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Construir Canarias

  • Published in Política

“La patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo ni capellanía de nadie”. José Julián Martí Pérez. La Habana (1853-1895), escritor y político cubano.

Hace unos años, toda Europa lloró la foto del cadáver de un niño de corta edad flotando en agua, cuando su familia trató de salir de la guerra y el hambre para buscar una oportunidad mejor.
Algo parecido a lo que hacemos nosotros, cuando vemos a uno de los millones de personas que mueren fruto de las hambrunas y de los múltiples genocidios perpetrados en el continente africano al que pertenecemos, contra pueblos enteros.
Ninguno de nosotros es personalmente responsable de ello, pero colectivamente lo somos todos, como miembros de una sociedad europea, culpable en gran parte del expolio al que ha sido y sigue siendo sometida África.
Y, quizás, precisamente por esa pertenencia geográfica, la ciudadanía canaria habría de tener un plus de empatía con el drama humano que padecen tantas personas que, buscando un futuro que creen mejor, arriesgan casi lo único que tienen, sus vidas, para embarcarse en un cayuco y tratar del dar el salto a la tierra prometida, Europa.
El fenómeno migratorio no es nada nuevo, siempre se ha producido a lo largo de la historia de humanidad, y así ha sido como justamente, según nos indica la ciencia y la historia, los migrantes humanos de hace decenas de miles de años poblaron Europa, Asia y el resto del mundo, provenientes justamente de África.
Ahora, son millones los que quieren salir de su miseria, y es verdad que África entera no cabe en Canarias, siquiera como tierra de paso hacia otros lugares, y por ello, desde Canarias, todos y todas pedimos la implicación de Europa y del Estado Español en el control de su frontera sur, nuestro Archipiélago.
Pedimos solidaridad y justicia, pedimos implicación, alegamos, con razón, que es un problema común, y que debe ser resuelto entre todos, principalmente por las altas instancias europeas y españolas; decimos, porque es cierto, que los migrantes no quieren quedarse en Canarias, y que entran por aquí, al aumentar el control en otras zonas en el norte de África, que antes eran sus rutas habituales.
Decimos que Canarias no puede convertirse en otro Lampedusa o Lesbos, que no podemos ser un campo de concentración de inmigrantes, que han de ser derivados al continente, o en los casos en los que sea posible (siempre son los menos), a sus países, conforme establece la Ley española y la normativa internacional.
Creo que tenemos razones más que suficientes para realizar estas justas demandas, y no conozco a nadie que no esté conforme con ello, al menos a nadie que lo diga de manera pública.
Yo creo que es un total error, pero sobre todo una injusticia del Estado, no propiciar el reparto de estos migrantes entre las Comunidades españolas que se han ofrecido a contribuir en alguna medida, acogiendo una parte ellos en sus respectivos territorios, a la par que habría que mostrar una actitud más reivindicativa de España ante Europa para propiciar su implicación; porque hemos de ser conscientes que, si no se le da una solución, tendremos un grave problema más pronto que tarde, y creo que desde Canarias hemos de mostrarnos contundentes hasta donde se haga necesario.
Sin embargo, mientras exigimos la solidaridad del Estado y apelamos a la de Europa, hemos visto recientemente como desde algunos sectores de la jerarquía de Coalición Canaria, exponentes del arcaico insularismo más recalcitrante, se alzaban las voces de quienes hasta no hace mucho dirigían algunas de las más altas instituciones de Canarias bajo el lema “Una sola tierra”, negándose a compartir el peso de dar cobijo temporal a parte de los migrantes llegados a Canarias.
¿Cómo se puede defender ante España y Europa la necesidad de su corresponsabilidad frente al problema migratorio, cuando no se es capaz de mostrar una mínima empatía y esa solidaridad entre nosotros mismos? porque este no es un problema Gran Canaria, ni de Tenerife, es un problema de Canarias, de España y de Europa; y porque, en general, en mi opinión, todo problema de cualquier rincón de Canarias nos incumbe a todos los canarios, y todos juntos hemos de intentar darle solución, o al menos paliar sus efectos.
Y si no se piensa y sobre todo si no se actúa así, quizás algunos debieran dejar de autodefinirse como nacionalistas canarios; quizás sean insularistas de Tenerife, tan insularistas, como todos aquellos que, militen donde militen, mantienen actitudes similares desde el mismo u otros territorios insulares. Flaco favor le hacen a la canariedad quienes actúan de esa forma.
En mi opinión, Canarias no se construye en constante enfrentamiento con España o con cualquiera de los pueblos y naciones que la conforman; de la misma forma que España no se construye frente a Europa. Pero mucho menos, puede pensarse en recuperar y reconstruir esta tierra desde el enfrentamiento entre nuestras gentes y nuestros territorios.
Canarias no se construye frente a nadie, Canarias ha de ser un proyecto común de las ocho islas que la conforman, de sus habitantes y de sus instituciones, siendo justos y reclamando lo que en justicia nos ha de corresponder, mostrándonos exigentes cuando sea menester, pero siempre desde la solidaridad entre nosotros mismos y hacia los demás, desde el trabajo común, ayudando y siendo ayudados, aunando esfuerzos y evitando fratricidas y estériles enfrentamientos, que solo logran debilitarnos.
Siempre habría de ser así, pero en momentos como los que vivimos, nos resulta imprescindible porque nos va nuestro presente y nuestro futuro en ello.

 

Carmen Nieves Gaspar Rivero de Nueva Canarias y directora general de Relaciones Institucionales de la Vicepresidencia del Gobierno de Canarias.