CUADERNO DE BITÁCORA
Por: Joaquín Hernández (*)
En los años 90 del siglo pasado, en Canarias con una población de 1.5 millones de habitantes, la pobreza era algo que todos querían ignorar, el turismo no admite tristezas, el turista solo quiere sol y playa, vino y rosas. La consigna de la política, mejor dicho, de la asquerosa política era negar la existencia de unos 600.000 canarios bajo el umbral de la pobreza y más de 150.000 en pobreza severa o gran pobreza, lo que hoy dan en llamar “exclusión social” o “personas vulnerables”.
Parece que el tiempo no ha pasado y que seguimos, en el primer cuarto del siglo XXI, avergonzándonos como sociedad de tener como vecinos a un pobre, a una familia pobre que depende de las asociaciones montadas al efecto, aunque son pocos, algunos son verdaderos chiringuitos instituidos para vivir a costa de las subvenciones públicas de las que se encargan de dar cuenta los propios integrantes y fundadores, pero quiero dejar bien claro que prefiero a estos chorizos de la caridad a los otros con uniforme de parlamentario, porque por poco que hagan algo hacen por los menos favorecidos.
Como les comentaba en la década de los 90 del siglo pasado hablar de pobres en Canarias estaba mal visto, no podía ser que unas islas en constante aumento turístico, donde se invertían miles de millones de pesetas en las dos islas capitalinas, construyendo hoteles y apartamentos por doquier, se hablase de que a 10 kms de la playa del Ingles en Gran Canaria o en la de los Cristianos a Américas en Tenerife, existían chabolismo y desnutrición infantil.
En esa situación de la vida de los canarios, aquél día al aparcar mi coche en la Plaza de España de Santa Cruz de Tenerife, me sorprendió ver a Felipe, un amigo de la infancia, haciendo de “gorrilla” (nombre dado a los voluntarios aparcacoches callejeros) y pidiendo unos duros por guardar el coche de robos, me acerqué a él y cuando me vio quiso desaparecer, como si la tierra se lo quisiera tragar. Cuando le invité a tomar un café me dijo que mejor le diera el dinero para comprar algo de comer y llevarlo a casa donde estaba su mujer esperando, los niños comían en el colegio…
No le quise preguntar el motivo de su angustiosa situación, porque de lo que se trataba era de ayudar, así que montando nuevamente en mi coche le invité a subir y fui directamente al supermercado más cercano, por supuesto que llené el coche con varias bolsas de compra de todo tipo de alimentos, incluido, recuerdo, una par de botellas de vino y cervezas. Lo llevamos a su casa, que estaba embargada por el Banco Hispano y pendiente del desahucio, y le hice un cheque por un importe suficiente para que pagase la luz el agua y la compra del gas butano, Felipe llorando no sabía como agradecerme el gesto, (la noche anterior había estado recogiendo comida de los contenedores de basura cercanos a una gran superficie de alimentación que tiraba los alimentos a punto de caducar o envases defectuosos) cosa que simplifique diciéndole, “Querido amigo, hoy por ti, mañana quien sabe si tu por mi” y dándonos un fuerte abrazo quedamos en vernos en la próxima semana para hablar de solucionar entre todos su situación laboral.
Pero aquella tarde no dejaba de pensar en mi amigo y en cuantas personas como él estaban pasando las de Caín en la isla. Ya no eran la cantidad de gente que en los semáforos pedían dinero, ya no era Caritas Diocesana que, con una labor encomiable y en la soledad del anonimato, cubría las necesidades básicas de la población en miseria, porque también hablar de Caritas o de la Cruz Roja con los excedentes de alimentos de ayuda de la Unión Europea repartía entre los asilos y los albergues y comedores sociales en las islas estaba prohibido, Los medios de comunicación sabían que hablar de miseria en Canarias iba en contra del sector del turismo, por lo que su asquerosa omertá influía en empeorar la situación de la miseria humana.
Así que empecé a buscar, en el archivo de noticias de El Día, al que D. José Rodriguez me autorizo a utilizar, relativo a los excedentes de alimentos, al despilfarro de alimentos en el mundo y fue cundo descubrí la Fundacio Bancs del Alliments de Catalunya, y sin pensarlo dos veces llamé al telefono de Barcelona y me puse en contacto con su presidente D. Federico Riera y Marsá, importante empresario dueño de una de las industrias de alimentación más importantes del país y al día siguiente llegaba a Barcelona y empezaba a conocer lo que era el primer Banco de Alimentos de España y uno de los primeros de Europa.
De vuelta a la isla me dispuse a redactar las bases y objetivos del primer Banco de Alimentos de Canarias.
