Por Joaquín Hernández
CUADERNO DE BITÁCORA
De la mierda no se habla. Pero ningún objeto, ni siquiera el sexo, ha dado tanto que hablar, y esto ha ocurrido siempre». La cita es del psicoanalista francés Dominique Laporte. Lo escribió en su Historia de la mierda, publicada en 1978, pero 47 años después sigue vigente. De la mierda no se habla, pero la mierda sigue dando que hablar. En los urinarios, en los foros de Internet y en las aulas magnas. Durante cinco días, 12 catedráticos españoles se reunieron en la Universidad de Huelva para discutir sobre lo excrementicio bajo el lema Historia de la mierda: cultura y transgresión. Medio millar de alumnos se han interesaron por el curso. Los efluvios llegaron allende los mares y un periódico italiano y una emisora de radio latinoamericana informaron del evento. No, de la mierda no se habla, pero la mierda sigue dando que hablar. No deja de tener su lógica que algo tan cotidiano (2.900 millones de rollos de papel higiénico al año en España) haya impregnado la cultura, la sociedad, las artes y hasta lo religioso.
Cuentan los evangelios apócrifos que la Virgen María entregó a los Magos de Oriente, a cambio de sus presentes, un pañal del Niño Jesús con evidentes señales de uso. Posteriores relatos atribuyen milagros a ese paño y, aún hoy, la catedral Vieja de Lérida y la de Valencia aseguran conservar una reliquia de tan sorprendente objeto.
También al islam alcanza el rastro marrón. Abu Ayyubí al-Ansari escribió en su obra Sahih que Mahoma dio instrucciones muy concretas al respecto: «Cuando vayáis a defecar, no os pongáis enfrente ni de espaldas a la alquibla, sino en dirección al este o al oeste», mientras Abu Hurayra relata cómo el Profeta se limpiaba con piedras tras evacuar. Laporte alude a la deificación que los egipcios hacían de los excrementos de lagarto. Y habla de la tribu de los Samoas en la Polinesia, que celebra a los recién nacidos como excrementos de sus dioses.
Más allá de la anécdota, la historia de lo escatológico es la propia historia del progreso. Alrededor de las letrinas romanas, se ha argumentado en Huelva, se desarrollaba una intensa vida social. Muchos acudían, aunque no lo necesitasen, simplemente para ver si conseguían que los invitaran a cenar y se sentaban, fingiendo que estaban deponiendo, cuando su única intención era pegar la hebra. Aún en el siglo XIX era costumbre en algunas tribus australianas, según varios viajeros, conversar mientras se satisfacían las necesidades.
Acabo de pedirle a la gestoría, al amigo Pepe que me haga la consulta para ver si puedo solicitar la patente en exclusiva para todo el mundo mundial, de un papel higiénico de alta calidad y grabado con dibujos de las caras de personajes de cualquier actividad, ya sea políticos, artistas, deportistas, etc., entiendo que el tema va a ser arduo y llevará su tiempo, es posible que tenga que limitar las zonas y en lugar de conseguir la patente para el mundo entero, la tenga que solicitar por continentes, empezando por Europa.
Una vez conseguido el negocio está clarísimo, imagínense ustedes ir a defecar al inodoro y una vez terminado limpiarse el culo con la foto de Donald Trump, o la de Putin, o la de Netanyahu, del chino Xi, o del ultra Milei y a nivel local pues los rostros de Aznar, González, Rajoy o Pedro Sánchez y Feijoo, Abascal o la niña del exorcista Cuca Gamarra. ¿Se imaginan el gustazo, un papelón de mierda en la mismísima cara de Trump?
También tendrás la opción de personalizar el tema con las fotos de tu cuñado, suegra, jefe de la empresa, etc. etc.
Se podrá ilustrar con la biografía de cada uno de ellos o ellas, asi será más ameno y se hará más llevadero en caso de estar estreñido/a, en cualquier caso, estoy dispuesto a compartir el negocio si quiere entrar a participar algún socio capitalista. Ya saben aquello de; “Cuando la mierda se mueve, más mal huele…”




