Por: José Manuel Rivero
La Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), celebrada en Tianjin entre el 31 de agosto y el 1 de septiembre de 2025, marcó un hito en la construcción de un orden internacional más justo y equilibrado. Más allá de su dimensión diplomática, la cumbre evidenció el compromiso de Asia con un modelo de gobernanza global basado en la cooperación, la equidad y el respeto a la soberanía de los Estados.
En este marco, el presidente de China, Xi Jinping, presentó una propuesta de Gobernanza Global que fue aprobada por los miembros de la cumbre. Esta iniciativa propone una reforma democrática de la ONU, orientada a garantizar relaciones igualitarias entre los Estados y fortalecer la cooperación internacional basada en los principios de la Carta de las Naciones Unidas: igualdad soberana de los Estados, solución pacífica de controversias, no intervención en asuntos internos y cooperación internacional para la prosperidad común. La propuesta subraya la necesidad de superar estructuras unilaterales y promover un sistema internacional en el que todas las naciones puedan participar con voz y voto en igualdad de condiciones.
El 80.º aniversario de la victoria del pueblo chino contra el fascismo japonés recuerda que la historia de Asia está llena de luchas por la liberación y la justicia frente a invasiones y proyectos de dominación. Esa memoria histórica no es un recuerdo estático, sino una fuerza viva que inspira a los pueblos de la región a enfrentar hoy nuevas formas de subordinación, manifestadas en sanciones financieras, control tecnológico y conflictos geopolíticos.
En Tianjin se adoptaron medidas concretas que fortalecen la cooperación y la soberanía regional: la creación de un banco de desarrollo de la OCS, proyectos conjuntos en energía, economía digital, inteligencia artificial y educación técnica, así como un paquete financiero de 1.400 millones de dólares para los países miembros y la ampliación del acceso al sistema de navegación satelital BeiDou. Estas iniciativas representan pasos firmes hacia una Asia que fortalece su autonomía y capacidad de desarrollo, ofreciendo alternativas viables frente a la dependencia de estructuras externas.
Rusia propuso avanzar en la emisión de bonos conjuntos, un sistema regional de pagos y un banco de proyectos comunes, mientras India logró incluir en la declaración de la cumbre una condena explícita al ataque terrorista en Pahalgam, Cachemira (julio de 2025, donde un atentado contra peregrinos hindúes dejó decenas de muertos y heridos), subrayando la necesidad de combatir el terrorismo sin dobles raseros y reafirmando la defensa de la vida humana como principio universal. La convergencia de estas potencias, cada una con intereses propios, refleja una visión compartida: un continente que busca unidad en la diversidad y cooperación frente a desafíos globales.

La imagen de Xi Jinping, Vladímir Putin y Narendra Modi caminando juntos y abrazándose, reportada por el Wall Street Journal, envió un poderoso mensaje a Washington. El gesto se produjo en un momento en que Donald Trump busca contener a Pekín, romper los lazos de Rusia con China y disuadir a India de comprar petróleo ruso. Michael Fullilove, director ejecutivo del Lowy Institute, afirmó que «el trato suave del presidente Trump a Vladimir Putin no ha contribuido en nada a distanciar a Rusia de China; por otro lado, su trato duro a Narendra Modi está acercando a India a Rusia y a sus relaciones con China». Este gesto de unidad refuerza la narrativa de cooperación entre potencias asiáticas frente a presiones externas, mostrando que la solidaridad regional trasciende las tensiones internacionales.
La noción de una Asia Libre trasciende lo geográfico: se trata de reconocer a Asia como cuna de civilizaciones que han contribuido decisivamente al progreso humano, desde la filosofía confuciana y el dharma indio hasta la ciencia árabe-persa y Eurasia como puente entre culturas. Recuperar este legado significa proyectar un modelo de cooperación basado en la soberanía, la solidaridad y el respeto mutuo, valores que hoy se reflejan en la Gobernanza Global y en el impulso hacia una ONU más democrática y representativa.
Una Asia Libre representa la emancipación de relaciones de dependencia y la construcción de un orden multipolar basado en equilibrio, cooperación y justicia, no en dominación. Su unidad no busca hegemonías, sino un espacio donde los pueblos puedan desarrollarse de manera autónoma y respetar la diversidad cultural y política.
La Cumbre de Tianjin demuestra que la transformación es posible: las acciones concretas y la narrativa de cooperación estructural evidencian que se puede construir un orden internacional más justo, inclusivo y democrático. La Gobernanza Global, centrada en la igualdad soberana de los Estados y en la cooperación internacional efectiva, se alinea directamente con los principios de la Carta de la ONU y ofrece un marco para reformar la gobernanza mundial, asegurando que el multilateralismo no quede limitado a la retórica, sino que se traduzca en decisiones efectivas y equitativas.
Aunque persisten desafíos —como las asimetrías entre Estados miembros, tensiones regionales y nacionalismos—, la voluntad de colaboración y la visión de largo plazo convierten estas dificultades en oportunidades para fortalecer la integración y la paz. La Gobernanza Global enfatiza que la seguridad, la prosperidad y el desarrollo deben ser compartidos y que ningún país, grande o pequeño, puede imponer su voluntad sobre los demás.
La humanidad se encuentra en un momento de transición histórica. Frente al agotamiento de modelos unilaterales, Asia emerge como fuerza constructora de un nuevo orden global, donde la gobernanza democrática se articula con la cooperación y la justicia. La Cumbre de Tianjin no solo fue un acontecimiento diplomático, sino la afirmación de que un mundo multipolar, equitativo y solidario es posible, y que su surgimiento no es un ideal lejano, sino una necesidad histórica que ya está tomando forma. La propuesta de Gobernanza Global y la reforma democrática de la ONU ofrecen un camino concreto hacia un sistema internacional donde todos los Estados puedan interactuar en igualdad, garantizando paz, desarrollo sostenible y prosperidad compartida para toda la humanidad.

