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Rufián hace gala de su nombre

  • Published in Política

EL BAR DE PEPE



Si nos atenemos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra rufián significa: “hombre vil, despreciable que vive del engaño y la estafa”.

Juan Gabriel Rufián Romero, hijo y nieto nacidos en Alcaudete (Jaén) y Turón (Granada) forma parte de la élite de los llamados, peyorativamente por lo catalanes de “pedigree”, como charnegos, palabra usada en Cataluña, aplicada a los ciudadanos catalanes de origen emigrante, proveniente de las zonas castellano-parlantes de España.

A Juan Gabriel, nacido en Santa Coloma de Gramanet,  diplomado en Relaciones Laborales, también con un “máster” en Dirección de Recursos Humanos por la Universidad Pompeu Fabra, la llamada de la política, del servicio “altruista” a los demás le llegó muy joven, apenas con 25 años ya estaba muy implicado con los movimientos independentistas expresado en castellano, en “Sumate” inició su periplo político, luego, lo que vino después es lo normal de un trepa que, viendo las orejas al lobo del paro obrero, decidió dar un paso adelante y se sumó a las huestes de Ezquerra Republicana de Cataluña, los trepas siempre tienen puesto entre los entresijos de los partidos políticos y Juan Gabriel, como buen follonero, se hizo notar entre los mediocres pelotillas del partido catalán, mucho tuvo que medrar para que en el mismo año 2015, fecha de su entrada en ERC, se presentase a candidato al Congreso de los Diputados del Parlamento Español por la citada formación política.

Todo un ejemplo de trepa el del Excmo. Sr. D. Juan Gabriel Rufián Romero. No se puede hacer mejor, eso se llama “llegar y besar el santo”

No tardó mucho tiempo en hacer notar su presencia en el hemiciclo de la Cámara de Diputados del Estado Español, su indolencia y su falta de respeto a sus colegas de escaño se hizo una seña de identidad del charnego catalán, al que le importaba lo mimo el ocho que el ochenta, el caso es pasarse por el forro de los cojones el reglamento de la Cámara, las advertencias de la presidenta, mezclaba la verdad con la media verdad, la historia la manipula a su antojo y parece ser que la verdad la tiene patentada su señoría.

Lo más curioso de todo este asunto es la pregunta del millón, ¿qué hacen los miembros de un partido independentista, cuyo secretario general está encarcelado por presuntos delitos sedición, malversación de caudales públicos, predicación, entre otros, sentados en los escaños del Parlamento del Estado opresor? ¿Qué pinta Rufián en ese lugar tan odiado por él?

El 12 de diciembre del 2015, Juan Gabriel declaraba “En 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana” sin embargo dos años después de su ultimátum sigue mamando de la teta española, él y los otros 8 diputados de ERC.

Pero veamos cual es el verdadero motivo de ese comportamiento independentista:

El Rufián, gana de media mensual, incluidas las comisiones y como portavoz adjunto, 6.483,06 € al mes, o sea 77.796,72 € al año de los que aproximadamente unos 14.000 € exentos de impuestos.

Al chico malo de la película del circo de la Plaza de las Cortes, que será muy malo pero de tonto no tiene un pelo, se ha dado cuenta que versionar el hemiciclo parlamentario en plan programa de televisión tipo Sálvame de Luxe, es un chollo de mil pares, de momento tiene el récord, después de Pablo Iglesias, de ser el personaje público de la política española más requerido por lo medios de comunicación. No es extraño que, después del episodio de hoy con los insultos a Josep Borrell y el escupitinajo propiciado por uno de los nois del procéss al ministro socialista, aparezca en todos los telediarios y noticieros de prensa, radio y televisión.

En este país, todo lo que huele a mierda es noticia, y el rufián siempre busca carroña humana que devorar.

Con tipos como esté, los independentistas catalanes tienen asegurado, por lo menos, un boca chanclas cuyo discurso no es otro que llamar fachas, sin tener puta idea del significado de la palabra, más allá del que recoge el diccionario de la RAE.

Mucha mierda, demasiado mamón disfrazado de padre de la patria, de asco y de pena.