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Los partidos emergentes: ¿peor el remedio que la enfermedad?

  • Published in Política

Debido al resultado electoral del pasado 20 de diciembre de 2015, se configuraron dos emergentes y fuertes grupos parlamentarios: Ciudadanos con 40 diputados y Podemos con 71. Los dirigentes de éstas dos formaciones políticas, coincidían en sus discursos anunciando que afortunadamente se había acabado con el bipartidismo, protagonizado por el PSOE y el PP.

También compartían las denuncias sobre la degradación y la corrupción del sistema democrático y se proponían regenerar la democracia. Daba la sensación de que esto iba a ser una especie de panacea y que a partir de ese momento, la vida política española cambiaría para mejor sustancialmente.

Albert Rivera manifestaba que España iba a vivir una “segunda transición”, dando la impresión de que pretendía atribuirse el papel que en la primera y única hasta ahora, desempeñó Adolfo Suárez.

Pero no ha sido así y por el contrario, nos encontramos después de esas elecciones y las posteriores del 26-J, con un Partido Popular que continua gobernando, gracias precisamente al apoyo de Ciudadanos y la abstención (salvo 15 coherentes y dignos votos negativos de sendos diputados socialistas) del PSOE, en la investidura de Mariano Rajoy a la presidencia del gobierno.

El bipartidismo no tiene que ser necesariamente malo, es más, en los países occidentales se ha practicado y se  sigue practicando con bastante éxito, demostrándose en la consecución y desarrollo del Estado del Bienestar, como fue en el caso de Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial, por mediación de los partidos políticos, sobre todo los socialdemócratas, con la participación y/o colaboración de los democratacristianos. Aunque el referido Estado del Bienestar, desde hace tiempo viene sufriendo menoscabo, por la degradación y perdida de valores de la socialdemocracia, que se lo ha venido poniendo fácil a los liberales o neoliberales, en lo consecución de gobiernos conservadores en muchos casos reaccionarios. También se ha creado el “caldo de cultivo” para la aparición y propagación del populismo y la ultraderecha con sus respectivos partidos políticos. Afortunadamente en España y al menos por ahora, no estamos teniendo ese problema y es lo único que de alguna forma hay que agradecer al PP, que esté siendo el parapeto y la acogida de los  ultraconservadores. Lo malo es tener que soportarles.

En los tiempos de la UCD en el gobierno y el PSOE en la oposición, el bipartidismo sobrevivió, aún en momentos muy difíciles y hasta dramáticos que estábamos viviendo, como consecuencia del “ruido de sables” involucionista de los militares y la existencia de la banda terrorista ETA, que con tantos asesinatos, secuestros y extorsiones sembró de dramatismo e incertidumbre la vida política y el futuro de España. Aún así dio muy buen resultado, pudiéndose consolidar la democracia, aunque en su logro se produjo victimas políticas, como fue la dimisión de la presidencia del gobierno de Adolfo Suárez y la extinción de la UCD (Unión de Centro Democrático).

Ya con el PSOE en el gobierno desde octubre de 1982, España ha tenido avances muy importantes y significativos: se profundizó en la democracia y modernizó el país, incluidos sus sectores productivos, especialmente la industria y la agricultura que estaban obsoletas. Entramos a formar parte de la Unión Europea. Organizamos con mucho éxito los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla. Se introdujo la Sanidad Universal y la Educación Pública, obligatoria y gratuita, las pensiones no contributivas, la salida de la injusta e ilegal guerra de Irak, aprobación y puesta en práctica de la Ley de la Dependencia, ser uno de los países más avanzados del mundo en derechos y libertades, etc. En todo éste tiempo ejercía la oposición A.P. (Alianza Popular) y por su refundación posteriormente el P.P. (Partido Popular).

Desde posiciones democráticas podría ser más interesante y positivo, el  reflejo de más pluralidad de la Sociedad en los parlamentos, aunque lo realmente importante, al margen de las siglas y su cantidad,  es la calidad democrática de los países. Los ejemplos más evidentes pueden ser el de los más avanzados como los Nórdicos, Canadá, EE.UU, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Australia,  etc., alternando sus gobiernos entre muy pocos partidos políticos.

El caso es que unos por otros “la casa se ha quedado sin barrer”. El nefasto y corrupto Partido Popular continua en el gobierno y encima con la misma persona Mariano Rajoy de presidente, que como se ha podido comprobar, no sólo en el plano político, también en el personal, éticamente deja mucho que desear. Eso ha sido así, como consecuencia de los vetos entre Podemos y Ciudadanos y la fragilidad del PSOE (Pedro Sánchez) en la búsqueda y alternativa, a la situación creada.

Siendo cierto que en ésta legislatura el Partido Popular está condicionado por no tener mayoría absoluta como la anterior, cuando impuso medidas y leyes incluso reaccionarias: Reforma Laboral, LOMCE (“ley Wert”), “ley mordaza” etc., pero de cara a la actual legislatura, se perdió la gran oportunidad y la iniciativa de cientos de personas del mundo científico, intelectual, cultural, social, sindical  y político, que propugnaban el entendimiento entre el PSOE, Podemos y Ciudadanos y mediante un manifiesto contemplaban acuerdos mínimos para sacar a España de la situación tan grave de atraso e injusticia social, que viene padeciendo y regenerar el sistema democrático.

Era lógico y razonable que PSOE, Podemos y Ciudadanos, con sus respectivos dirigentes, todos jóvenes que no estaban, ni están (esperemos que nunca), “contaminados”, en ese sentido se pusieran de acuerdo. No lo hicieron y cada uno de éstos partidos colectivamente y sus dirigentes individualmente, tendrán en su momento que asumir responsabilidades.  

Antonio Aguado Suárez