Por: José Manuel Rivero
El Acuerdo Marco entre Estados Unidos y la Unión Europea firmado en agosto de 2025 y que el 21 de agosto de 2025 se dio a conocer oficialmente por la Unión Europea, a través de una pomposa y engañosa “Declaración conjunta sobre un marco Estados Unidos-Unión Europea para un acuerdo sobre comercio recíproco, justo y equilibrado”, en realidad, no establece una relación de socios iguales, sino una reedición moderna de los tratados desiguales que somete a Europa a los intereses estratégicos, energéticos y militares de Washington.
El acuerdo rubricado entre Washington y Bruselas en agosto de 2025 se presenta como un pacto de reciprocidad y equilibrio. La realidad es la de un sometimiento político y económico de Europa frente a Estados Unidos.

La Unión Europea se obliga a comprar energía estadounidense por 750.000 millones de dólares hasta 2028 y chips de inteligencia artificial por otros 40.000 millones, garantizando así un mercado cautivo y debilitando su autonomía tecnológica. A esto se suma el compromiso, oculto en esa “Declaración conjunta” oficial pero confirmado por medios internacionales, de adquirir armamento norteamericano por cifras inciertas, probablemente de magnitud semejante a los paquetes energéticos ya firmados.
Mientras tanto, Washington mantiene un arancel de hasta el 15 % sobre sectores estratégicos europeos como el automóvil y la aeronáutica, limitando la competitividad continental. Europa abre sus bolsillos y entrega sus mercados, mientras Estados Unidos protege los suyos con celo imperial.
El resultado es inequívoco: sometimiento económico y estratégico que recuerda los tratados desiguales impuestos a China durante las Guerras del Opio. Entonces se emplearon cañoneras, hoy basta con la presión geopolítica, a través de la diseminación y ocupación de bases militares estadounidenses en el exterior y el miedo a las políticas injerencistas desestabilizadoras para derrocar gobiernos no afines a los EE.UU. La forma ha cambiado, pero la esencia colonial persiste.
Europa no obtiene seguridad ni prosperidad con este acuerdo. Financia la hegemonía norteamericana, hipoteca su autonomía y acepta el papel de socio subordinado en un orden mundial dictado desde Washington.

