Por: Rafael J. Rodríguez Marrero*
Es hoy noticia en algunos medios de Canarias que técnicos de Patrimonio Histórico del Cabildo de Tenerife han remitido informe a la promotora del proyecto turístico Cuna del Alma (que prevé más de 3.600 camas turísticas en un espacio de 430.000 metros cuadrados en el Puertito de Adeje, del sur tinerfeño) para que modifiquen el proyecto que están desarrollando al objeto de proteger un yacimiento arqueológico hallado en el lugar. Modificación que afectaría a unos 500 metros cuadrados del espacio a urbanizar.
La zona sobre la que se interviene, para beneficio de dos familias inversoras belgas (Vandermarliere y van Biervliet) y de los “vendepatrias” habituales en la colonia es de enorme riqueza paisajista y medioambiental; una de las pocas zonas -hasta hace poco- vírgenes en la isla picuda.
Resulta curioso que tengamos que andar buscando flora o fauna específica (en Cuna del Alma, la viborina triste, entre otras) o que debamos rezar para encontrar restos de nuestros ancestros guanches como condición, no siempre suficiente, para que no perdamos esperanzas y tratemos de conservar intactos los espacios naturales que hemos heredado para el disfrute de las especies vivas (incluyendo la humana) del presente.
El deterioro -prácticamente irreversible- al que los dueños del capital y los “vendetierras” de turno someten a nuestro archipiélago sigue su curso; lo que hicieran nuestros antepasados y la riqueza natural que hemos podido mantener de poco sirven para que las generaciones presentes y futuras podamos seguir viviendo en el espacio donde nacimos con las necesarias condiciones para seguir recreándonos en él; sintiéndonos como en casa.
Una zona, la de Cuna del Alma, que, si no lo impedimos, dejará de ser nuestra para disfrute de especuladores varios y “bienvivientes” de otros lugares. Un cacho, emblemático, que restamos de nuestro territorio.
Rafael J. Rodríguez Marrero. Docente jubilado.
Desde Fuerteventura, a 22 de agosto de 2025

