, esa derrota empieza por exigir nuestro Estatuto de Neutralidad. Cada vez que decimos «no a la militarización de Canarias” , cada vez que denunciamos el papel de nuestras islas como plataforma para la guerra en el Sahel o como retaguardia de la OTAN, estamos aplicando esa lección. No queremos ser la base avanzada de ningún imperio, queremos ser un archipiélago de paz. Ser antiimperialista en Canarias es luchar frontalmente por la neutralización de nuestro territorio.
Pero para entender este panorama hace falta una historia de verdad. No la oficial de reyes y generales, sino la historia material. Canarias no es un accidente geográfico, es un eslabón en la cadena del saqueo global. Aquí cobra plena vigencia el pensamiento de Gramsci: el imperialismo no solo domina por la fuerza bruta de sus bases militares, sino que construye hegemonía, impone su sentido común y nos hace creer que este mundo de desigualdad es el único posible. Pero Fidel, con su Batalla de Ideas, nos demostró que se puede construir otra hegemonía: la de los de abajo. Esa batalla se gana en las escuelas, en los barrios, en los medios y radios libres como esta, cuando nos organizamos en plataformas vecinales y decimos «basta» al monocultivo turístico.
En Fidel, todo esto confluye. Es Martí y es Marx, es Lenin en el Caribe y la voluntad gramsciana encarnada en un pueblo. Es la prueba viviente de que una isla pequeña, a solo 90 millas del imperio más poderoso de la historia, puede decir NO, hacer Revolución y sostenerse durante más de seis décadas frente a la guerra económica, mediática, energética y militar más feroz.
Y no olvidemos el dato que nos une profundamente: Canarias y Cuba son dos orillas del mismo Atlántico. Miles de canarios emigraron a Cuba, y de Cuba nos llegó el mambí, el son y la dignidad. Fidel no era un extraño para nosotros: se vinculó con aquellos canarios que soñaron con una tierra más justa. Hoy, cuando desde Canarias alzamos la voz contra el expolio y defendemos nuestro suelo, nuestra agua y nuestra vida, estamos defendiendo también el legado de los que cruzaron el océano para sembrar libertad y prosperidad.
Por eso hoy, mientras en La Habana se celebra el encuentro «Fidel, legado y futuro», no estamos ante actos de museo ni ceremonias de ceniza. Son trincheras activas de la Batalla de Ideas. El imperialismo hoy no solo bloquea y bombardea, también miente. Nos quiere hacer creer que no hay alternativa, pero Cuba es la alternativa: con sus vacunas, sus médicos, su solidaridad internacionalista y su dignidad intacta. Desde Canarias tenemos que decirlo alto y claro: nuestra lucha por la vivienda, por el empleo digno, por la soberanía alimentaria y por la neutralidad militar, es la misma lucha del pueblo cubano contra el bloqueo. Es la misma lucha contra el mismo enemigo, con el mismo horizonte de libertad.
Cuba resiste porque tiene razón, porque tiene historia y porque tiene el pensamiento de Fidel como herramienta de lucha. Lo subestimaron en el Moncada, en la Sierra, en Girón, en el Período Especial y lo subestiman hoy. Y han perdido, y perderán, y volverán a perder. Porque la historia no está con los poderosos, está con los pueblos que se levantan. Y nosotros, canarios y canarias, también nos levantamos. No somos una colonia de servicios, no somos un parque de atracciones, no somos un portaaviones para las guerras ajenas. Somos un pueblo que ha sabido resistir la adversidad y tender puentes, como Fidel tendió puentes con el Tercer Mundo, con África, con América Latina.
Hoy no venimos a enterrar a Fidel, venimos a alistarnos con él. Fidel no ha muerto: Fidel es una idea, y las ideas no se matan. Fidel es una conciencia que sigue disparando. Y esa conciencia está viva aquí, en cada barrio canario que se organiza, en cada cooperativa que apuesta por la agricultura ecológica y por la soberanía alimentaria, en cada joven que se niega a la resignación de no emanciparse y decide construir su futuro en esta tierra y a ser tratado y tratar a los demás como seres humanos.
Desde esta emisora canaria, Radio San Borondón desde este Atlántico que es puente -no foso- con La Habana; desde esta orilla que comparte el mismo oleaje de dignidad, decimos alto y claro:
¡Abajo el bloqueo criminal contra Cuba!
¡Viva Canarias libre y Socialista!
¡Viva el internacionalismo proletario!
¡Cuba no está sola!
¡Socialismo o Muerte!
¡Venceremos!
¡Hasta la Victoria Siempre! »

