Por Joaquín Hernández
CUADERNO DE BITÁCORA
La tragedia que azota la península ibérica pasará a la historia como uno de los veranos con los incendios más devastadores en España.
Miles de hectáreas quemadas, bosques, montes, gente despavorida ante la debacle del fuego abrazador, pueblos enteros arrasados, son las noticias que nos han puesto los pelos como escarpias y el sentimiento solidario de todos los españoles con los damnificados.
Ahora están los lamentos, luego vendrán las culpas, después y cuando hayan pasado un par de años nos olvidaremos del paisaje anterior y volveremos a divisar uno nuevo e incluso novedoso.
Si tenemos en cuenta que el 80% de los incendios son provocados por la gente, unas veces, la menos, por imprudencia, otras veces, las más menos, producidos por pirómanos descerebrados y las más veces por oscuros intereses económicos, no estaría de más volver a pensar en la famosa “teoría de la conspiración” para buscar la raíz del problema de los incendios en general.
Si echamos una mirada a las leyes del suelo, si investigamos un poco, sin ánimo de culpabilizar a nadie, observaremos que aquellas que están destinadas, o por lo menos se presume, a salvaguardar el territorio que, si es importante en la zona peninsular, en las islas toma una singular relevancia por lo escaso del mismo, tienen en su entramado legal “lagunas” importantes para la recalificación de los territorios de zonas rusticas con destino agrario a otros destinos más “productivos”.
Hace unos años el gobierno de Mariano Rajoy, más conocido como M. Rajoy, dictó una ley por la que las comunidades autónomas pueden reclasificar suelo rústico quemado si se hace por ley y fuera de espacios protegidos.
Con dicha normativa de montes, aprobada por el gobierno del PP, permitía a las comunidades autónomas recalificar a urbanos o urbanizables, con una ley, terrenos rústicos incendiados “por razones imperiosas de interés público”.
Existen otra clase de intereses:
¿Saben ustedes el costo real de apagar un incendio que arrase, por ejemplo 10.000 hectáreas de bosque? pues ni más ni menos que 150 millones de euros.
Por ponerles un ejemplo; la tarifa de los helicópteros de extinción puede superar los 8.000 euros la hora, 6.000 en el caso de los hidroaviones.
Un operativo destinado a erradicar un incendio en la zona que esté compuesto por dos agentes medioambientales, dos helicópteros, dos cuadrillas heliotransportadas, dos vehículos autobomba y dos cuadrillas terrestres supone un importe superior a los 28.000 euros por hectárea. Y esto es solo el principio. El gasto posterior al suceso de un incendio es bastante más costoso que apagar las llamas en sí.
En España se destinan al año 1.500 millones de euros a poder realizar medidas de extinción. Dentro de esta suma anual de dinero, entre el 70 y el 80 % está dirigido exclusivamente a la actividad de extinción. Los incendios avanzan vorazmente, y su coste también.
Entre los 10 primeros meses de 2024 un total de 5.098 conatos de incendio -menos de una hectárea-, 2.551 incendios de dimensión superior a una hectárea y 20 grandes incendios,
Dentro de toda esta enorme estupidez del negocio, existe gente que se enriquece cada vez que el monte se nos quema, ¿A quién o a quienes les interesa los incendios forestales?
Pero, seguramente, el culpable habrá sido el de la barbacoa o la colilla del cigarrillo sin apagar.
Puta mierda!!

