Más de 40 personas y 12 organizaciones de Canarias apoyan el Manifiesto por la Paz, la desmilitarización y la desobediencia

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Pacifistas, antimilitaristas, activistas de la objeción e insumisión, participantes en movimientos sociales y sindicales, y personas comprometidas con la educación y la cultura de todo el Estado español han suscrito un Manifiesto en el que llaman a la sociedad a asumir una responsabilidad colectiva inaplazable: convertir el anhelo de paz en una fuerza política capaz de impugnar el orden militar que se nos impone bajo el pretexto de la Seguridad.

«Buscamos la movilización consciente contra los pilares del régimen de guerra permanente: el rearme, la militarización de la vida pública y la normalización cultural de la violencia», afirman..

En el manifiesto se plantean siete aspectos de compromiso:

  1. El auge de la militarización y la falacia de la “Paz Armada”. Vivimos un incremento alarmante de políticas de rearme —desde la OTAN y la UE hasta el Gobierno español— que presentan como “paz” una doctrina basada en la dominación y la lógica del capital.
  2. La violencia estructural del capitalismo. La guerra no es un accidente ni una excepción: es la expresión extrema de un sistema basado en la explotación laboral, la depredación ecológica, la desigualdad racial y la violencia patriarcal. El militarismo es el brazo armado de un modelo que necesita controlar territorios, poblaciones y recursos.
  3. La responsabilidad del Estado español. España no es ajena a esta deriva. Aunque se envuelva en un discurso pacifista, el gobierno consolida un gasto militar récord, sostiene bases extranjeras, participa en operaciones de injerencia y se mantiene entre los principales exportadores de armas. Así, se desvían recursos esenciales de la sanidad, la educación y la transición ecológica.
  4. Otra paz es posible. Una paz con contenido, con raíces, con horizontes: una paz obrera, basada en justicia económica, derechos sociales y lucha contra la explotación; una paz ecologista, fundada en la ecodependencia y el cuidado de la vida; una paz feminista, que desmonte el patriarcado y la violencia estructural; una paz política e insurgente, anticapitalista, estructural, cultural y noviolenta; una paz antiautoritaria y societal, una paz antimilitarista y desobediente, basada en la resistencia civil y la defensa noviolenta de la seguridad humana; una paz antiimperialista, ; una paz antirracista, anticolonial y migrante, que defienda dignidades y derechos; una paz que proteja los bienes comunes, ; y una paz cultural, que fomente prácticas colaborativas, resolución noviolenta de conflictos y educación emancipadora. Apostamos por una paz transformacional que sustituya el militarismo por la cooperación noviolenta.
  5. Hacia una estrategia de Desobediencia e Insurgencia Pacifista. Hace falta un cambio de paradigma: 1º) Pasar del “No a la guerra” reactivo a una impugnación integral del militarismo, la exigencia de abolición de los ejércitos y la conversión de la industria militar en industria civil útil; 2º) Combinar la resistencia a la guerra con la desobediencia; 3º) apostar por la desmilitarización social y política; y 4º) Impulsar una agenda de transarme.
  6. Un repertorio para la acción. Ese movimiento amplio que queremos articular actuará desplegando una resistencia social, económica, laboral, cultural y política al militarismo mediante estrategias como el boicot, la desinversión, la no colaboración, la objeción fiscal, el señalamiento ético, la insumisión, la denuncia pública, la acción noviolenta, la recuperación de espacios militarizados, el impulso de alternativas económicas y comunitarias, el apoyo a desertores y víctimas, la educación para la paz, la participación en luchas feministas, ecologistas, antirracistas y anticoloniales, y la solidaridad internacional con quienes resisten la guerra.
  7. El horizonte del Transarme. Proponemos una agenda colaborativa de transarme: un proceso de transferencia de recursos, capacidades y legitimidad desde el modelo militar hacia un modelo alternativo de seguridad humana y ecológica. No es una utopía ingenua: es una necesidad pragmática.

La defensa de la vida ya se ejerce hoy mediante prácticas de cooperación, ayuda mutua y resistencia noviolenta.

OTRA PAZ ES POSIBLE PORQUE YA EXISTE EN NUESTRAS LUCHAS COTIDIANAS.

 

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