Por: José Manuel Rivero. Abogado-Analista político
La reciente decisión de la justicia francesa de abrir una investigación penal contra Fabrice Leggeri —exdirector de la agencia europea de fronteras (Frontex), hoy eurodiputado de la Agrupación Nacional— por presunta cooperación en crímenes contra la humanidad y tortura constituye un hito ineludible que la prensa hegemónica española ha preferido silenciar. Tal y como ha diseccionado el diario L’Humanité, en su edición de 24 de marzo de 2026(https://www.humanite.fr/societe/exiles/fabrice-leggeri-lex-patron-de-frontex-vise-par-une-enquete-pour-complicite-de-crimes-contre-lhumanite#), la querella impulsada por la Liga de los Derechos del Hombre (LDH) y Utopía 56 desvela que la masacre en el Mediterráneo no es un accidente geográfico, sino una política estructural. Bajo la dirección de Leggeri, Frontex sustituyó metódicamente los operativos de salvamento marítimo por vigilancia aérea con un objetivo perverso: alertar prematuramente a las milicias libias para ejecutar devoluciones en caliente masivas, condenando a miles de seres humanos a campos de tortura y a la muerte sistemática. Entender este fenómeno exige abandonar la ilusión de un aparato burocrático neutro: las fronteras europeas operan hoy como el brazo coercitivo de un sistema global que necesita gestionar mediante la violencia a las poblaciones excedentes que sus propias contradicciones económicas y saqueos materiales han expulsado de sus territorios.
El tránsito de Leggeri desde la cúspide de la tecnocracia europea hasta las filas de la extrema derecha de Marine Le Pen carece de toda inocencia biográfica; es, por el contrario, un movimiento orgánico de enorme calado histórico. Demuestra que la crueldad administrativa institucionalizada en Frontex y el discurso explícitamente racista de la Agrupación Nacional son dos fases de un mismo proyecto hegemónico. La extrema derecha opera canalizando el malestar material de las clases populares hacia el chivo expiatorio del trabajador migrante, fracturando así cualquier atisbo de solidaridad de clase. Que el máximo ejecutor de la violencia fronteriza se haya quitado la máscara de funcionario aséptico para erigirse en cuadro dirigente del ultraderechismo evidencia cómo el fascismo contemporáneo se nutre, se incuba y se legitima desde dentro de los propios aparatos represivos del Estado.
Este análisis de las fuerzas que operan en el seno de Europa resulta vital para anticipar la dinámica histórica en nuestro propio territorio. La Agrupación Nacional francesa tiene en España su reflejo exacto en Vox, una fuerza reaccionaria cuyo programa político orbita en torno a la criminalización sistemática de la inmigración y la fragmentación social. El verdadero peligro estructural de una entente gubernamental entre el Partido Popular y Vox no se limita al retroceso en el debate público, sino a la toma de control material de los resortes coercitivos del Estado. Que esta ideología asuma el mando de las políticas de Interior y Extranjería supondría la importación e institucionalización de la «doctrina Leggeri» en la frontera sur de Europa: Canarias, Ceuta y Melilla convertidas en laboratorios de la barbarie oficial, donde la vulneración de los derechos humanos y la represión violenta se consagrarían como norma de gestión estatal. Comprender la metamorfosis del terror institucional en capital político, tal como nos advierte el caso de Leggeri, es un imperativo analítico para organizar la contención frente al bloque reaccionario que aspira a gobernar España.

