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Despedida a Jerónimo Saavedra

  • Published in Política

Nos conocimos en la Universidad de La Laguna (ULL) a principios de los setenta. Jerónimo era ya un destacado profesor de Derecho Laboral y yo me incorporaba a las enseñanzas de las Matemáticas.

Poco más tarde, con la llegada de Manuel Medina a su cátedra en la ULL, varios profesores constituimos el Partido Socialista Popular (PSP), con Alfredo Mederos, Eugenio Burriel y otros muchos. Había ya en la Universidad un grupo del PSOE, en el que destacaban Jerónimo Saavedra y Luis Fajardo. Nos reunimos en mi despacho para iniciar un cierto entendimiento entre ambas organizaciones, pero tuvo pocas consecuencias inmediatas.

Después de las elecciones de 1977, se constituyó la Junta de Canarias, el 14 de abril de 1978, en Las Cañadas, institución preautonómica en la que participamos los dos (él por el PSOE y yo por el PSP). Pronto quedó claro que se imponía la unión de ambas organizaciones. A partir de ahí resultó frecuente que coincidiéramos en ejecutivas y otros órganos partidarios.

Desde la muerte de Franco, dos ideas fueron calando como programa político en los jóvenes canarios deseosos de modernizar el país: la democracia y la autonomía. Acerca de la primera había poca discusión, pero sobre la segunda hemos de recordar que éramos pocos los que la defendíamos. La idea de que Canarias se configurara como una unidad política en el marco de la nueva democracia española se veía enfrentada a recelos y desconfianzas.
Finalmente, en 1982 se aprueba el Estatuto de Autonomía de Canarias y, después de las elecciones del 28 de octubre, se constituye en diciembre el Parlamento provisional, primer órgano autonómico, que elige a Jerónimo Saavedra como Presidente de la Comunidad Autónoma.

En enero de 1983, Jerónimo nombra su primer gobierno, del que fui vicepresidente. Celebradas las primeras elecciones autonómicas el 8 de mayo y constituido el Parlamento el 30, Saavedra vuelve a ser elegido Presidente y nombra un nuevo Gobierno, en el que no me incluye, aunque se incorporan a él dos queridos amigos: Manuel Álvarez de la Rosa y Luis Balbuena.

Más adelante, conscientes de la necesidad de cohesionar y unir al socialismo canario, se formó una Ejecutiva con Jerónimo como Secretario General y yo como presidente, lo que resultó un poco atípico. Ambos encabezamos las listas al Congreso de los Diputados en 1996, él por Las Palmas y yo por Santa Cruz de Tenerife.

En mi etapa de rector en la ULL, por mi parte fuera ya de la política, Jerónimo era Diputado del Común y asistía a las aperturas de curso. Era un nuevo reencuentro, ahora en los espacios universitarios en los que nos conocimos.

Para terminar, señalo tres puntos de mi relación con él que han tenido lugar en los últimos meses. El primero fue la celebración de los 40 años del Gobierno de Canarias, en la que nos reunió a todos los que formamos parte de algunos de sus equipos. El segundo consistió en la propuesta, que aceptó, para incorporarse al Instituto Canario de Estrategia, cuya creación está en marcha, institución tan necesaria para el futuro de nuestras Islas. El tercero se refiere al fallecimiento de Manuel Álvarez de la Rosa, que conoció por el mensaje que le envié.  Sus problemas de movilidad le impidieron asistir al tanatorio, pero con su respuesta a lo que le dije, dejó claro que ambos nos encontramos en un terreno de profunda tristeza.

Han sido muchas las conversaciones en estos más de cincuenta años. Coincidimos mucho y discrepamos a veces. Compartimos la defensa de la democracia, la necesidad de la autonomía para nuestras islas y las ideas socialistas. En otro plano, el de los sentimientos, también teníamos en común la incapacidad para el odio y el rencor, lo que hizo posible una relación de respeto mutuo durante tantos años.   
Esta es mi despedida al canario universal, socialista y humanista, que fue Jerónimo Saavedra.