Otro Aniversario del nefasto y sangriento 18 de Julio de 1936

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Por Emilio Díaz Miranda

 (Un retrato con puñal del Generalísimo Franco)

Acaba de pasar otro aniversario nefasto para la memoria democrática española y europea. Y es necesario recordar para evitar su repetición en estos tiempos en que las ideologías racistas ganan terreno en Alemania y otros países.

El 18 de julio de 1936 no fue una fecha elegida por los fascistas españoles, sino marcada por las potencias nazi-fascistas europeas. La 2a. República Española estaba presidida por el socialista canario Juan Negrín López, médico e investigador de renombre europeo que se había afiliado al PSOE el año 1929. Es decir, Negrín no era ningún político profesional, sino un patriota que veía la necesidad de mantener la República como garantía de los derechos de las masas trabajadoras. Por eso se afilió al socialismo y por eso era tan odiado por las derechas no-democráticas y los fascistas.

(Mussolini disparando al aire en acto propagandistico)

Los militares de carrera españoles de 1936 eran mayoritariamente de familias tradicionalmente monarquicas y derechistas. Y estaban influidos tanto por las ideologías antidemocrática y anti-republicana, sino por los contactos directos con militares portugueses, italianos y alemanes.

Negrín, todavía como Presidente republicano, en su discurso de la noche  del 1 de febrero de 1939 ya en plena retirada, tras la caída de Barcelona en Figueras a pocos kilómetros de Francia, a las 22:30 de la noche habló en la que será última sesión de las Cortes republicanas en territorio español.

La República española, vendida y traicionada por gobiernos de la imperialista Inglaterra y de la colonial Francia, se preguntaba por boca de su Presidente Negrín:

¿Por cuántos días se va a salvar de esa manera la paz de Europa? Por salvar la paz de Europa se dejó devorar a Austria. Por salvar la paz de Europa se ha dejado descuartizar a Checoslovaquia. ¡Cuántas cosas no se han hecho por salvar la paz de Europa! ¡Ah!, pero si el imperialismo totalitario sigue por ese camino, ¿es que con los sacrificios hechos por los países democráticos, cuando se trate de agresiones a ellos mismos, cuando se trate de agresiones a sus propios intereses, van a estar esos países democráticos, después de consentidos tales sacrificios, en mejores condiciones para poder defender su causa particular?

Sus palabras marcaban el inicio de una de las tragedias más profundas de la historia contemporánea de España, y de la criminal y aniquiladora Segunda Guerra Mundial por obra y gracia del imperialismo germano-italiano, pero alentada por la egoista ceguera de la aristocracias de Inglaterra y Francia.

Aquel 18 de julio la parte ultraconservadora y monarquica del ejército español se sublevó contra el gobierno legítimo de la Segunda República Española. Aquella insurrección, fracasada en sus primeros días, pero pensada como un paseo militar por sus iniciadores, abrió un proceso de violencia que desembocaría en una guerra civil de tres años. A las matanzas civiles seguiría  una larguísima dictadura franquista de casi cuatro décadas. El resultado: centenares de miles de muertos, desaparecidos, represaliados y uno de los mayores exilios políticos de España. Y el punto de partida de la Segunda Guerra Mundial .

El 18 de julio de 1936 fue más que el comienzo de una guerra, significó también la ruptura con la legitimidad y la legalidad democráticas. Y el final del breve sueño de modernización, libertad y regeneración que las clases populares y los grupos progresistas estaban poniendo en marcha. Como se vió la libertad y regeneración popular  era algo que las clases poderosas no podían soportar, ni tolerar.  

La España republicana lo puso al alcance de la mano popular y obrera, pero tanto la oligarquía financiera como la iglesia, la aristocracia, los ricos, los caciques terratenientes, boicotearon y truncaron el intento europeizador que supuso la República.

Tras siglos de opresión las masas campesinas, los aún incipientes obreros industriales, pobres, mal pagados, analfabetos, los desposeídos intentaban acelerar los cambios. En lugar de alentar un debate sereno sobre reformas, infraestructuras, industrialización, empleo, escuelas, salud, las clases sociales aristocráticas y capitalistas prefirieron la lucha armada de las ideologías y condenar todas las reformas como la de la Educación  por ser „anticatólicas“, según los testaferros.

Aquella guerra condenó a España a la pobreza durante las décadas siguientes, al aislamiento de Europa, a la autarquía, al nacionalcatolicismo, al fusilamiento o el exilio de cualquier oposición y de nuestros mejores intelectuales. La dictadura franquista enterró en fosas comunes los problemas que atenazaban el país y que, en parte y bajo otros prismas nos siguen atenazando o amenazando. La Iglesia de hoy no es la de entonces, pero en aquellos tiempos de subida del nazismo alemán y del fascismo italiano, empujaron a muchos curas a caer bajo la influencia de los poderosos, de la oligarquía financiera y la aristocracia de los terratenientes. Asi  boicotearon y truncaron el intento europeizador que supuso la República.

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