Entre la guerra y la esperanza

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Apuntes sobre las últimas elecciones y el futuro político de Ecuador

Por: Rommel Aquieta Núñez

Enero terminó y para muchos países del mundo el arranque del año es esperanzador. En Ecuador es todo lo contrario. Enero resulta aterrador y macabro. El cierre del primer mes de 2025, dejó un rastro de sangre y violencia marcado de manera imborrable en la historia de esta nación. Más de 650 muertes violentas se produjeron solamente durante los primeros 24 días de enero en este país.

Desde que existen registros y datos oficiales sobre muertes violentas (2010), Ecuador no había alcanzado nunca antes una cifra tan alta de homicidios. Hoy, en cambio, esa cifra representa el asesinato de una persona cada hora, en promedio, dentro del territorio nacional.

La población ecuatoriana vive un contexto de violencia y guerra interna que parece interminable. Los muertos se transforman en estadísticas y estás a su vez se vuelven parte de los discursos de los candidatos de turno, quienes en medio de un paisaje desolador buscan conseguir votos para alcanzar la presidencia del país y desde allí construir la paz que su pueblo tanto anhela.

Febrero arrancó con una atmófera electoral inundándolo todo. Las campañas y la algarabía por el proceso democrático disfrazaron por minutos el “conflicto armado interno” que se vive al interior del país. El segundo domingo de este mes, el terror parecía detenerse momentáneamente. El 85% de la población ecuatoriana llegó hasta los recintos electorales para sufragar. A las 17h00, el proceso electoral culminó y entonces comenzaron las especulaciones, mientras la información estadística empezaba a circular por todas partes. Las cadenas nacionales en televisión compartieron los primeros datos no oficiales, muchas cifras fueron lanzadas al público sin verificación ni contraste. Las noticias engañosas ahogaron el contenido digital en redes sociales. Todo se volvió incertidumbre.

13.7 millones de ciudadanos esperando por horas los resultados oficiales. Solo así podrían conocer cuál será el rumbo que el país tomará durante los próximos cuatro años. Tendencia, mesura, fraude y victoria fueron las palabras que empezaron a marcar el clima post sufragio. Dos partidos y líneas políticas completamente opuestas, dos proyectos y actores protagónicos reconocidos comenzaron a sonar entre los titulares de las primeras noticias. Luisa González de Revolución Ciudadana (RC) y Daniel Noboa de Acción Democrática Nacional (ADN) lideraron la votación al iniciarse los registros oficiales.

El conteo de los votos fue lento, el registro de los datos mucho más. La página web del Consejo Nacional Electoral de Ecuador presentó problemas de conexión y dificultad de accesibilidad para los millones de usuarios que buscaban conocer de primera mano información oficial. Sin embargo, la tendencia parecía revelar, como lo pronosticaron los análisis previos de intención de voto, que la primera vuelta electoral en Ecuador tendría un empate técnico. González y Noboa pasaron a una segunda vuelta electoral. El porcentaje de diferencia de los votos conseguidos por uno y otro candidato fue mínimo.

En el norte de Quito, la ciudad capital de Ecuador, los juegos pirotécnicos y los festejos se detuvieron. La sede de ADN, donde Noboa, el presidente candidato como muchos lo llaman, estaba a punto de festejar, se cubrió de silencios. El resultado parece no ser el esperado por el oficialismo. Las celebraciones se cancelaron. Noboa no llegó jamás con sus simpatizantes y equipo. La Revolución Ciudadana por su parte decidió no emitir mayores declaraciones y mantenerse a la espera. Cuidaron meticulosamente sus pronunciamientos en medios hasta tener certezas de su triunfo y afirmación como una de las fuerzas políticas más importantes de su país. Esto se ratificará con el paso de los días.

Las horas fueron develando las cifras oficiales y estas se alejaron de los resultados presentados por el único y autorizado exit poll –encuesta realizada a la salida de las urnas- que publicó de manera casi inmediata al cierre del proceso, datos que mostraron como potencial ganador al candidato presidente Daniel Noboa, muy por encima de su contrincante directa Luisa González. Antes de llegar a la media noche, la falsedad de aquellas cifras quedaría en evidencia ante una tendencia electoral que comenzaba a definir una realidad muy lejana a la presentada luego de ejecutar el supuesto método de encuesta.

