Por: José Manuel Rivero
Jeffrey D. Sachs, economista estadounidense de reconocida trayectoria y actual profesor en la Universidad de Columbia, ha pasado de ser un experto en desarrollo sostenible a una de las voces más lúcidas —y más incómodas— sobre la crisis política del mundo occidental. En su entrevista con el politólogo Glenn Diesen, publicada el 22 de octubre de 2025 en YouTube, Sachs plantea sin ambages que la guerra en Ucrania no es el resultado inevitable de un choque entre potencias, sino la consecuencia directa de decisiones deliberadas que impidieron la paz. Europa y Estados Unidos, afirma, prefirieron prolongar el conflicto antes que permitir un acuerdo que limitara su control estratégico sobre la región.
El diagnóstico que se desprende de sus palabras trasciende la coyuntura ucraniana: la guerra ha pasado a ser el refugio político de las élites europeas en crisis. Incapaces de ofrecer proyectos de bienestar, de industria o de soberanía económica, los gobiernos del continente han sustituido la política social por la política del miedo. Allí donde se agotó el consenso civil, emergió el consenso militar: el rearme como relato de unidad, el enemigo externo como excusa para no mirar los problemas internos.
La Unión Europea, antaño presentada como proyecto de paz y cooperación, aparece hoy despojada de iniciativa. Ya no define su política exterior ni su modelo económico, sino que actúa como subcontratista de una estrategia dictada desde Washington. En lugar de liderar una diplomacia continental, se limita a ejecutar sanciones y financiar la guerra, mientras su tejido productivo y su legitimidad política se deterioran. Europa se ha transformado en una potencia en prestado: administradora obediente de una hegemonía que no le pertenece.
El compromiso reciente del presidente español Pedro Sánchez con la compra de armas a Estados Unidos para enviarlas al régimen corrupto de Ucrania ilustra con claridad este proceso. España, que sufre déficits estructurales en vivienda, sanidad, educación y empleo, se integra así en la lógica del complejo militar-industrial que domina la agenda atlántica. Se trata de una subordinación estratégica que compromete recursos públicos en beneficio de intereses ajenos y que profundiza la distancia entre las necesidades reales de la ciudadanía y las prioridades de su clase política. En nombre de la solidaridad internacional, se financia la guerra; en nombre de la seguridad, se consolida la dependencia.
Ese desplazamiento de lo social hacia lo bélico revela una deriva moral y política: cuando los gobiernos no pueden ofrecer esperanza, recurren a la amenaza. El arsenal reemplaza al salario, la geopolítica suplanta al proyecto de país. La escalada presupuestaria destinada a armamento —presentada como imperativo de defensa— actúa como cortina para ocultar la fragilidad económica y la erosión democrática que corroen a las instituciones europeas.
Sachs no se limita a denunciar la irresponsabilidad de los líderes; apunta a una estructura más profunda, donde los intereses corporativos y militares se han apoderado del espacio político. En esa estructura, la diplomacia se convierte en retórica, la paz en un obstáculo, y la guerra en negocio. Lo que aparece como estrategia defensiva es, en realidad, la expresión de un sistema incapaz de sostener su legitimidad por medios civiles.
La salida a esta crisis no puede ser una simple rectificación diplomática. Requiere un cambio de orientación: reconstruir desde la base social una política que coloque la vida, el derecho a la autodeterminación de los pueblos y la cooperación pacífica, en igualdad, por encima de la rentabilidad armamentista. La seguridad humana, la producción soberana y la redistribución deben sustituir al actual fetiche del gasto militar. Europa solo podrá recuperar su voz cuando rompa con la dependencia estratégica y recupere el control de su destino, siendo partícipe en una Comunidad de futuro compartido de la Humanidad.
Mientras tanto, decisiones como la de Pedro Sánchez simbolizan una renuncia: la de un continente que prefiere comprar armas para la guerra antes que fabricar las condiciones para la cooperación y la resolución pacíficas de controversias .

