Por: Joaquín Hernández
CUADERNO DE BITÁCORA
Entiendo por “política de Estado” a los principios fundamentales que guían el gobierno de una nación, más allá de los cambios políticos o ideologías de los gobernantes en turno. Estas políticas están diseñadas para abordar temas cruciales que afectan al interés general de la población, como el desarrollo y mantenimiento de los servicios públicos esenciales. El objetivo es construir un proyecto de nación a largo plazo, independiente de los procesos electorales o intereses personales de los políticos. Un líder que impulsa políticas de Estado es considerado un estadista, ya que busca defender los intereses generales de la nación.
Es importante distinguir entre políticas de Estado y políticas gubernamentales, ya que las primeras son más estables y menos susceptibles a cambios políticos. Las políticas de Estado suelen ser más efectivas cuando se basan en un consenso amplio y se implementan de manera coherente y sostenida.
Entiendo que la propuesta de Pedro Sánchez a un pacto de Estado va dirigido a la aprobación unánime de un proyecto que funcione determinando las competencias a todo nivel contra la lucha de incendios u otras catástrofes naturales, terremotos, riadas, etcétera, de forma tal que no vuelva a ocurrir las nefastas consecuencias de la Dana en Valencia (226 muertos) y los devastadores incendios que estamos padeciendo y su extinción entre otras cuestiones por la descoordinación de efectivos y esfuerzos entre las distintas instituciones.
El rechazo del PP al pacto de Estado sobre incendios genera dificultades y trabas para generar de manera conjunta la lucha contra este grave problema. Nada nuevo bajo el sol, era predecible el rechazo de la derecha carca y la ultraderecha a cualquier “pacto” que suponga el consenso general en bien de los ciudadanos, ya lo hicieron contra el pacto de la ley de violencia de genero.
Hasta aquí entiendo que al PP y a Vox los problemas de los ciudadanos no les interesa resolverlos, ni siquiera con un gran pacto donde todos intervengan de manera positiva y para mejorar la vida de la gente, de sus votantes incluidos.
Pero, la pregunta del millón es: ¿Se dan cuenta los votantes del PP y de VOX los perjuicios que les causa la negativa a este ofrecimiento del gobierno de coalición? Porque si saben que ese rechazo va en contra de los intereses generales de los españoles, lo normal es no volver a votar aquellos que van en contra de tu bienestar social.
Sin embargo, no es así. Los votantes del Partido Popular y de VOX, pese a que saben muy bien que votar en contra la subida del salario mínimo interprofesional les perjudica enormemente, o contra el salario mínimo vital que supone que los más desfavorecidos puedan, por lo menos, comer un plato de potaje al día es una cabronada monumental, o en contra de la subida de las pensiones acorde al IPC que perjudica a todos, y asi decenas de leyes que mejoran el bienestar social y aun reconociendo dichas mejoras, votan en contra con una frialdad digna de un psicópata carente de empatía y solidaridad, llegado el momento de las urnas no dudan en darles su voto.
La otra pregunta del millón puede ser: ¿Y siendo así, porque votan al PP más de 8 millones de personas y a Vox más de 3 millones? Entre los dos partidos en las últimas generales sumaron más del 45% de los votos emitidos. Desafortunadamente no tengo respuestas a estas preguntas, solo sé que de esos millones de votantes a la derecha carca y rancia y a la ultraderecha fascistoide el 80% son trabajadores, jubilados y pensionistas que por el aumento del salario minimo interprofesional o la subida de las pensiones de acuerdo con el índice de precios al consumo, han sido beneficiados por el gobierno de coalición pese al rechazo de los partidos políticos que prefieren.
Una de las situaciones más esperpénticas que he vivido fue observar como un parado de larga duración con más de 53 años – cobrando una subvención-me decía que votaba a VOX para ver si cambiaba su situación laboral, mi risa se debió escuchar en el quinto pino porque se oyó el eco de mis carcajadas en todo el colegio electoral.
Siento pena, rabia y vergüenza, al observar como por culpa de unos mercenarios, verdaderos advenedizos que solo están en la política por sus conveniencias y al servicio del poderoso, y que sus votantes, el pueblo español importa poco, por no decir nada de nada, son capaces de boicotear las leyes que supongan un beneficio al pueblo soberano.
¡¡puta mierda!!

