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Home»Opinión»Política Opinión»Si vas para Chile

Si vas para Chile

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By on marzo 24, 2022 Política Opinión
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“Si vas para Chile” es una canción de Chito Faró que entonan los músicos populares que tocan en las tabernas y restaurantes de todo el país, que aparte de su armonía es estrictamente cierta.

Difícilmente encontrará el lector un país más hospitalario que Chile en el ancho el mundo.:
“…campesinos y gentes del pueblo te saldrán al encuentro viajero
y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero…”
El autor fue un músico pobre que frecuentó cantando los bares, cafés y cabarets de los años 30 del pasado siglo. En ese país tan acogedor tomará posesión del cargo el próximo 11 de marzo su nuevo presidente. Gabriel Boric, en el que se han depositado enormes esperanzas en un país donde aún no ha cicatrizado la herida abierta el 11 de septiembre de 1973, cuando un Golpe de Estado truncó la vía democrática y pacífica de acceso al socialismo que representaba Salvador Allende y la Unidad Popular y sumió a la sociedad en una dictadura cuyas secuelas duran hasta hoy. En “La batalla de Chile”, Patricio Guamán disecciona con pulso firme lo ocurrido en aquellos dolorosos días.
No sé si el día de la toma de posesión del nuevo presidente será aquel en que “se abrirán las grandes alamedas para que el hombre libre camine para construir una sociedad mejor” como pronosticaba Allende “más temprano que tarde”, porque los años no solo nos traen los achaques propios de la edad sino que también provocan cierta dosis de escepticismo que en modo alguno hay que confundir con negativismo. El escéptico confía, pero suspende el juicio o epojé, como lo denominaban los filósofos antiguos hasta comprobar los hechos y sólo entonces certifica que, efectivamente, un nuevo modelo social está emergiendo.
De lo que no cabe duda es de que al nuevo presidente lo acompañará el espíritu de aquel que dejó su vida (fusil al hombro, mirada altiva, mensaje sereno) en aquellos dolorosos días en que un traidor, que había sido nombrado Comandante en Jefe del ejército unos días antes, violó su juramento de defender la legalidad constitucional, bombardeo La Moneda, suprimió las libertades y convirtió su país en una cárcel. El exilio fue el lugar común de los opositores al fascismo y la clandestinidad un peligroso país dentro de un país poblado de sombras delatoras. El director de cine Miguel Littín es una claro ejemplo de esas dos caras de la oposición a Pinochet, como nos demuestra “La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile” de Gabriel García Márquez.
Años después, la sociedad chilena se liberó del taimado dictador devenido dinosaurio, pero no de las estructuras de poder oligárquico que habían cristalizado en la Constitución neoliberal de 1980 que, a día de hoy, continúa vigente porque los gobiernos posteriores a 1990, incluidos los de Michel Bachelet, fueron cuasi tutelados.
Boric no va a tener como mochila el peso muerto de la Constitución pinochetista de 1980 porque un nuevo proceso constituyente, muy participativo, está elaborando una nueva Carta Magna, después de las masivas manifestaciones de 2019 y 2020 que produjeron un verdadero estallido social con decenas de muertos y graves violaciones de los Derechos Humanos por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, señal de que no han sido depuradas convenientemente ni educadas en los procedimientos propios de un Estado de Derecho. Esa Constitución fue todo un experimento de laboratorio de un neoliberalismo exacerbado auspiciado por Milton Friedman y la Escuela de Chicago, donde el papel del Estado es residual y el del mercado preeminente.
Lo expresa así Isabel Allende en “Mi país inventado”(2002): “La junta militar aplicó la doctrina del capitalismo salvaje, como había sido llamado el experimento neoliberal pero ignoró que para su funcionamiento equilibrado se requiere una fuerza laboral en pleno uso de sus derechos. Para destruir hasta la última semilla de pensamiento izquierdista e implantar el capitalismo despiadado, ejercieron una represión brutal”. No solo eso, más adelante continúa :”En Chile, donde la amistad y la familia son tan importantes, sucedió un fenómeno que solo se explica por el efecto que tiene el miedo en el alma de una sociedad: la traición y la delación acabaron con muchas vidas, bastaba una voz anónima para que los servicios de inteligencia echaran el guante al acusado y en muchos casos no volviera a saberse de esa persona(…)los chilenos aprendieron a callar, a no ver y a no oír”.