Un camino lleno de espinas, de cascaras de plátano, palmaditas en la espalda, pero siempre acababa la reunión con la mierda política canaria diciéndome lo mismo: ¿ usted cree, D. Joaquín que aquí existe esa pobreza que dice que existir?
Hartado de intentar que comprendieran que el asunto iba de ayudar a la gente en pobreza, como también en la lucha contra el despilfarro de alimentos aprovechando esos alimentos en buen estado que, pendientes de caducar preferentemente, las empresas de alimentación destinaban al basurero para entregarlo a instituciones benéficas para que lo hicieran llegar a los más necesitados de las islas.
El proyecto era muy ambicioso. Se trataba de poner almacenes en cada de las dos capitales de provincias y después sondear las necesidades de las islas menores para seguir instalando bancos de alimentos.
Los obstáculos no tardaron en aparecer, me asombró que la propia iglesia católica, el propio obispado incluso Caritas Diocesana se opusiera a la creación de un banco de alimentos en Canarias, sobre todo a sabiendas que parte de nuestro trabajo también iba a ser repartido en sus instalaciones en todas las islas, de esta forma logramos el apoyo de Caritas en Canarias.
Lo demás es historia, sin apenas unas instalaciones decentes, con un par de frigoríficos donados por una empresa de congelados, y poco más que nosotros, en el primer año habíamos entregado 345.000 kilos de alimentos, llegando a más de 30 instituciones de carácter benéfico, asilos, asociaciones, residencias de mayores, conventos de monjas, y a unos 3.500 particulares que semanalmente recogían alimentos perecederos en nuestras instalaciones de Príncipe Ruyman en la capital tinerfeña.
Mi intención era visitar la sede de la Federación Europea de Bancos de Alimentos en Paris, pero para eso teníamos que federar los bancos de alimentos que existían en España, y que iban proliferando en toda la geografía peninsular con mucha rapidez. Convocamos el Banc dels Aliments de Cataluña, el de Alicante y nosotros los Canarios a una reunión en Barcelona que se celebró en el bufete de abogados Cuatre Cases y redactamos el acta fundacional de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL). A partir de ese momento y con personalidades importantes apoyando la FESBAL los políticos empezaron a cambiar su actitud y aptitud respecto a los Bancos de Alimentos, excepto como siempre, en Canarias.
El problema llegó cuando en Paris, en la sede europea, plantee la necesidad de que los excedentes de alimentos de la Unión Europea fuese participe, no solo la Cruz Roja, también los bancos de alimentos. Fue el primer obstáculo insalvable, luego la historia interminable de la dominación y la entrada en los Bancos de Alimentos de España del Opus Dei, a lo que nos opusimos el banco de alicante y nosotros, así que cuando empezó la polarización decidí llegado el momento de abandonar el “barco” no sin antes haber entregado más de 12 toneladas de alimentos en las islas. Me quedo con lo mejor.
Hoy en día proliferan los bancos de alimentos, pero la pobreza continua en aumento y parece no tener fin, largas colas de personas en las puertas de estos singulares bancos, donde no todos tienen la empatía suficiente para salvaguardar la dignidad de la persona, porque, como dijo alguien, la ayuda no se da de “arriba abajo” se da de igual a igual, de cara a cara y brazos abiertos, hoy más que nunca se necesita que los políticos, muy dados al despilfarro esta vez de dinero público, se den cuenta de que el 37% (837.000 canarios y canarias) están en situación de vulnerabilidad y otros 450.000 en la puta miseria, donde los desahucios han aumentado un 34%, viviendo a costa de las pocas y ayudas de unos ayuntamientos más dados al festejo y a la fiesta carnavalera que a los más necesitados de la población. Un cabildo que piensa más en crear un circuito del motor con un costo de decenas de millones de euros, y que le preocupa más las instalaciones de un estadio de futbol que la desnutrición de los menores de 12 años y un gobierno que está más preocupado en 15.000 emigrantes que en más de un millón de canarios en el umbral de la miseria o en miseria total, no merece la pena tener nuestros votos.
La estupidez humana no tiene comparación con la gilipollez de los políticos canarios, así era y así sigue siendo agravada por las nuevas tecnologías, o sea si un político canario es pollaboba por naturaleza, con el paso de los años y la robótica de la IA, se han convertido en lo que son: unos pollabobas esféricos, por donde los mires son pollabobas.
(*) Promotor y fundador del FEBANC, Promotor y Fundador y vicepresidente 2º de la Federación Español de Bancos de Alimentos (FESBAL) premio Príncipe de España a la Concordia. Promotor y Secretario de la Plataforma de Ong´s de Voluntariado en Tenerife.




