Juan Contreras, histórico dirigente de la parroquia 23 de Enero en Caracas y referente de la Coordinadora Simón Bolívar, relató en radio San Borondón los orígenes y la identidad combativa de este emblemático sector venezolano. El barrio, diseñado por Carlos Raúl Villanueva bajo los conceptos de Le Corbusier, se transformó desde la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958 en un epicentro de resistencia y organización popular frente al Pacto de Puntofijo.
El nacimiento de un símbolo de resistencia
Construido entre 1955 y 1957 como «Unidad Residencial 2 de Diciembre» para honrar el fraude electoral de Pérez Jiménez, el complejo de 56 bloques grandes y 42 pequeños cambió su nombre a «23 de Enero» la misma madrugada en que cayó el dictador. En esa jornada, los habitantes asumieron el control de sus calles, persiguieron a los represores y expropiaron los apartamentos aún no adjudicados en zonas como la Zona F y El Mirador para entregarlos a familias trabajadoras.
Urbanismo de encuentro y tradición de izquierda
Durante la década de los 60, el sector se convirtió en el escenario urbano de la lucha armada. Organizaciones de izquierda radical y moderada hicieron vida en la parroquia, amparadas por un diseño arquitectónico funcionalista que fomenta la cohesión social. A diferencia del aislamiento moderno, los ascensores del barrio solo paran en los pisos 0, 4, 8 y 12, transformando estos pasillos en puntos de encuentro obligatorio para los vecinos de los 150 apartamentos de cada bloque.
El «termómetro» frente al puntofijismo
Durante los 40 años de la Cuarta República, marcados por el bipartidismo del Pacto de Puntofijo, el barrio funcionó como el termómetro de la conflictividad social del país. La represión a las protestas vecinales costó la vida de unos 150 militantes. Contreras equipara la beligerancia histórica de la juventud del sector con las movilizaciones sociales actuales en Europa. Tras la victoria de Hugo Chávez en 1998, la zona consolidó su rol como bastión político de la Revolución Bolivariana.
Balance de un asedio continuado hasta 2026
Al analizar la coyuntura contemporánea, Contreras describe la situación derivada del ataque militar directo perpetrado por el gobierno de los Estados Unidos el pasado 3 de enero de 2026. El dirigente califica al mandatario nacional como un prisionero de guerra y rehén político de la administración estadounidense liderada por Donald Trump. Para el activista, esta agresión no constituye un hecho aislado, sino la cúspide de 27 años de hostigamiento ininterrumpido contra el proceso bolivariano. La cadena de agresiones comenzó el mismo domingo 6 de diciembre de 1998 con un intento frustrado de golpe de Estado militar y continuó con el derrocamiento temporal del 11 de abril de 2002, el posterior paro petrolero, las protestas violentas o guarimbas de los años 2014 y 2017, el atentado con drones en 2018 y la incursión marítima conocida como Operación Gedeón en 2019. Todo este historial confluye en el escenario de bloqueo naval, sanciones económicas y guerra cognitiva que precedió a los acontecimientos de principios de este año.