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La vida. La memoria histórica que nos queda

  • Published in Política

“De alguna manera, de alguna forma, nuestros padres evitaban hablarnos de la guerra civil española. En muchos hogares españoles, nombrar a la guardia civil era malo, hablar de Franco peor”.

Esta fue la frase lapidaría que, mi primo Ángel, al recordar nuestra juventud en tierras andaluzas, de las penurias y la influencia del régimen franquista, de la cabronada histórica de millones de españoles después del triunfo de los fascistas golpistas de Francisco Franco Bahamonde, “Caudillo de España por la gracia de los millones de muertos que dejó por el camino, porque Dios, lo que se dice Dios, si es que existe nunca hubiera dado su gracia a un tirano, como el general”.  dijo medio sollozando. Los dos teníamos muchas cosas que contarnos, mucha “memoria histórica” sin subvenciones, sin desenterrar cadáveres en ninguna cuneta, solo de nuestros recuerdos. Con un vino estupendo de nuestras islas Canarias, me decía:

“En los postreros de mi vida, me pongo a pensar, y saco una conclusión. Prácticamente, no sé nada de la vida de mi padre, estoy seguro, que fue intensa e interesante; solo puedo decir de él, era bueno, honesto, desinteresado y muy cariñoso; nació en Jun, el uno de mayo de 1.902 cursó sus estudios y se casó en Granada, el 30 de octubre de 1.929, su pasión fueron las Matemáticas y durante la República, fue un dirigente político del partido comunista.

Con el Golpe Militar Franquista, luchó en su Granada, para defender la libertad, la República y la Democracia hasta las últimas consecuencias.

Fue hecho prisionero por las huestes Franquistas, y condenado a muerte, sólo por defender sus ideales. En esa época había un caos tremendo en la plaza de toros granadina, convertida en campo de concentración donde miles de personas  y cada uno hacía de su capa un sayo; el hermano de mi madre, mi tío Ramón, era policía de la “Guardia de Asalto” y aprovechándose de tal desconcierto, lo sacó de la Plaza de Toros, donde estaba preso (esto me lo contó mi tío Ramón que ya era Oficial de la “Policía Armada”); como tenía que quitarse de en medio, se fue al norte, que aún estaban los Republicanos, sé que luchó en Valencia y en la famosa batalla del Ebro. Como muchos y viendo que la Guerra Civil ya estaba perdida, marcho a Francia y desde París, y de allí a Rusia (Moscú), se ve que estuvo poco tiempo en Rusia y regresó a París. Al cabo de los años, cuando todo se había tranquilizado, vuelve a Granada, para estar con nosotros, no obstante, le tuvieron vigilado durante toda su vida.

Nunca podía estar en reuniones en las que hubiese más de seis personas, y no podía pisar la Universidad. Fue un hombre solitario y hablaba lo justo; Siempre procuró que nosotros, sus hijos, fuésemos buena gente; no nos inculcó odio o resentimiento hacia los “vencedores”, aunque tampoco hizo falta.

Como he mencionado anteriormente, mi padre ha tenido una vida, movida e Interesante. Fue comisario Político del Batallón Thaelman de la onceava Brigada Internacional.

Claro está, que no fue un hombre feliz. Franco, le arruinó la vida y nos la arruinó a todos.

En uno de mis múltiples viajes a Paris en casa de mi hermano Pepito; hurgando en los papeles de Papá: veo una nota manuscrita que me llama la atención; que dice así.

“Año 1.939. Triste y horrible noche, un espectáculo, aún más doloroso difícilmente de olvidar; era ver aquella fila compacta de la población civil, compuesta de ancianos, mujeres y niños, que abandonando hogar, hacienda y Patria, caminaban a paso lento; agobiados además por la carga de aquello más necesario que habían podido salvar de sus hogares y que más de una vez, ante el agotamiento de todas sus fuerzas, se veían obligados a abandonar en el transcurso de su marcha; la cual dado el ritmo y ambiente en el que se desarrollaba, ofrecía un aspecto de un desfile o pompa fúnebre, del que no estaban ausentes, lamentaciones, llantos y lágrimas. Nuestra fuerza, en la medida de lo posible, continuaban ofreciendo al enemigo una mínima resistencia, con el fin de que todas esas multitudes civiles y el grueso del ejército, pudiese pasar la frontera sin dificultades mayores; lo que fue llevado a cabo con gran orden y dignidad. Entonces también llegó para mí la hora de pasar la frontera, fatídica línea, del otro lado de la cual no se nos había prometido otras perspectivas que la esclavitud, o destierro.”

Al terminar de leer la misiva de mi tío Pepe, los dos quedamos en contar a nuestros hijos, la verdadera “memoria histórica”, con el objetivo que recuerden que el pasado no se vuelva a repetir. Los huesos de nuestros muertos no sirven de nada si es para aumentar el odio entre rojos y azules, entre verdes y blancos. Nadie ganó, unos perdieron todo y otros un parte de lo poco que tenían.