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Home»Opinión»Cultura»Maltrato animal

Maltrato animal

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By on abril 15, 2017 Cultura
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La primera vez que vi a Maiden, supe que no era el gato con botas que yo había conocido en mi niñez, ni el de Shrek y mucho menos el negro de Allan Poe. La primera vez que la vi me provocó la misma impresión de aquellas historias literarias de animales humanizados que, inventados por seres humanos, me desataban pánico. Miedo, el mismo que me originaba aquellos cuentos de ogros y brujerías de mi infancia, tanto que lo recuerdo como la única cosa que parecía proporcionarme desasosiego.

Pero afortunadamente todo eso cambió con los años, y entre la gata y yo se fue creando un vínculo, que yo me atrevería a decir, amoroso. Maiden se dejaba acariciar, se acurrucaba junto a mis pies, se subía a mi falda, ronroneaba cuando yo le acariciaba con la yema de los dedos: el cuello, el lomo, la barriga. ¡Cuánto le gustaba! Me seguía por todos los rincones de la casa. Remilgada y caprichosa, apuraba el paso, se escondía y con sus garras hacía miles de diabluras. Pero poco a poco como un hada convertida en gatita nos fue conquistando. Se ganó el corazón de la familia. Y yo entendí el por qué en la antigüedad los adoraban como a dioses.  

De vez en cuando recuerdo cómo la conocí. Fue aquel día que al entrar en casa me encontré a la familia sentada en el cuarto de la tele, y entre ellos a una gata pequeñita, siamesa, mezcla con callejera, de pelaje blanco y negro y ojos azules. La mimaban mientras ella quería zafarse de los brazos de uno de mis hijos, ahora no recuerdo quién la sujetaba. Lo que si recuerdo es que el nombre se lo puso mi hijo Roberto. Y sin la menor compasión dije:

-¡Saquen esta gata fuera de casa! ¡Aquí no la quiero!

-Pero alguien dijo: -¡Si la echamos se convertirá en felpudo del asfalto! La encontramos en la calle, abandonada, asustada. -¿Por qué no la dejamos hasta mañana? gritaron todos alarmados.     

Esa fue la excusa que me dieron para aplazar la despedida, y a mí al ver su mirada triste de animal asustado, me invadió un sentimiento de ternura y pena. Fue un error creer que al día siguiente ya no estaría con nosotros. No la quería entonces, pero cuanto la quise después. Con su andar suave y sus piruetas para cazar moscas, pájaros o cualquier cosa que se moviera, aportaba un aire entrañable a la casa. ¡Cuánto me gustaba!

Pronto un repentino sentimiento nos unió, se convirtió en un miembro más de la familia con sus alegrías y sus tristezas, con su mirada velada por una lágrima que siempre le afloraba. El veterinario nos dijo que era un defecto de nacimiento. Con Maiden entendí ese amor que los ingleses sienten por las mascotas, entendí el respeto y la adoración de los egipcios por los gatos y perros. Por la figura de Anubis.

Estos días los medios de comunicación han dado noticias espeluznantes sobre el maltrato animal, sobre peleas de perros, de gallos… Alarmante es el incremento de la violencia hacia los animales en nuestra sociedad, quizás porque en el hombre se dan cita los peores rasgos de la especie y cometen atrocidades que puede ser intencionada, maliciosa o irresponsable, me da igual, la definición. Lo único que es cierto es que el hombre es el único animal que ha alcanzado la fase suprema de la crueldad.

El problema es que el maltrato no deja de crecer. Sólo el Seprona realizó en 2016 más de 12.400 actuaciones, de situaciones de abandono, desnutrición, asesinato. Solo el hombre parece sentir gusto en maltratar, aniquilar, arrancar el alma a un ser vivo, sin más razón que el divertimento y la destrucción. Por eso, desde la más tierna infancia debemos transmitir a los niños educación y respeto. Entender que no son un juguete y que cuando llegan unas vacaciones no debemos abandonarlos. Concienciarnos  todos de que los animales son seres vivos, y no sólo los domésticos, también los salvajes que en otras épocas fueron libres.

Afirma Erich Fromm que es difícil que una persona que es cruel hacia los animales, difícilmente cambie de actitud, seguirá siendo cruel con sus semejantes también. Por eso los pacifistas, animalistas debemos seguir luchando por la verdadera justicia.

