El investigador aficionado de Los Silos, José Manuel Estévez, que ha jugado un papel activo en la vigilancia y la defensa de los restos de represaliados de la guerra civil frente al olvido histórico, forma parte parte del equipo de técnicos y arqueólogos que investigan el origen de los restos humanos aparecidos en la costa de Garachico.
Entrevista a José Manuel Estévez en Radio San Borondón
🔒 Al reproducir se cargará el reproductor de iVoox y sus cookies.
La investigación, liderada por Luana Studer Villazán, profesor de la ULL especialista en historia contemporánea, trata de determinar si los fragmentos óseos corresponden a una víctima del golpe de Estado franquista o si pertenecen a los estragos de fenómenos naturales históricos como el aluvión de 1826 o la tormenta de 1645.
Memoria histórica contra el olvido institucional
José Manuel Estévez destaca el valor pedagógico del hallazgo para concienciar a las nuevas generaciones sobre el pasado de la isla. El investigador resalta el cambio de sensibilidad en la ciudadanía y en las fuerzas de seguridad, como la Policía Canaria, contrastando la apertura actual con el oscurantismo de épocas pasadas.
A este respecto, Estévez recuerda episodios de hallazgos previos en los años 50 y 70 que fueron sistemáticamente sepultados por las autoridades de la época. Entre ellos, el caso de Candelaria Melo, una joven de Los Silos presuntamente asesinada en las décadas de los 30 o 40 por vínculos con la Falange y la Guardia Civil, cuyo descubrimiento fue encubierto bajo la falsa premisa de que eran restos de origen guanche, a pesar de encontrarse junto a objetos de plástico.
El impulso altruista por el patrimonio
La implicación de Estévez en la excavación de la playa de Barranco Hondo responde a un compromiso vitalicio con la tierra y la historia local. El investigador defiende la necesidad de conocer el pasado para comprender el presente y evitar que la historia sea vandalizada o caiga en el olvido.
Tras la clausura de los trabajos de campo, se plantea la creación de grupos de voluntarios intergeneracionales para colaborar de forma oficial con el departamento de Patrimonio Histórico, garantizando que los secretos que aún custodia la costa tinerfeña salgan a la luz con el rigor científico y el respeto humano que merecen.
Un hallazgo envuelto en misterio científico
Los trabajos arqueológicos en el yacimiento acaban de ser clausurados temporalmente para dar paso al análisis de laboratorio. Por el momento, los datos científicos confirmados son escasos debido al estado de los restos, de los cuales solo se conserva la mandíbula inferior y la ausencia del cráneo.
Los primeros análisis estiman que se trata de un individuo de entre 25 y 30 años de edad, con una estatura aproximada de 1,65 metros, aunque el sexo no se ha podido determinar todavía. El laboratorio tendrá la última palabra tras el laborioso proceso de tamización y análisis del material recuperado.
Entre la represión bélica y la furia de la naturaleza
La hipótesis inicial no descarta el componente político y vincula el hallazgo a la represión desatada tras el golpe de Estado de 1936. Sin embargo, la estratigrafía del terreno abre con fuerza otras dos vías históricas ligadas a catástrofes naturales que asolaron la comarca de Garachico.
La primera de ellas apunta a la gran tormenta de San Florencio de 1826, un aluvión catastrófico que, según las crónicas de Sabino Berthelot, dejó al menos siete desaparecidos en la zona. La segunda alternativa sitúa los restos aún más atrás en el tiempo, concretamente en la tormenta de San Dámaso de 1645, un temporal que sepultó el antiguo puerto del municipio y provocó la muerte de un centenar de personas.




