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Supuestos naifes, puñales y navajas

  • Published in Política

La llamada telefónica lo dejó escaldado: "Es la primera vez que me cesan los míos y, además, me mandan para casa". En consecuencia, a estas alturas de mes el señor Hernández Bento, don Enrique, como funcionario de carrera que es, habrá solicitado su reincorporación a la consejería de Hacienda. A fin de cuentas el pasado jueves lo abandonó oficialmente su último destino político, delegado del Gobierno en Canarias. (Este, por cierto, no fue el único: antes había sido concejal del Ayuntamiento de Las Palmas y, posteriormente, subsecretario del ministerio de Industria, Energía y Turismo.  Siempre, claro, como militante activo del Partido Popular y hombre de confianza del Gobierno.) 

Así fue: el señor Rajoy reestructura su Gobierno tras revalidar el cargo de presidente con el mutis por el foro del PSOE y persecución inquisitorial del partido a ciertos socialistas. Luego destituye al señor Hernández B. sin agradecerle “los servicios prestados”, insensibilidad. Según el afectado, lo hizo en contubernio judeo – masónico - moscovita con el presidente regional canario (y “las sombras”). Finalmente designa a la señora Roldós Caballero (gallega paisana) como nueva delegada del Gobierno en Canarias.

Hasta ahora, todo normal… salvo algo llamativo: duró muy poco como tal el anterior delegado a pesar de que no hubo cambio alguno en la presidencia del Gobierno. Por supuesto, el cargo estuvo vacante cuando la señora Hernández Bento, doña María del Carmen, dimitió para figurar en las listas del PP al Parlamento. Pero sorprende la interinidad y accidentalidad del hermano y sucesor, más si tenemos en cuenta su pública disposición a continuar como delegado. Caben, pues, tres interrogaciones retóricas con variantes ante supuestos comportamientos de sectores peperos para evitar su continuidad (“retóricas”, digo bien, pues jamás tendrán respuesta). Veamos.   

Una. ¿Hubo depuración, purga o laxante interesado para aislar al señor Hernández B. cuando este declaró en público que aspiraba a presidir el PP de Canarias frente al señor Antona, hoy presidente accidental designado por Madrid? ¿Tenía, acaso, posibilidad alguna de echar abajo a la actual y muy arraigada cúpula, interesadamente cohesionada tras la dimisión del señor Soria? Resulta curiosa, sin embargo, una aparente confluencia: el exministro digitalizó al actual presidente accidental. Pero, a la vez, intervino para el nombramiento de la señora Hernández B. como delegada del Gobierno. Y su brazo derecho en el ministerio de Industria fue, exactamente, el señor Hernández B. ¿Dos irreconciliables fracciones dentro del PP canario?

Dos. ¿Es casual, fortuito o acaso accidental que también la señora Hernández B. fuera destituida por el señor Antona como vicesecretaria de Organización? A pesar de todos los pesares, encabezó la lista al Parlamento. Pero, ¿quiénes se esforzaron denodadamente para evitar su consecución? ¿Quiénes, y por qué, revolvieron Madrid con Santiago y Moscú para bajarla al número tres, puesto ocupado por el señor Mariscal, y que este ocupara la segunda posición, lo cual auparía a la señora Asián al námber guan?

Tres. Comenté negativamente (3 de noviembre) la precipitada decisión del señor delegado cuando judicializó el homenaje a la bandera tricolor (“La bandera canaria de las siete estrellas verdes”). Sé -la sacristía informa con precisión- que desde arriba, pero no más allá de la raya, se decidió (“se recomendó”) el silencio absoluto del PP canario frente a la decisión del señor Hernández B. Es decir, ningún apoyo por cuanto no había consultado al partido ni a su presidente regional. Su comportamiento, dícese, sirvió para estimar cómo actuaría si llegaba a la presidencia del Partido. ¿Táctica, estrategia, forzado aislamiento para debilitar al posible contrincante de cara al congreso de febrero o, acaso, acepta el PP la tricolor no oficial?

Por otra parte, no podemos obviar algo elemental: los cargos digitales no son propiedad de sus ejercientes, sino del Gobierno de turno. A fin de cuentas, concejales y parlamentarios sí son elegidos en las urnas aunque, con frecuencia, sus propios electores no tienen ni puñetera idea de quiénes son, al menos desde el tercer nombre de la papeleta. Esta es la suerte de muchos profesionales de la política: la fidelidad absoluta –vasallaje- a quien da el visto bueno a las listas definitivas tiene sus recompensas económicas en forma de nominilla oficial. Y si asienten sin discusiones ni razonamientos y glorifican las decisiones tomadas por la autoridad competente, con un poco de suerte podrán renovar durante varios cuatrienios. Así, como quien no quiere la cosa, mantienen un puesto a su nombre y disfrutarán de solvencias euriles, que la vida está jodida como para andar por ahí a sueldo base.

Por tanto, el señor Hernández B. fue destituido por quien lo nombró, sencillamente. Y como no hubo explicaciones sobre su designación, tampoco conoceremos el porqué de la tal cesantía. (O mejor: sí lo sabemos, pero no hay nada escrito). De todas maneras, entrada y salida del hoy ya exdelegado forman parte de la propiedad privada del PP, feudo en el cual no voy a entrar, líbreme Alcorac de tal osadía. (Tampoco ningún partido político, ninguno, reclama cambios en la estructura organizativa.)
  La señora Roldós Caballero, nueva delegada, fue consejera de Sanidad, señoría en el Parlamento canario y senadora (dícese, incluso, que exmilitante del PSOE). Ella es –según el anterior delegado- copartícipe del “cese político” fraguado por el señor Antona aunque entre sombras, penumbras y tinieblas “anda doña Australia Navarro”, secretaria regional del PP.

Pero se trata de una afirmación cuya validez debe ser demostrada, argumentada. A fin de cuentas, el exdelegado solo aporta como alegato la posibilidad de presentarse al cargo de presidente regional. Y tal legítimo derecho no es, en pureza democrática, razón para emprender “acosos políticos”… salvo que el hipotético candidato pudiera llegar fuertemente avalado o haya “malestar por la actual dirección del PP”. O peor: que maneje información secreta muy desestabilizadora, lo cual justificaría la flojetú estomacal.

No sé si es el caso. Pero naifes y puñaladas caracterizan a los humanos. En Lorca, navajas y cuchillos del Romancero gitano forman parte de la tradición.