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jo tinc pena, vergonya i ràbia

  • Published in Política

EL BAR DE PEPE

Bajo el lema “no tinc por” (no tengo miedo), se organizó una manifestación multitudinaria en Barcelona condenando el terrorismo y en apoyo y ayuda a los familiares de las 16 muertes y más de 100 heridos, victimas del loco asesino yihadista que en la tarde del jueves 17 de agosto sembró el pánico en las Ramblas barcelonesas.

La utilización partidista de un acto solidario y de protesta, donde asistieron más de 500 mil personas, fue bochornoso, patético, y demostró, una vez más, que a los políticos catalanes les importa más el referéndum para la autodeterminación, que pretenden celebrar el 1 de octubre, que los muertos del 17-A,  o por lo menos es lo que parecía en la citada manifestación, que  parecía más una marcha reivindicativa de los deseos de Puigdemont y compañía, que un acto de  luto y tristeza por los sucesos acontecidos.

Desde los 9 años hasta los 21, viví en Cataluña, en Barcelona concretamente. Jamás me sentí discriminado por los catalanes, nosotros, mi familia y yo, nos insertamos en la sociedad catalana con cierta comodidad. El catalán es poco extrovertido, le cuesta dar confianza, pero, desde luego, cuando te ofrece su amistad es para siempre. Los canarios siempre hemos sido bien recibidos en Cataluña.

Aprendí la lengua catalana en el Instituto Torras Bages, en San Andreu del Palomar (Barcelona) y me precio de hablarlo siempre que tengo oportunidad. Jamás vi ninguna represión por nadie por expresarme en catalán, muy al contrario, mi esfuerzo era recompensado con la amistad de numerosos catalanes de pro y enjundia.

Olvidar que Cataluña fue el Dorado de la España del mediados del siglo XX sería todo un error. Cientos de miles de españoles del resto de la negrura, de un país acabado de salir de una guerra civil, con una postguerra europea, con un paro superior al 50% y una pobreza severa, miraban hacia el norte con ilusión en el futuro. A mis padres, como a tantos otros españoles, pensaron que ir a Cataluña suponía el futuro de todos y sin pensarlo más agarraron sus maletas de cartón piedra y atadas con una cuerda y así llegamos un frio y lluvioso día de octubre a la estación de España.

Por lo tanto, que nadie dude que deseo todo lo mejor para Cataluña y su gente. Incluso si es la independencia la mejor vía para conseguir un mayor y mejor estatus de vida, pues que así sea.

Lo que realmente me preocupa es la perdida de los valores humanos y solidarios de los que siempre han hecho gala los ciudadanos de Catalunya.

Lo que verdaderamente me da pena es ver como poco a poco, desde las políticas y los políticos catalanes, secuestran la mente abierta y cultural, cosmopolita y mundana de los catalanes, con consignas y políticas de apartheid contra los que no desean la independencia, o sea; en Catalunya, hoy por hoy, existe una división total entre su población, los que están de acuerdo con la independencia del pueblo catalán del Estado Español, que no de España que de esa si que jamás podrán separarse, y los que no están de acuerdo con esa “independencia futura”. El odio está servido y el rechazo entre unos y otros es cada día más evidente, tener un carné de Ezquerra Republicana, del Partit Demòcrata Catalá o de la Candidatura d´Unitad Popular, representa un aval para lograr prebendas y beneficios que se les niegan aquellos otros que no “pasan por el tubo de los deseos de Junqueras y Puigdemont”.

Mientras tanto, se utiliza los cadáveres de los 16 fallecidos y el sufrimiento de más de 100 heridos de un execrable atentado terrorista para “publicitar” y victimizar el separatismo.

Jo tinc por, yo tengo miedo, más miedo a los padres de la patria, a los ayatolas visionarios, a los iluminados hijos de puta que a los locos terroristas porque a estos se les puede controlar, a los otros es imposible, cuando llegas a darte cuenta tienes otro Hitler, Franco o Pinochet en el cuarto de baño de tu casa.

La cuestión no es baladí; prestigiosos analistas de política internacional y politólogos de la Universitat de Barcelona han comentado que “estamos ante una posible balcanización del norte de España, donde los riesgos son imprevisibles”

¡¡Jo tinc pena, vergonya i ràbia!!