Por: José Manuel Rivero
Un artículo del Daily Telegraph, del 23 de septiembre de 2025, firmado por Rob Crill, corresponsal jefe en EE.UU, .revela con claridad lo que muchos preferían no admitir: Donald Trump no ha dado un giro pro-ucraniano, simplemente ha decidido desentenderse del conflicto y trasladar la carga a Europa. Su mensaje en Truth Social, en el que asegura que Ucrania puede recuperar toda su integridad territorial con “tiempo, paciencia y el apoyo financiero de Europa y, en particular, de la OTAN”, no es un compromiso real de Washington, sino una excusa elegante para lavarse las manos.
La maniobra es transparente: Trump no promete armas, no compromete nuevos fondos, no anuncia sanciones contra Moscú. Su declaración es humo. Se limita a aplaudir en abstracto la resistencia ucraniana y a derivar la responsabilidad a unos aliados europeos que carecen de recursos y de voluntad política para sostener esa guerra. Alemania atraviesa crisis económica, Francia se consume en sus problemas internos, Italia y España arrastran déficits que no les permiten aventuras bélicas, y Hungría bloquea una y otra vez cualquier consenso. Trump lo sabe, y por eso su gesto no es apoyo: es abandono disimulado.
Los medios estadounidenses —The New York Times, The Washington Post, Wall Street Journal, CNN— coinciden en señalar la inconsistencia de Trump y la falta de compromisos tangibles. Aplaude con palabras, pero retira con hechos. Consciente de la fatiga norteamericana frente a una guerra lejana y costosa, desplaza la carga a Europa para blindarse políticamente en casa. Así se garantiza que, si Ucrania se hunde, no sea visto como un fracaso suyo, sino como responsabilidad de Bruselas y de la OTAN.
En el centro de esta tragicomedia aparece Volodymyr Zelensky. Ya no como héroe, sino como un mal comediante. Su papel es impostado: sonríe, agradece, finge optimismo. Busca un guion que lo salve, un autor que lo sostenga, y mientras tanto improvisa líneas en un escenario que se derrumba. Lo que intenta presentar como diplomacia es, en realidad, supervivencia política: sin elecciones, sin legitimidad renovada, aferrado a un cargo que se sostiene por la guerra y por la necesidad de ser el rostro de una resistencia cada vez más debilitada.La realidad es implacable: Ucrania pierde territorio y vidas. Sus aliados europeos no tienen capacidad para reemplazar a Estados Unidos, y Trump ha dejado claro que no piensa arriesgar más capital político ni militar. Rusia, en cambio, consolida posiciones y espera pacientemente a que la fatiga haga el resto.
Trump, pragmático hasta el cinismo, ya encontró su salida: se lava las manos, vende humo a Zelensky, y culpa a Europa de lo inevitable. Zelensky, reducido a un actor sin guion, sigue sobre el escenario repitiendo frases vacías mientras su país se desangra. La función continúa, pero cada vez es más evidente que el público ya conoce el final.




