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Eutanasia

  • Published in Salud

EL BAR DE PEPE

El fallecimiento de una recién nacida sólo tenía 3 meses de edad, por falta de una operación de corazón debido al cierre de la Unidad de Cirugía Coronaria Infantil en el Hospital Negrín de las Palmas de Gran Canaria, provocó pocas críticas en relación con la importancia de la noticia.
Los medios de comunicación isleños y nacionales estuvieron aletargados ante la muerte de un bebe por falta de asistencia médico-quirúrgica, como si todo esto se encontrara dentro de la más elemental “lógica”.
La disculpa de las autoridades sanitarias fue la de siempre; echar balones fuera del aérea y decir que “hubo mala suerte porque estaba a punto de trasladar al bebe a una unidad de cirugía cardiovascular infantil en el Hospital Valle de Hebrón de Barcelona”. De manera que cierran los quirófanos y despiden a los cirujanos italianos que venían cada mes a operar a los niños con deficiencias coronarias por “falta de presupuesto” y luego nos gastamos el doble en llevar fuera de nuestras islas a los pequeños enfermos.
Vivir en unas islas conlleva el costo de la insularidad, en caso de emergencia no es igual habitar terreno continental que insular, eso lo saben hasta las ratas amarillas. Nosotros, los españoles en general pero los canarios con mayor necesidad, no podemos permitirnos el lujo de recortar en nuestra salud, bajo ningún concepto debemos aceptar que vuelva a ocurrir historias similares a la de la niña fallecida. Si se debe privatizar algo no debe ser la gestión de la sanidad pública, es decir Sanidad Pública gestionada como privada en sus conceptos de control de personal, mejor aprovechamiento de la capacidad hospitalaria, eliminación de listas de espera, etc.
La eutanasia económica siempre ha existido y los culpables han sido aquellos que por acortar el puñetero déficit son capaces de dejar morir a gente inocente y nada culpable de la política carroñera, buitre y de lo absurdo, de la economía buitre y carroñera.
Ahora se está produciendo este tipo de “eutanasia” encubierta, pero no es cuestión de echar la culpa a la pandemia del coronavirus covid19, ya en años anteriores este sistema de muerte anticipada para optimizar los medios hospitalarios en unidades de cuidados o de vigilancia intensiva, era una práctica más habitual que lo normal, ahora en este año de pandemia se ha visto lo     que numerosos médicos vaticinaban, tenía que pasar lo que está sucediendo para dar rienda suelta a la ley del derecho a la eutanasia. Pero la pregunta que todos nos hacemos no es la del derecho del ser humano a decidir el momento de su muerte, no es eso lo que se está aprobando, la ley que saldrá de la Cámara de los Diputados también servirá para acallar conciencias de aquellos que, sin leyes que les protegiera, utilizaban la eutanasia económica por el “bien general”
¿Cuántos se quedarán “en la cuneta” antes de poder acudir a la rehabilitación o a la diálisis? ¿Cuántos en morirán en las largas listas de espera esperando una operación urgente que nunca llega o llega post mortem? Pero nada, parece que no sucede nada porque le sucede al vecino y no es nuestro problema, ¿verdad? Y cuando el problema nos toque de lleno a nosotros, a nuestros familiares o amigos ¿Qué haremos? ¿Seguiremos escondiendo la cabeza debajo del ala o miraremos la pelusa de nuestros obligos, insensibles a todo? ¿Cuántos muertos tendremos en el año 2022, subiremos un 30% el porcentaje con respecto a 20021, sin poder echar la culpa a la pandemia? ¿Seguiremos jugando a las estadísticas con futuras eutanasias económicos, mientras salvamos bancos y entidades financieras sin que el menor escrúpulo sonroje nuestras mejillas, sin que podamos luchar por salvar las vidas de nuestros padres, hijos, familiares o amigos?
Si de lo que se trata es de legalizar el suicidio asistido,  voluntariamente por propia iniciativa y ante una vida indigna , bienvenida sea la ley de Eutanasia, pero si sirve para justificar la falta de medios en la sanidad pública para este viaje no se necesitan leyes.