Mayo del 68, cuarenta y ocho años después

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La mayor parte de los medios de comunicación de la vieja Europa parecen pasar de puntillas por el nuevo Mayo Francés, como si temiesen que la rebelión pudiera extenderse, como si fuera tabú que nos enterásemos que el país de la Revolución Francesa, La Bastilla y las Guillotinas no acepta de nuevo las injusticias.

El desempleo en Francia, considerado «crónico» por Hollande, es la mitad de la cifra «oficial» de España una vez maquillada convenientemente por el procedimiento de transformar parados en jubilados empobrecidos y ocultar la población que ha emigrado. Las medidas impuestas por Hollande no son tan drásticas como las de los sucesivos Decretos-Ley en España del Partido Popular, enfangado hasta las trancas por la corrupción más asquerosa. Por si fuera poco, el salario medio interprofesional de un francés es el doble que el de un español.

¿Por qué los españoles hemos aceptado tan dócilmente las sucesivas reformas laborales del PSOE y del Partido Popular? ¿Por qué nos resignamos ante la evidencia de nuevos recortes, el agotamiento de la hucha de las pensiones, la certeza de que el estado se desmorona rendido a los pies de los mercados y el neoliberalismo?

La respuesta podría ser que, quienes son conscientes de lo que está pasando y de lo que va a pasar, los que no están narcotizados por Tele5 y productos similares, tienen miedo a que la situación económica pueda empeorar. La respuesta podría ser, también, que aunque mañana aparezca Mariano Rajoy en el Telediario con una escopeta de cañones recortados asaltando una farmacia, el PP con él a la cabeza seguirá siendo el partido más votado. También podría ser que Cándido Méndez e Ignacio Férnández Tóxo estaban demasiado ocupados pelando langostinos con la patronal y no se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo en la clase trabajadora de España.

¿Quiere esto decir que el neoliberalismo y la derecha es la opción política preferida en España? Creo que no, eso sería como afirmar que ser pobre y de derechas no es una soberana gilipollez. Creo que está más relacionado con el descerebramiento oficial: mientras en Francia la lucha continuaba, el sábado 28 de mayo por noche, los bares hervían de fervor futbolero al ritmo que marcaban los televisores de plasma. 

Creo que la respuesta es que nos pasa lo que nos está pasando porque no somos franceses.

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