
El día de la marmota, el deja vu, el regreso al pasado.
Atónito asisto al debate del estado de la nación canaria. En la tribuna de oradores empieza su discurso el Sr. Barragán, ilustre diplodocus de la política canaria por Coalición Canaria, cuyo mayor logro ha sido permanecer, con el culo sentado en la poltrona del parlamento canario, durante décadas.
El portavoz de la CC, viene a decir los mismos reproches, exactamente igual sin añadir ni una coma, a lo que decía hace unos años el hoy presidente de la comunidad canaria, Angel Víctor Torres.
O sea que la cosa que antes estaba fatal para los hoy dueños del cotarro, sigue igual para los otros que otrora eran los dueños del mismo cotarro. Aquí la cuestión es como la canción “La falsa moneda” que dice así “tu serás como la falsa moneda, que de mano en mano va y nadie se la queda”. Nada cambia, sigue la misma pobreza, las mismas listas de espera en la sanidad pública, el mismo paro juvenil, la precariedad en la vivienda,
Seguimos siendo el último de la cola en cuanto a educación y cultura, las colas del hambre aumentan en los comedores sociales, y los bancos de alimentos no dan avío para atender a tanta petición de comida.
Según la organización Transparencia Internacional, que advierte del riesgo para los ciudadanos del control de los gobiernos por parte de intereses privados, sitúa a España en 6º lugar, detrás de Eslovenia, Bulgaria, Chipre, Republica Checa y Croacia.
En Canarias ocurre igual. La falta de transparencia del hemiciclo de la tinerfeña calle de Teobaldo Power, el Parlamento de Canarias es evidente, por mucho que quieran camuflar esa realidad con “debates del estado de la nación canaria”,
Esto no nos debería extrañar y de hecho esta noticia de la transparencia de nuestro Parlamento autonómico le importa cuatro cojones de mono de borneo al escabeche, al personal isleño, que de los parlamentarios tiene una pobre opinión y desde luego cuesta creer que esos individuos, bien trajeados ellos y emperifolladas ellas, nos puedes servir para algo.
Esas mentes preclaras donde descansan los destinos de nuestro pueblo se les conoce como “patitos criollos” (dícese de la persona que a cada paso que da va dejando una cagada)
Normalmente van con la cabeza bien alta, como si estuvieran pensando como trazar las “líneas maestras de nuestra política” y créanme que, de eso nada de nada, seguramente van pensando en el restaurante de turno y si la currita del departamento de “relaciones exteriores” del partido habrá llamado reservando mesa. Casi todos compiten por tener el de reloj más caro y ostentoso, zapatos y trajes de marca, bolsos de diseño para ellas. Algunos de estos “patitos criollos” no tienen siquiera el bachillerato y más de uno con carreras universitarias sin terminar. Afiliados a su partido político muy jóvenes, no tienen pajolera idea de lo que significa currar, ganarse el sueldo fuera de la protección de su partido, en definitiva, estos advenedizos no tienen miedo a la cola del paro. Disponen de dietas, coches oficiales, se reparten entre ellos las “comisiones de investigación”, que suponen un ingreso extra a su sueldo. Los viajes institucionales al extranjero, hoteles de lujo y prepotencia sobrada, que pagamos todos los contribuyentes.
Nunca se ponen de acuerdo para nada excepto para aumentarse el sueldo. En ese sentido no hay discrepancias ideológicas. ¡¡Se lo montan de carajo!! Por ejemplo, el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 años de curro honrado de un ciudadano de “a pie”. Si llegas a ministro o consejero el “chollo” se triplica; cuando dejan su cargo cobran solidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo cobradas completas y sin hacer cola en las oficinas del Sepe. Los parlamentos sirven para plantear las exigencias de la nación, de la comunidad, discutir sus problemas, aprobar leyes que beneficien a la gran mayoría del pueblo, controlar la labor del gobierno. Todo ello sin tapujos, disimulos ni secretos.
Con una publicidad total y rabiosa, resumida en la frase clásica de luz y taquígrafos. Es lamentable tener que reconocer que el pueblo canario, los honestos ciudadanos de a pie, la masa popular y las clases medias se sienten enteramente desvinculados de sus diputados. Más todavía: muestran una total indiferencia hacia ellos, en definitiva. A tal indiferencia los han llevado quienes carente de toda categoría política o agarrotados por las exigencias de la disciplina de partido, han convertido el Parlamento de Canarias en una especie de club privado elitista.
Esta es, seguramente, la “gente de bien” a la que se refería Núñez Feijoo
