Por Joaquín Hernández
CUADERNO DE BITÁCORA
Mi padre, D. Ramón Hernández Peregrina, en paz descanse, me decía que el lema de los “guardias de asalto” -policía nacional de la republica española- los antidisturbios de los años 1930 al 1939, posteriormente llamados policía armada -los grises- era “Paso corto, vista larga y mala leche”, mucha mala leche. Me contaba estas anécdotas para acabar diciéndome que la corrupción en España empezaba desde muy arriba, desde la Zarzuela (el tiempo le dio la razón) y siempre pagaba el plato roto el de muy abajo, el miserable, al que se le podía escupir sin miedo a que reaccionase y que la solución estaba en el pueblo que actuase con “paso corto, vista larga y mucha mala leche” o sea manifestándose con toda contundencia y mucha mala leche contra las cloacas del Estado que hacen de una democracia una mafia capaz de acabar con los derechos fundamentales de cualquier ciudadano, al mismo tiempo que me aconsejaba no entrar a formar parte de ningún partido político porque todos eran una mierda que solo servían para que los propios asaltaran el poder y una vez en la poltrona olvidarse de las promesas hechas al pueblo.
En estos días donde, parece ser, que vuelve aparecer la cloaca, el alcantarillado lleno de mierda del Estado con el caso Leire Diaz y el Psoe en pleno, es bueno recordar el pasado.
En este sentido el PP y su presidente Feijóo se rasgan las vestiduras y claman al cielo pidiendo la dimisión de Sánchez, convocando una manifestación, apoyada por la ultraderecha, para protestar contra el gobierno de coalición y solicitar adelanto electoral. Mala memoria la de Feijóo y su mariachi cuando olvidan que fue el gobierno del PP y M.Rajoy el que tenía organizado una de las mayores cloacas llenas de mierda putrefacta al servicio del Estado. Lean, lean, y verán como todos son iguales, unos más “iguales” que otros…
“Puede ser. Podría ser un arma que tuviera para sí el presidente decidiera hacer esa llamada para poner a las cosas en su sitio; puede ser un arma también: “Oye, que sepáis que tenemos cosas que nos estamos callando”. Yo sólo te pido, ministro, que comprendas mi situación en Catalunya. No soy de la Generalitat, la oficina no pertenece a la Generalitat, somos independientes. Les hemos dado en todos los morros con Ramón Bagó, les hemos destrozado el sistema sanitario, les hemos acusado, estamos jorobándoles el CTT [Centre de Telecomunicacions i Tecnologies de la Informació]. En fin, yo soy español, lo tengo claro, pero estoy en una situación que tengo que bailar allí”.
Estas palabras forman parte de una larga conversación que tuvo el entonces ministro en funciones del Interior, Fernández Díaz, con el Jefe de la oficina antifraude en Cataluña, Daniel de Alfonso.
La grabación de la conversación nos recuerda escenas de la película, basada en el famoso libro de Mario Puzo “The Godfather”, donde el Padrino, Vito Corleone, da instrucciones a su lugarteniente para extorsionar a políticos importantes y tenerlos bajo su nomina y a su merced.
La trama iba dirigida a chantajear a políticos independentistas catalanes al mejor estilo mafioso. Unas semanas antes del fallido referéndum catalán del 9 de noviembre del 2014, el Ministro del Interior español se reunía en su despacho ministerial con el responsable de la oficina antifraude en Cataluña para conspirar y fabricar escándalos contra políticos catalanes de ERC y CDC. Daniel Alfonso llevaba en sus manos sendos dosieres cuyo “interesante” contenido provocó el inmediato interés del ministro del gobierno de Rajoy.
El tema tiene su relevancia ya que no es muy usual que un ministro del interior se reúna con el jefe de una oficina antifraude. El conducto oficial del Sr. Alfonso, para denunciar cualquier supuesto delito, sería el Fiscal General del Estado en Cataluña y éste a su vez con el juzgado que corresponda, pero eso sería lo normal en un Estado de derecho, eso sería lo lógico en un país democrático donde existe la separación de poderes, pero nunca en un país cuya dictacracia se había convertido en un lugar idóneo para cohabitar los corruptos que, amparados por el propio sistema, campeaban a sus anchas por el entramado legal que les ofrece leyes especialmente concebidas para inmunizar al ladrón contra la acción de la justicia.
La conspiración urdida entre Fernández Díaz y el funcionario de la oficina antifraude en Cataluña, llegó a su punto culminante cuando el propio ministro del interior se ofrece a mediar con el fiscal: “Yo puedo hacer la gestión con el fiscal general. Decirle: “Mira, hay esto. Y mira a ver oye si esto tal… ¿no?” Pero, claro, me va a pedir documentos”. Tan interesante es el tema que el propio ministro reconoce que “esto es un torpedo en la línea de flotación” en clara referencia a los partidos independentistas ERC y CDC.
A los españoles, a los ciudadanos de éste país aun llamado España, nos produce terror observar como se cuece en las cocinas del poder la extorsión, el chantaje al mejor estilo mafioso: “les haré una oferta que no podrá rechazar…” Porque no se trataba de impartir justicia, se trataba de intimidar, amenazar a los independentistas con poner en marcha el ventilador y esparcir la mierda, se trataba de obligar a corruptos a pactar para acallar la corrupción, eso sí con la Omertà o ley del silencio que es el código de honor siciliano que prohíbe informar sobre los delitos considerados asuntos que incumben a las personas implicadas a cambio de obtener la sumisión del individuo y el sometimiento al poder de la mafia por muy institucional que ésta sea.
Ahora, Sánchez se enfrenta a una grave acusación de la que tendrá que dar explicaciones, y ya está tardando, cuanto antes lo haga será mejor y si es cierto ya sabe por donde empezar con el bisturí a cortar yugulares, o utiliza el “paso corto, vista larga y mala leche”, mucha mala leche o se va al carajo en el 2027 y deja la cloaca en mejores manos, en las de Vox y el PP. ¡¡que Dios nos ampare!! Y si es ateo, pues eso a joderse toca.