Si Ramón Gómez de la Serna viviera, diría en una de sus greguerías que Chile es la corbata de América del Sur, por su territorio angosto y largo, encajonado entre la cordillera y el mar. El norte grande corresponde al majestuoso desierto de Atacama, el remoto sur tiene nombre telúrico y frío antártico, Tierra del Fuego. Entremedias muchos mundos o todos los mundos posibles: fértiles valles en La Serena, balnearios de aguas termales entre Villarrica y Pucón, ciudades de populosa decadencia como Valparaíso, mercados con sabor a mar colmados de pescados y mariscos en Puerto Montt o el bosque austral de la Araucanía, primitivo y virginal, el mismo que describe Pablo Neruda en su extraordinaria autobiografía “Confieso que he vivido”, cuando tuvo que atravesarlo clandestinamente camino del exilio, perseguido por el gobierno de Gabriel González Videla, a quien ayudó a alcanzar el poder para luego convertirse en su pertinaz perseguidor, en un nuevo episodio del ancestral papel de Judas, de Bruto. No practicó Neruda el ascetismo del sabio estoico, más bien fue un poeta epicúreo cuyas casas son otro de los mundos de Chile, semejantes a barcos varados en tierra albergaban objetos del coleccionista compulsivo que en vida fue el poeta que le cantó al amor primaveral y al humilde rábano de las huertas umbrías (mascarones de proa, damajuanas, muñecas, máscaras africanas, barquitos encapsulados en botellas y el recuerdo de los innumerables amigos que por ellas pasaron).
Amigo, confidente y escudero de Allende, Neruda murió poco después del Golpe y sus casas fueron allanadas por la soldadesca que lo destruyó casi todo. Boric no tendrá un poeta de su estatura, ni tampoco el coro de voces que supuso la “Nueva canción chilena” y que arropó siempre al gobierno de la Unidad Popular, con Violeta Parra como punto de apoyo arquímedeo. Murió dándole gracias a la vida sin llegar a ver el rescate del floklor como prioridad nacional, pero sí los hicieron algunos de sus hijos y Víctor Jara, Quilapayún, Inti Illimani, Patricio Mann, Illapu o Tiempo Nuevo que pusieron el sonido y el abecedario de aquel periodo tan intenso como esperanzador, convertido ya en leyenda y, por ello mismo, mitificado. Otras voces nada desdeñables pondrán el cálido acento al gobierno de Boric, como Mon Laferte o Camila Moreno. Y me atrevo a pensar que desde las pampas del norte también Hernán Rivera Letelier, el escritor que pobló el desierto de Atacama con personajes que navegan entre lo esperpéntico y lo sublime, con el decorado de las oficinas salitreras convertidas en ruinas fantasmales de un tiempo ido, como telón de fondo junto a los paisajes yermos por donde transitan prostitutas legendarias, contadoras de películas o profetas sanadores y resucitadores que, como Cristo con Lazaro, levantaban a los muertos. En cierto sentido también lo hará Boric con el espíritu de Allende, o un servidor a suponer, después de unos pisco soeur al atardecer en el Club Militar de Santiago, entre la oficialidad ya valetudinaria que apadrinó el Golpe.
Por fortuna, contará con una coyuntura regional e internacional que nada tiene que ver con la de los años setenta del pasado siglo, donde Estados Unidos y sus multinacionales dominaban los países latinoamericanos a través de los ejércitos y las élites criollas o directamente desde la embajada norteamericana, verdadero poder fáctico desde México a Brasil. Hoy, terminada la Guerra Fría de momento, países como Perú, Bolivia y Argentina, que limitan con Chile, tienen gobiernos muy alejados de aquellos serviles donde dominaba una oligarquía rapaz y racista.
Su tarea será homérica si no quiere pasar sin pena ni gloria o de manera intranscendente, que es lo peor que le puede ocurrir a alguien que ha concitado tantas esperanzas de cambio radical. Debe corregir la desigualdad rampante enquistada con un nuevo sistema fiscal redistributivo y transformaciones significativas que corrija la acción de libre mercado, así como robustecer los servicios públicos hasta que amparen a toda la población y se tornen universales y de calidad, aumentar os sueldos de las clases trabajadoras, retomar el papel del Estado como garante de la seguridad, la libertad y el bienestar y estructurar su propia plataforma política para que perdure más allá de su propio mandato.

10/03/2022 Gerardo Rodríguez (miembro del Secretariado Nacional del STEC-IC)

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