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La ley del talión

  • Published in Política

EL BAR DE PEPE

El principio de justicia retributiva expresado en la frase “ojo por ojo, diente por diente”, está más que comprobado que no produce el efecto deseado, o sea, que sufra el terrorista, en su propio cuerpo o entorno familiar, el terror que ha causado.

Para nada sirve, excepto para incrementar el odio entre unos y otros, los bombardeos contra la Daesh en Siria o los palestinos en la franja de Gaza, ni los vehículos kamikazes yihadistas en París, Londres, Niza, Berlín o Barcelona, ni  siquiera las bombas humanas. No sirve la ley del talión, cuando la vida no tiene el menor valor.

Sin embargo, tampoco sirven las medidas y las leyes de nuestro vigente Código Penal para acabar con la espiral de violencia, se necesitan cambiar, reformar las penas que conlleven al suicida asesino a pensar que no sólo contra él caerá el peso de la ley.

El problema es complejo, pero soluciones tienen que existir, de forma que el terrorista tenga presente que sus acciones, sus asesinatos lo pagarán caro toda su familia, incluidos familiares de cualquier grado de consanguinidad. La expulsión de los países europeos de todos sus familiares, repito desde los padres hasta los de 4º grado, primos, etc. serán extraditados a sus países de origen, y no importa si la acción terrorista se comete en Berlín o en Roma.

Todos, absolutamente todos los familiares de los miembros pertenecientes a bandas terroristas serán inmediatamente deportados y puestos fuera de las fronteras de la Unión Europea.

Necesitamos instrumentos legales para combatir esa lacra horrible que nos ataca sistemáticamente y a la que contestamos con la misma virulencia, incluso mayor, que con la que nos atacan.

España cuenta con casi dos millones de personas que profesan la religión musulmana, un colectivo religioso que ha experimentado un gran crecimiento en los últimos años. Hay más de 1.000 centros de oración repartidos por toda la geografía española, incluyendo cientos de locales particulares. Al menos en un 6% de ellos se profesan mensajes radicales, contrarios al discurso oficial de los representantes de la comunidad islámica. Según el Estudio Demográfico de la Población Musulmana elaborado por la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE) y el Observatorio Andalusí, el número de musulmanes es de 1.887.906 personas. Esto supone 29.497 musulmanes más que en 2014, un crecimiento del 1,6%. Sólo en los últimos cinco años hay 300.000 musulmanes más en España. Crece especialmente el número de españoles que profesan la religión del Corán, bien sea porque han adquirido la nacionalidad o porque ya han nacido en España. También hay un goteo de gente que, desde los años 60, ha ido abrazando esta religión y que hoy suman 22.808 personas. En 2015, los musulmanes de nacionalidad española aumentaron un 8,4% (hasta llegar a las 779.080 personas) mientras que los musulmanes llegados de otros países se redujeron un 2,7% (aún son mayoría con 1.108.826 personas).

Con este bagaje, casi imposible de controlar, y aun teniendo en cuenta que la inmensa mayoría son gente socialmente insertadas, es bueno saber que las redes, el entramado legal de nuestro estado de derecho, les permiten acceder a un buen número de subvenciones que, incluso, suponen un agravio comparativo para los españoles.

Algunos moralistas dirán que la medida que estoy exponiendo es ilegal y antidemocrática, pero yo les pido que se pongan dentro de la piel de los padres, matrimonios, hijos y familiares de los fallecidos y heridos en las Ramblas barcelonesas y luego me contestan.

Desde luego está medida, estoy seguro, es más ejemplarizante y democrática que enviar nuestros aviones de la OTAN a bombardear al Daesh en Siria.

Si partimos de la base que la persona que es capaz de cometer estos horrendos asesinatos, está abducida por consignas anti occidente, que les prometen la muerte, seguida de una vida eterna en el paraíso de Ala, gozando de todos los placeres de la vida terrenal, la única forma de hacerles pensar que sus hechos serán las culpables del destierro de toda su familia y allegados y si estos mismos, los familiares, saben del riesgo que corren si su familiar comete un acto terroristas, o que está en riesgo de pertenecer a una cedula yihadista, es lógico pensar que se pueden convertir en los mejores confidentes policiales. Podríamos intentarlo.