La revolución ciudadana y sus candidatos no solo consiguieron un empate técnico en cuanto a las elecciones presidenciales, ingresando a una segunda vuelta electoral, sino que además se posicionaron victoriosos al consolidar el bloque más grande en la Asamblea Nacional con un total de 67 escaños conquistados hasta el momento.

Con un oficialismo completamente desorientado, en los días posteriores a las elecciones efectuadas en Ecuador, los planes para la segunda vuelta ya comienzan a delinear estrategias, buscar alianzas y consolidar acciones. Las declaraciones del candidato presidente, sin embargo, son el centro de atención. Sus palabras trasmitidas en vivo y en directo permitieron a la población nacional y a la comunidad internacional escuchar una vez más un discurso engañoso. “En ciertas provincias votantes recibían amenazas de grupos armados para que voten por la candidata que los representa”, afirmó Noboa. Sus afirmaciones completamente lejanas a la verdad no hacen más que reflejar el evidente malestar y la inseguridad de un Noboa que continuando practicando el culto a su personalidad.

Mientras Ecuador se desangra y la violencia no se detiene, el gobierno del candidato presidente sigue improvisando y mintiendo. No hay planificación, ni gestión para solventar las necesidades de la población. Todo parece estar en modo standby. Los esfuerzos, la energía y la atención de los principales actores gubernamentales están volcados a la campaña de su candidato presidencial.

En este marco comienza la última guerra política. Los dos candidatos que buscan la presidencia en la segunda vuelta deben conseguir más votos para marcar su victoria. 1.1 millones, esa es la cantidad de votos que definirá el ascenso al poder del nuevo candidato triunfante.

Alrededor de 500.000 de esos votos conformaron la base que Leonidas Iza Salazar, presidente de la CONAIE y uno de los principales luchadores sociales del Ecuador obtuvo en la primera vuelta. Su participación política y su apoyo en este segundo capítulo electoral resulta fundamental para que la izquierda alcance el poder y cambie la realidad de una nación gobernada por su contrario ideológico durante los últimos tres períodos presidenciales. “Cualquier criterio se analizará y resolverá de manera colectiva”, afirmó Iza. Esto en relación al planteamiento de un diálogo, acercamiento o posible apoyo a la Revolución Ciudadana y su candidata. Los votos y el apoyo político del movimiento indígena sin duda alguna podrán definir el futuro del Ecuador.

La última guerra política se libra en condiciones desiguales en Ecuador. El presidente candidato ha comenzado nuevamente a usar el poder que ostenta como primer mandatario para violar la constitución, ejercer presión mediática, difundir falsas acusaciones, usar recursos del estado para su campaña y volver a llenar no solo las redes sociales sino el territorio completo con sus figuras de cartón en tamaño real.

Marzo será el mes donde se defina todo. El domingo 23, tendrá lugar una vez más el debate presidencial donde ambos candidatos deberán mostrar a la población entera sus proyectos, ideas y planes políticos. La campaña oficial para la segunda vuelta electoral arrancará un día después y culminará el 10 de abril.

El 13 de abril tendrán lugar las elecciones generales para definir al vencedor de esta contienda política. Este día bien podría pasar a la historia nacional ecuatoriana como un hito. Tal vez en unos años sea recordado como la fecha que marca una guerra pérdida, imaginando el escenario más oscuro.  O quizás, solo quizás como muchos anhelan, este día podrá convertirse en uno de los hitos más importante de la izquierda ecuatoriana, al representar el sueño luminoso donde al fin se superen los intereses partidistas de los diversos sectores que la conforman, consolidando una integración real de las fuerzas progresistas, marcada por la búsqueda y la transformación de una sociedad que necesita más que nunca dibujar en su futuro un nuevo horizonte político más humano, con justicia social, rebeldía y dignidad.

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