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Fraude turistico, los que vienen del más allá

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EL BAR DE PEPE

Joaquín Hernández

{mosimage}Del arado pasamos a poner ladrillos en los apartamentos y hoteles de las playas de las islas, de la paleta  pasamos a la plata y a servir en los restaurantes, bares y hoteles de nuestras costas. Canarias vive a expensas del turismo, de esa economía de “cuerda floja”, de “funambulismo”, que dicen los expertos en cifras macro económicas es el peor producto interior bruto que puede tener un país.

El negocio turístico, del que dependen las islas Canarias, es  inestable; Túnez, Turquía, Egipto, son claros ejemplos de la inestabilidad del sector; un atentado terrorista es capaz de dejar una secuela de horror que tendrán pasar varios años antes  que vuelvan a confiar alemanes, ingleses, italianos, españoles, franceses, etc., en esos destinos turísticos. Ya tuvimos esa experiencia en el año 1990 cuando se declaro la I guerra del Golfo, se cancelaron todas las reservas durante agosto de 1990 hasta marzo de 1991. En aquella ocasión tuvimos suerte y las bajas y cierres de hoteles y restaurantes no llegaron a ser muchas, pero si hubieron despidos masivos de empleados.

Lo “gracioso” y no por ello indignante es que los canarios, históricamente, sólo recogemos migajas de la cuantiosa bolsa que deja en las islas esa asombrosa clientela turística, que año por año se ve incrementada batiendo record tras record. Los datos son estos: Año 2015,  se prevé la llegada de turistas a las islas Canarias en una cifra cercana a a los 14 millones de extranjeros y nacionales, dejando unas entradas superiores a los 9.000 millones de euros y los ingresos totales vinculados al turismo superaran los 12.900 millones de euros

Barajando estas cifras se podría suponer que los canarios gozamos de una industria turística, supone el 85% del PIB, que da pleno empleo a un alto porcentaje de población activa, que la riqueza de esa grandiosa fuente de ingresos nos permite realizar una buena política activa en materia social, que por ende gozamos de la mejor sanidad y educación del Estado español, y que no hay canario sin techo, comida y trabajo. La realidad nos dice lo contrario, tomen nota por favor, que seguro no me equivoco un ápice: la plantilla de empleados en el sector es inferior a la que existía en el 2010 cuando nos visitaban 11 millones de turistas, si a eso le añadimos unos salarios que han bajado en más de un 50%  el resultado es el siguiente: Más turistas, más ingresos, con menos trabajadores, con menos salario, con más horas productivas, de todo esta martingala resultan unos  beneficios, dicho coloquialmente, de cojones. Si a esto le unimos el invento del “todo incluido” nos encontraremos ante un panorama de negocios extraordinario.

Claro que los que nos visitan del más allá (me refiero a los  guiris) y observan nuestras autopistas, aeropuertos, puertos marítimos, grandes hospitales, etc. se creen, en su gran mayoría, que aquí en Canarias “vivimos como Dios”, o sea que atamos a nuestros perros con longaniza. Aquí como ahí, allá, o allí viven bien los 40 chorizos de siempre comandados por el Alí Baba, o sea los políticos que babosean alrededor de los todopoderosos tour operadores, grandes cadenas hoteleras, y mafia organizada.

La Ley del silencio se impone, ningún periodista se atreve a informar sobre dónde va el dinero que genera el turismo en Canarias, quienes son los que manejan el cotarro y tiran de los hilos del chollo “sol y playa forever”, pero sí está claro que algo importante falla. Los no duchos en la materia sabemos cosas que son realidades: Tenemos el mejor clima del mundo, dicen que pertenecemos a Europa, somos el balneario de millones de personas, un turismo repetitivo y creciente con una red hotelera aceptable… ¿Dónde y cómo se invierte el dinero que generan los que vienen del más allá? Estudios efectuados en zonas turísticas azotadas por el terrorismo islamita dicen que la población en situación de pobreza aumentó en un 40% a los seis meses después del atentado y al año pasó a ser del 65%  Que Dios reparta suerte y nos libre de la zarpa terrorista en nuestro Archipiélago Canario. de ser así de los 800 mil canarios que en la actualidad están el umbral de la pobreza, de los que 450 mil están en pobreza severa, o sea el 40% de la sociedad canaria, pasaríamos a pasar miseria y hambre más del 80% sobre una población de 2.3 millones de personas. De otro lado está el problema de la insularidad, el 80% de lo que consumimos lo exportamos, el sector primario lo tenemos abandonado  y la industria es prácticamente inexistente. Es urgente que dejemos de mirar nuestro ombligo y buscar soluciones que nos permitan tener menos dependencia del turismo, es urgente que el producto de la caja del turismo se emplee en energías alternativas, en volver a recuperar nuestra agricultura y pesca, a recuperar la industria de la transformación, etc.

Si no lo hacemos así y seguimos dando la espalda a la urgente necesidad de un cambio radical en la política económica de nuestras islas, es muy posible que acabemos igual que tunecinos, turcos, egipcios o argelinos, por no decir marroquís que también están en el trapecio del terror.