Por: Joaquín Hernández
CUADERNO DE BITÁCORA
Antes de empezar les diré que formo parte de ese importante número de españoles que no creen en que la justicia es igual para todos, desgraciadamente la historia nos demuestra todo lo contrario, la justicia es más “justa” para el poderoso que para el paria. No es nada nuevo, siempre desde los siglos de los siglos ha sido así; justicia para ricos y pobres.
Las declaraciones de Pedro Sánchez en la 1 de TVE, a Pepa Bueno, no han hecho más que corroborar lo que muchas han demostrado y a los hechos se remitía, hay jueces politizados y políticos que influyen en la justicia a su conveniencia. Una abrumadora mayoría de españoles, casi un 90%, opina negativamente de la justicia en nuestro país. La justicia obtiene un suspenso rotundo en la percepción de la justicia por los españoles, solo un 3,6 de nota sobre 10, por encima de la clase política que suspende con un 2,2.
¿Es la justicia la base fundamental de un estado de derecho? Si no afrontamos esta pregunta, no tiene mucho sentido alabar a quienes promueven la consolidación de la democracia si antes no hemos analizado si este sistema supuestamente democrático sea justo, y si los que gobiernan están preparados y poseen una actitud ética suficiente para las responsabilidades que asumen ante quienes esperan pan, trabajo, seguridad, y un mayor respeto a los derechos fundamentales de todos.
La dilatación en solucionar los problemas judiciales dependerá del criterio de sus señorías al realizar la oportuna instrucción de los casos, de manera que si es la banca quien interpone una denuncia por impago, se hace una ley que por un método de urgencia llamado “proceso monitorio”, como te descuides un poco en menos de 15 días te embargan hasta el… Sin embargo, si se trata del caso Gürthel, Kitchen y los otros 34 juicios que tiene pendiente miembros del Partido Popular se puede tardar en enjuiciar 15 o 20 años, tanto es así que se dilatan hasta el extremo de prescribir el delito.
Las amplias mallas legales diseñadas para proteger a los poderosos no dejan resquicio para la defensa del paria que, a expensas de un abogado de oficio, generalmente mal retribuido, que olvida plazos de presentación de recursos y alegaciones dejando en indefensión al presunto culpable que, en la mayoría de los casos, acaba irremediablemente en la cárcel.
Una justicia que necesita una docena de muertes por suicidio, para manifestar su rechazo a una ley hipotecaria anticuada e injusta y al servicio de los grandes poderes financieros no es, como mínimo, justa. Cuando se oponen por objeción de conciencia al matrimonio homosexual y son capaces de firmar, sin que le tiemble la mano, un desahucio a familias azotadas por el drama del desempleo alegando que la “ley es para todos y se tiene que cumplir”, deja de ser la “mano de la ley” para convertirse en la mano del verdugo.
No, los españoles, el 90%, no confiamos en la justicia, no creemos en los que la administran, no podemos creer en jueces politizados por la derecha española que intentan acosar, con todo su poder, a personas cuyo delito es estar en las antípodas de la derecha carca y la ultraderecha española, el juez Peinado es un claro ejemplo de la locura judicial consentida por el CGPJ, al fin y al cabo, es solo la mujer de “PerroSánchez” la asediada por un demente con toga y puñetas en la bocamanga.
Pese a que la Justicia se la puede definir como el arte de hacer lo justo, y de «dar a cada uno lo suyo» (Ars Iuris), básicamente esto nos dice que la justicia es la virtud de cumplir y respetar el derecho, es el exigir sus derechos, es otorgar los derechos a un individuo. La Justicia no es el dar o repartir cosas a la humanidad, sino el saber decidir a quién le pertenece esa cosa por derecho, la Justicia es ética, equidad y honradez, los españoles no percibimos esa definición, muy al contrario, creemos que en la actualidad existen algunos jueces y fiscales que tienen poca ética, equidad y honradez.
Mucho tendremos que cambiar en la administración de la justicia en España para que podamos volver a creer en ella.