MALTRATO ANIMAL
La primera vez que vi a Maiden, supe que no era el gato con botas que yo había conocido en mi niñez, ni el de Shrek y mucho menos el negro de Allan Poe. La primera vez que la vi me provocó la misma impresión de aquellas historias literarias de animales humanizados que, inventados por seres humanos, me desataban pánico. Miedo, el mismo que me originaba aquellos cuentos de ogros y brujerías de mi infancia, tanto que lo recuerdo como la única cosa que parecía proporcionarme desasosiego.
Pero afortunadamente todo eso cambió con los años, y entre la gata y yo se fue creando un vínculo, que yo me atrevería a decir, amoroso. Maiden se dejaba acariciar, se acurrucaba junto a mis pies, se subía a mi falda, ronroneaba cuando yo le acariciaba con la yema de los dedos: el cuello, el lomo, la barriga. ¡Cuánto le gustaba! Me seguía por todos los rincones de la casa. Remilgada y caprichosa, apuraba el paso, se escondía y con sus garras hacía miles de diabluras. Pero poco a poco como un hada convertida en gatita nos fue conquistando. Se ganó el corazón de la familia. Y yo entendí el por qué en la antigüedad los adoraban como a dioses.  
De vez en cuando recuerdo cómo la conocí. Fue aquel día que al entrar en casa me encontré a la familia sentada en el cuarto de la tele, y entre ellos a una gata pequeñita, siamesa, mezcla con callejera, de pelaje blanco y negro y ojos azules. La mimaban mientras ella quería zafarse de los brazos de uno de mis hijos, ahora no recuerdo quién la sujetaba. Lo que si recuerdo es que el nombre se lo puso mi hijo Roberto. Y sin la menor compasión dije:
-¡Saquen esta gata fuera de casa! ¡Aquí no la quiero!
-Pero alguien dijo: -¡Si la echamos se convertirá en felpudo del asfalto! La encontramos en la calle, abandonada, asustada. -¿Por qué no la dejamos hasta mañana? gritaron todos alarmados.     
Esa fue la excusa que me dieron para aplazar la despedida, y a mí al ver su mirada triste de animal asustado, me invadió un sentimiento de ternura y pena. Fue un error creer que al día siguiente ya no estaría con nosotros. No la quería entonces, pero cuanto la quise después. Con su andar suave y sus piruetas para cazar moscas, pájaros o cualquier cosa que se moviera, aportaba un aire entrañable a la casa. ¡Cuánto me gustaba!
Pronto un repentino sentimiento nos unió, se convirtió en un miembro más de la familia con sus alegrías y sus tristezas, con su mirada velada por una lágrima que siempre le afloraba. El veterinario nos dijo que era un defecto de nacimiento. Con Maiden entendí ese amor que los ingleses sienten por las mascotas, entendí el respeto y la adoración de los egipcios por los gatos y perros. Por la figura de Anubis.
Estos días los medios de comunicación han dado noticias espeluznantes sobre el maltrato animal, sobre peleas de perros, de gallos… Alarmante es el incremento de la violencia hacia los animales en nuestra sociedad, quizás porque en el hombre se dan cita los peores rasgos de la especie y cometen atrocidades que puede ser intencionada, maliciosa o irresponsable, me da igual, la definición. Lo único que es cierto es que el hombre es el único animal que ha alcanzado la fase suprema de la crueldad.
El problema es que el maltrato no deja de crecer. Sólo el Seprona realizó en 2016 más de 12.400 actuaciones, de situaciones de abandono, desnutrición, asesinato. Solo el hombre parece sentir gusto en maltratar, aniquilar, arrancar el alma a un ser vivo, sin más razón que el divertimento y la destrucción. Por eso, desde la más tierna infancia debemos transmitir a los niños educación y respeto. Entender que no son un juguete y que cuando llegan unas vacaciones no debemos abandonarlos. Concienciarnos  todos de que los animales son seres vivos, y no sólo los domésticos, también los salvajes que en otras épocas fueron libres.
Afirma Erich Fromm que es difícil que una persona que es cruel hacia los animales, difícilmente cambie de actitud, seguirá siendo cruel con sus semejantes también. Por eso los pacifistas, animalistas debemos seguir luchando por la verdadera justicia.

Foto, Mi nieta Livia con Maiden
Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com  

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