José Manuel Rivero. Abogado-Analista político.
El orden internacional, ese frágil andamiaje de papel que pretendía civilizar la rapiña entre las naciones, ha sido definitivamente triturado por una realpolitik que no es otra cosa que barbarie tecnificada al servicio del capital. Lo que hoy se despliega ante nuestros ojos en el eje que une al Ártico con el Sahel, con el archipiélago canario y el Sáhara Occidental como epicentros de una tormenta perfecta, es un proceso de acumulación por desposesión que ignora cualquier vestigio de legalidad. No estamos ante una crisis diplomática, sino ante una reconfiguración violenta del mapa geopolítico donde la soberanía de los pueblos es el activo que se liquida en el mercado de la impunidad imperialista.
La reciente alianza estratégica entre Boluda Corporación Marítima y la estatal marroquí Marsa Maroc —que ya controla casi la mitad del capital de terminales clave en nuestros puertos— representa la consumación de una penetración económica que debería ser leída como un acto de claudicación. La anunciada visita del Presidente de la vaciada autonomía de Canarias, con una amplia representación empresarial, a Marruecos, lo corrobora. Bajo el cínico ropaje de la «eficiencia logística», asistimos a la entrega de infraestructuras críticas canarias a la satrapía alauita. Es el caballo de Troya operando a plena luz del día: El Puerto de la Luz y Las Palmas se ofrece como taller de mantenimiento para los buques con los que Marruecos pretende expoliar las tierras raras y el telurio de nuestras aguas, con la aquiescencia del Estado español. La infraestructura pública se convierte así en la servidumbre de una potencia ocupante que no oculta su ambición anexionista sobre el espacio vital marítimo del archipiélago.
Este expolio no se explica sin la perversa alianza entre la monarquía marroquí y el sionismo internacional y que cuenta ya con la pasividad aquiescente española, con el apoyo de la oligarquía canaria representada por el Sr. Clavijo. La integración de Marruecos en el llamado «Consejo de Paz» trumpista, para el expolio de Palestina, no es más que la formalización de un eje del mal diseñado para aplastar las aspiraciones de autodeterminación del pueblo palestino que es objeto de un crimen de genocidio. Al aceptar los términos de los Acuerdos de Abraham, Rabat no solo ha normalizado su relación con el ente sionista, sino que ha importado sus métodos de ocupación ilegal, represión y asentamiento colonial para aplicarlos en el Sáhara Occidental. Es una simbiosis de opresión: el apoyo tecnológico y militar sionista a cambio de la legitimación marroquí a la ocupación y genocidio en Palestina . Para el pueblo saharaui, esto supone un negro augurio de mayor represión, muros de arena más altos y un aislamiento internacional blindado por el veto estadounidense y el dinero de las multinacionales que ya se reparten los fosfatos y la pesca del territorio robado.
La sombra de Donald Trump, con su desprecio absoluto por el derecho internacional, termina de configurar este escenario de guerra. Para Trump, la paz no es un derecho humano, sino una transacción; y el derecho internacional, un estorbo para el despliegue de la fuerza. Sus recientes y amenazantes declaraciones sobre Groenlandia, donde no descarta ya el uso de la fuerza militar para asegurar el control de un territorio que considera «estratégicamente necesario», son el aviso de lo que está por venir para Canarias. El archipiélago está siendo diseñado para ser la «Groenlandia del Sur»: una plataforma militar avanzada, un portaaviones fijo del AFRICOM para la reconquista imperial del Sahel. En la lógica del Pentágono, nuestras islas no son un lugar de vida, sino un nodo logístico para el despliegue de tropas y el control de los recursos energéticos de África Occidental y el Sahel. La militarización del Atlántico, desde el deshielo ártico hasta nuestras costas, es la respuesta del neofascismo global a la crisis de hegemonía del dólar.
Frente a esta pinza mortal que forman el expansionismo marroquí, el brazo armado del sionismo y el imperialismo estadounidense en el África noroccidental, la respuesta no puede ser el lamento ni la diplomacia de salón de un Estado español y una farsa de Autonomía claudicantes. Se hace imperativa la toma de conciencia sobre el peligro existencial que corremos. La barbarie que se cierne sobre nuestro pueblo y la humanidad solo puede ser frenada mediante la articulación de un Frente Amplio antiimperialista y anticolonialista a nivel mundial. Es la hora de defender la Paz no como ausencia de conflicto, sino como el ejercicio pleno de la soberanía popular frente a las élites extractivas.
Hoy, más que nunca, es necesaria la construcción de una V Internacional Socialista que aglutine las fuerzas de resistencia contra este neofascismo que mercadea con naciones y pueblos. La lucha por la liberación del Sáhara Occidental, la defensa de la soberanía de nuestro pueblo canario y la integridad de Canarias, a través del derecho a la autodeterminación, son una misma batalla contra un sistema que ha decidido que la fuerza es la única fuente de derecho. Ante el eje de la infamia, solo cabe la solidaridad internacionalista y la organización revolucionaria para salvaguardar el futuro de las generaciones venideras frente a la voracidad de un imperio que, en su ocaso, se vuelve más peligroso que nunca.

