Por Joaquín Hernández
CUADERNO DE BITÁCORA
El otro día un destacado militante de la ultraderecha me indicaba a gritos, en la tertulia-debate sobre la actualidad política española en los últimos meses, que él “mantiene la esperanza de que antes de final de año se celebren las elecciones generales y puedan gobernar en solitario con el apoyo del PP”. Lo que no se da cuenta el buen señor es que “la esperanza” es una virtud utópica inalcanzable. La esperanza no es un proyecto vendible, es un deseo para que se produzca un milagro difícilmente posible.
Igual que la fe, la esperanza se basa en creer a ciegas que algo inexistente puede llegar a existir. En este caso la utopía carece de proyecto interesante para gobernar Vox con mayoría suficiente para formar gobierno con el PP. Sin embargo, la positividad con la que me comentaba los motivos que tenía para tener esa “esperanza” y sus “argumentos” para obtener votos y retroceder, políticamente hablando, a los años 70 del siglo pasado me dio tema para pensar en esta columna.
Está claro que las personas que teníamos 25 años o más a la muerte del dictador, muchas de ellas habrán muerto y otras peinamos canas desde hace años. Teniendo en cuenta que para nuestros hijos y nietos en el mejor de los casos somos “un marrón de cojones”, cuando no “tenemos las neuronas oxidadas”, no es posible que tengan en cuenta tu vivencia en una dictadura pura y dura como fue la franquista durante 36 años, y por lo que se ve la celebre “memoria histórica” no es suficientemente aclaratoria de los sucesos que sucedieron en la dictadura.
Quizás por ese desconocimiento es por lo que los jóvenes, viviendo lo que viven, creen en los cantos de sirena de Abascal, Milei, Trump o Putin, incluso justifican el genocidio en Palestina por los judíos de Netanyahu alegando el asalto terrorista que causo 1.400 muertos y un par de centenas de rehenes por parte de Hamas. No analizan, ni desean hacerlo, no quieren llegar al fondo de la cuestión, solo saben que la causa – efecto era y es el justo y que hay que acabar con el “terrorismo internacional” obviando que un terrorismo más cruel e inhumano es el que practica como genocida Israel en Gaza.
Pero las encuestas no dan lugar a dudas, el 60% de los jóvenes españoles mayores de 18 años si mañana hubiera elecciones generales votaría a Vox, lo que quiere decir que casi un millón de votos, el 23,61% del censo electoral, sería para los de Abascal solo por el voto joven, tampoco es muy “esperanzador” creer que podrá presentarse a candidato a la formación de gobierno a VOX. No obstante, el aumento en votos de la formación ultraderechista española podrá acercarse con cierta peligrosidad al Psoe, que por ahora sigue siendo la segunda fuerza política en nuestro país, en el mejor de los casos todas las encuestas dan un crecimiento a Vox consolidándolo como el tercer partido con más escaños en el hemiciclo del Congreso de los Diputados con más de 50 diputados, lo que daría lugar al gobierno de coalición PP/Vox. Lo otro, lo de gobernar en solitario la ultraderecha española tendrá que esperar unos cuantos años, a menos que la gestión de gobierno de la coalición de la derecha carca y rancia y la fascista de los sucesores de Franco, sea un volver al pasado y desilusionen al millón de jóvenes que dicen votar a Abascal como paladín justiciero de los males de España.
Claro que sí por mi fuera estaría preparando un documental con los testimonios de los pocos que vamos quedando y que pasamos la triste y gris juventud en una España negra dominada por el fascismo más decadente de la Europa de la mitad del siglo pasado. La juventud por no tener no teníamos ni siquiera la posibilidad de hace algo tan normal, ahora, como la libertad de expresión y opinión, el acceso a la universidad estaba prohibido para la clase media y la policía con su Brigada de Investigación Social imponía el terror entre la población con detenciones arbitrarias y “suicidios” de los detenidos en las checas franquistas. Mucho miedo y mucha hambre pasamos los “jóvenes” de la dictadura, mucho trabajo y esfuerzo de todos y sacrificios de los que emigraron para enviar cuatro duros a sus familiares en España para que pudieran sobrevivir.
No, no estamos en un paraíso, la democracia tiene sus goteras y no es perfecta, pero solo sabemos la diferencia que existe entre la dictadura fascista y la democracia que “padecemos” los que luchamos con fuerza y positividad contra el franquismo para lograr un sistema que nos asegure los derechos humanos fundamentales de los 48 millones de habitantes de esta piel de toro aun llamada España.

