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Mentir está de moda

  • Published in Política

Mentir, insultar y desestabilizar al presidente Pedro Sánchez. Esa fue la 'estrategia' de Núñez Feijóo entrenada durante una semana con sus asesores ante el 'cara a cara' con el presidente del Gobierno. Esa tramposa y vieja técnica sucia y barriobajera deslució el debate.

Se habló no sabemos de qué y no se habló de nada. Lo más deplorable del debate emitido por Ante3TV fueron los reproches, las mentiras, las interrupciones, las descalificaciones personales y otros insultos y despropósitos vergonzosos. Faltó el rigor y la decencia política. Se impuso el navajeo, la bazofia y la falacia.

El bajo nivel político del debate, evidenció, una vez más, la mediocridad política que nos ha tocado sufrir. No hay política ni políticos con sentido de Estado. Se echa en falta a aquellos grandes líderes de la transición que construyeron la España democrática. Tuvimos una clase política universitaria, culta, educada, elegante, tolerante  y respetuosa en la que destacaban profesores universitarios, licenciados, catedráticos, abogados y juristas de prestigio, ingenieros, médicos, intelectuales, hombres y mujeres de la cultura y otros colectivos procedentes de la clase obrera y del mundo sindical. El objetivo era reconstruir España desde la palabra, el diálogo y el consenso.

Quienes disfrutamos de la suerte y oportunidad histórica de ver a través de RTVE los debates en el Congreso de los Diputados, gozamos y aprendimos de aquellos brillantes oradores sin recurrir al insulto, a las descalificaciones y a la crispación vulgar, mediocre, verdulera y salvaje como han protagonizado en estas últimas legislaturas los grupos de la oposición tanto en el Congreso como en el Senado.

Volviendo al 'cara a cara' entre Sánchez y Feijóo, se habló de todo, pero no se habló de nada. Aquel escenario o plató de Antena3TV, parecía más bien la barra de un bar o cafetín de un barrio de matones. La imagen que ofrecieron Sánchez y Feijóo fue la de dos vecinos mal avenidos que se encaran en una crispada discusión para demostrar a los vecinos del pueblo allí reunidos quién insulta más a quién, mientras el camarero les sirve whisky de garrafón.
Ciertamente, el debate fue una especie de 'duelo' entre dos personas que convirtieron el plató en un ring de boxeo. La educación y el respeto brillaron por su ausencia. La ira y la inquina expresada verbalmente por Núñez Feijóo -que logró tensionar y desestabilizar a Sánchez-, desenmascaró a un hombre intolerante, agresivo, vengativo, ruin, exaltado, nervioso y nada moderado. Todo lo contrario de lo que dice ser. Núñez Feijóo no representa la moderación, sino la provocación. En esa trampa quedó atrapado el presidente del Ejecutivo que, además, cometió el error de infravalorar al presidente de Partido Popular.

A Pedro Sánchez se le olvidó que, aparte de ser un candidato, era y es el secretario general del PSOE y presidente del Gobierno de España.
Un político con sentido de Estado como lo es Sánchez, no puede acudir a un debate visto por millones de telespectadores partiéndose de la risa, paseando por el plató como si estuviera dando una vuelta por un parque sin parar de reírse ante la mirada atónita de los paseantes. Los militantes y votantes socialistas echaron de menos el rigor, la seguridad y la confianza que siempre transmite su presidente. Sobraron las risas y faltó la seriedad, el liderazgo, el talante y el talento.

Los  “moderadores” estaban allí como una guardia pretoriana. Fueron incapaces de ordenar un debate tensionado y desordenado que resultó enmarañado, monótono, crispado y lleno de incoherencias. Núñez Feijóo se olvidó del 'juego limpio' y pasó al ataque sucio desde el fango.
No se expuso con claridad las alternativas programáticas de los dos candidatos. No abordaron temas tan candentes y primordiales como el presente y el futuro de nuestros jóvenes que no pueden independizarse porque los alquileres de las viviendas son prohibitivos y abusivos. En España, el Gobierno permite la práctica del "terrorismo del alquiler".

Tampoco se debatió sobre la huida o la marcha de España de médicos, enfermeras, enfermeros, ingenieros, investigadores y científicos en busca de un trabajo en otros países para ganar un salario digno.

En España es difícil o imposible vivir de alquiler cuyos precios representan más del sesenta por ciento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) establecido en 1.080 euros mensuales durante 2023.

En ese tenso y turbulento debate no dedicaron un solo minuto a la Formación Profesional, la investigación científica, las nuevas tecnologías, la ley de la Naturaleza, la biodiversidad, el modelo energético, el cambio climático, los flujos migratorios con miles de inmigrantes (migrantes) desaparecidos o muertos en el mar Mediterráneo y en aguas de Canarias. No se habló de la escasez de jueces y fiscales en toda España, así como de su situación laboral y económica.

Ni una sola palabra sobre los problemas de las infraestructuras y de la precariedad en las sedes judiciales que se han quedado obsoletas por falta de inversión y mantenimiento. En relación al colectivo de funcionarios judiciales y sus reivindicaciones profesionales y económicas, ninguna mención. Una prueba más de que el corazón de la Justicia está infartado y semi paralizado.

El debate no convenció a la mayoría de los españoles porque ni Sánchez ni Feijóo fueron a debatir ni a aportar soluciones a los problemas que preocupan a los españoles. 'El debate del insulto' no aclaró el oscuro panorama político, social y económico que se nos avecina de cara a las elecciones generales del 23 de julio. La que se nos viene encima es la ola gigantesca de la derecha y la ultraderecha que puede cambiar el rumbo de la historia de España. ¿Los votantes de izquierdas y progresistas van a permitir que el PP y VOX nos destierren al pasado más oscuro y tenebroso?

Lo que necesita España es seguir avanzando con una izquierda progresista y unida que nos aleje de los vientos y tempestades. Una España democrática y libre donde no se rompa la concordia y el entendimiento. No debemos consentir que la derecha y la ultraderecha deslegitimen y tumben nuestras conquistas democráticas. Y mucho menos que militaricen la política, nuestros valores éticos y morales, dejándonos arrastrar por la máquina arrasadora de la ultraderecha.