El mundo que nos ha tocado vivir

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Por: Joaquín Hernández 

CUADERNO DE BITÁCORA

EL MUNDO QUE NOS HA TOCADO VIVIR

En plena pandemia, confinados en nuestras casas, a las 8 de la tarde solíamos salir, acojonados, a las ventanas y balcones para aplaudir haciendo un pequeño homenaje público a los sanitarios, policías, guardias civiles, ejercito, bomberos, etc. aplaudiendo a rabiar durante media hora. En ese instante, los vecinos que jamás se había saludado se saludaban afectuosamente, como queriendo decirle “aquí estoy yo para lo que necesites”, se cerraban ventanas y balcones con un sentido de bienestar del “deber cumplido”.

Creí que la pandemia del covid-19 nos iba a cambiar a todos en el sentido de ser más y mejores personas, más solidarios, en definitiva; más humanos y menos egoístas, que la humanidad cambiaría positivamente, toda vez que estábamos asistiendo a un desfile dantesco de muerte.

Por lo visto de nada ha servido los muertos del covid-19, ni los llantos de los familiares y amigos. La pandemia sirvió para hacernos más malos, más hijos de puta y egoístas, más insolidarios.

Si echamos un vistazo a nuestro alrededor, solo una leve ojeada a lo que nos rodea, observaremos como aquel vecino o vecina que te saludaba haciendo el “corazoncito” con la mano, ahora pasa por tu lado y procura ni siquiera darte un hola, un ¿cómo estás? En el trabajo el ambiente está más que jodido y tu jefe pone excusas para todo, la crisis es permanente, no acaba jamás y el aumento de sueldo está tan congelado como el pescado que puedes comprar una vez al mes. La cesta de la compra te recuerda que con el sueldo que ganas no podrás comprarte ni una misera cerveza de las más baratas, de vino ni soñarlo y salir fuera a comer, con tu mujer e hijos, se ha hecho un sueño de película de Hollywood.

Si, es cierto que la crispación de los humanos está en aumento. Lo está, y eso es preocupante.

Si a esto le añadimos que, en este tipo de situaciones, cualquier gesto mal interpretado puede encender la mecha de un paquete de dinamita, tenemos el caldo de cultivo ideal para empezar a pensar en que los habitantes de este planeta llamado Tierra, vamos de culo, sin frenos, cuesta abajo hacia el destino final, y lo peor es que no hay nadie, al parecer, que sea capaz de parar tanta locura colectiva, o los que son no tienen poder alguno para atajar la deriva de esta nave que va al pairo sin más.

Y es que, si nos paramos a meditar un poco lo que está sucediendo, nos encontraremos con una verdad absoluta: Los culpables de nuestros males somos nosotros, los terrícolas abducidos por los sátrapas, tiranos. Personajes como Putin, Netanyahu y Trump, y los Ayatolas y padres de la Patria que nos venden humo que aspiramos como si fuese un perfume embriagador, y luego cuando nos llevan al caos, a la muerte, nos empezamos a dar cuenta el valor que tiene nuestras decisiones al elegir o dejar gobernar a estos jinetes del apocalipsis.

Los norteamericanos, los rusos, los judíos, los iraníes y todos los países cómplices de los genocidios cometidos y por cometer, son los culpables directos de los que ocurre y que repercute en el resto de los ciudadanos del mundo.

Ahora nos encontramos inmersos en otra barbarie cometida por Israel con el concurso y aprobación de los Estados Unidos de América. Donald Trump y su socio Netanyahu parecen dispuestos a exterminar a los libaneses, otro genocidio al igual que el de Gaza que está perpetrándose en estos momentos. Con la excusa de liberar al pueblo iraní de los verdugos Ayatolas y a la “humanidad” de las bombas atómicas iranís, EEUU e Israel se han lanzado en tromba incluso Trump ha anunciado la exterminación de “una civilización” si no ceden a sus caprichos. El estrecho de Ormuz cerrado a cal y canto, el barril de gasolina subiendo y sobrepasando la barrera de los 100 dólares repercutiendo en todo el mundo el alza de precios de los carburantes. Todo esto, según los expertos, nos llevara a una recesión total, que es el peor escenario geopolítico que podemos esperar. Los cuatro jinetes apocalípticos están cabalgando juntos, la guerra, el hambre, la muerte y la gran pandemia, nos están llegando y no podemos hacer nada por evitarlo.

No existe nada ni nadie que los pueda parar, es más todo esto tiene un ciclo vital que va en aumento paulatina e inevitablemente. Solo existe una remota posibilidad y no es otra que la protesta masiva en cada una de las capitales del planeta de los 8.000 millones de seres humanos que habitamos en la Tierra. Cuando me refiero a “protestas” quiero decir que armados hasta los dientes vayamos todos juntos a eliminar a los Trump, Netanyahu, Putin, Ayatolas y cuanto hijo de puta se encuentre a nuestro paso. Si no lo hacemos antes de que se acabe el 2027 estaremos hablando de reconstruir nuestro podrido mundo.

¡¡que asco!!

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