Por Armando Marcos
España se ha convertido en la nueva Sodoma y Gomorra. Ciertos políticos, empresarios, periodistas y curas de la Iglesia Católica, son incapaces de pensar en las consecuencias éticas y morales de sus propios actos atroces.
Los místicos predicadores de Podemos llegaron al ruedo político nacional para, según su liturgia, regenerar la política y conquistar a los españoles con sermones y epístolas emulando a los monjes trapenses y a los doce apóstoles.
Cuando el misticismo de Podemos entró en éxtasis abrazando su poder político en las instituciones del Estado, sería el propio Íñigo Errejón en una rueda de prensa el que pronunciara esta frase lapidaria: «hemos tocado el cielo».Traducido al lenguaje de la calle, del pueblo, se refería al poder político elevado por encima de los cielos: ¡»Hemos conquistado el poder»!
Siguiendo la teoría y las lecciones bíblicas y filosóficas de su maestro, el filósofo Antonio Francesco Gramsci, tanto Pablo Iglesias como Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero, entienden el pensamiento y la teoría marxista de Gramsci que consiste en que «la toma del poder, del Estado, es necesaria como así también constituir uno nuevo; por ello considera que un grupo debe ser dirigente antes de lograrlo, es decir, debe ir construyendo su hegemonía, esto es, articulando consensos y dirigiéndolos».
Aplicando la teoría de Gramsci que fue un intelectual, filósofo, teórico marxista, político, sociólogo, periodista y uno de los fundadores del Partido Comunista de Italia, creado en 1921, los líderes y politólogos de Podemos ejercieron su populismo en la calle, en los barrios, en las universidades, en las fábricas e industrias.
Sus mensajes populistas y la seducción personal de sus líderes, lograron convertir a Podemos en una nueva ilusión y en la soñada esperanza de reconstruir y regenerar el escenario político español tan crispado y convulso, en una Nueva España.
En Podemos defienden el feminismo y la protección y los derechos de las mujeres. Hasta ahí, un aplauso unánime. Sin embargo, una vez conquistado el poder, Errejón, uno de los líderes y fundadores de Podemos, ejerce el poder a su manera como un caudillo adicto al sexo violento. Imponiendo su ordeno y mando saltándose las leyes contra los abusos sexuales, la violencia de género, el maltrato físico y psicológico contra las mujeres que se niegan a ser sumisas y esclavas del abusador sexual. Es decir, Íñigo Errejón, el nuevo Rasputin español, el macho ibérico, ejerciendo sus poderes políticos y personales por encima del Poder Judicial y del sexo no consentido, golpeando la voluntad y la dignidad de una o varias mujeres.
Cuando el poder político está por encima del poder de la razón, del sentido común y la moral, el político indecente (no generalizo), se comporta como un monstruo y un sanguinario abusador sin escrúpulos ni dignidad. Es en ese instante cuando el político, el hombre, se comporta como un animal salvaje.
¿Estamos ante un falso marxista, comunista y leninista que actúa, presuntamente, como un dictador psicópata?
Urge reformar la Constitución y el Código Penal para, si se confirma el «caso Errejón», que se castigue sus actos con prisión.
El abuso de un diputado contra una mujer indefensa utilizando su poder político, tiene que ser condenado sin dilación ni tanto falso protocolo policial y judicial. Ciertos jueces tienen que perseguir, investigar y condenar otras maniobras políticas donde se ocultan diversos delitos de gran calado. La banalidad del mal también está presente y disfrazada de «Angel de la Guarda», cuando, realmente, se trata de un ángel de la muerte.
Aquí, el que la hace, la paga. Errejón, el hombre con cara de niño bueno, simpático y cariñoso, es solo un botón de muestra de una España políticamente podrida y corrompida.
¿Cuántos «errejones» de la política enfangada frecuentan los prostíbulos y tugurios donde la danza, el baile, se convierte en placeres sin control?
¿Cuántos representantes públicos son clientes asiduos de los arrabales oscuros, a media luz, donde se organizan orgías y se practican los abusos sexuales con menores en nombre de la democracia?
¿La lujuria y la alucinación le hicieron perder el control a Íñigo Errejón convirtiéndose en el doctor Jekyll y el señor Hyde?

