Log in
Sin imágenes

¡Hay que cambiar el marco: no es la pobreza, es la riqueza!

"No pienses en un elefante", le dijo el señor Lakoff a los demócratas americanos.

El elefante, recordamos, es el símbolo de los de la derecha en EEUU. El lingüista intentaba hacerles ver que no ganarían nunca a los republicanos si libraban el debate político usando siempre un marco de lenguaje propio de la derecha, esto es, hablando desde valores propios de los conservadores americanos, de la familia tradicional y la competencia voraz en un mundo donde se grita el ¡Sálvese quien pueda! Tomando un símil futbolístico, es como jugar siempre fuera de casa. Aunque viendo quién gobierna en la Casa Blanca y en casi toda Europa, parece que seguimos jugando en el marco de la derecha, de la austeridad, el miedo, la policía, el liberalismo, la privatizaciones y un largo etcétera. Y será por la propia inercia o será por otra cosa, lo cierto es que en Canarias, con el asunto de la pobreza llevamos toda la vida jugando en el marco del lenguaje que les gusta a ellos, a los de arriba, a los que tienen y mandan, y creo que ya va siendo hora de cambiar de marco, o como mínimo de intentarlo.

¿Y cuál es el marco de lenguaje, y de valores, en el que nos hemos movido siempre en Canarias cuando de pobreza se trata? ¿Recuerdan?: un problema estructural propio de Canarias, de toda la vida, la insularidad, la culpa es de Europa, de la Merkel, el control del déficit, los recortes de Rajoy, la austeridad, la crisis, la economía global, no hay dinero para tanta gente, y por cierto, la mayoría son unos vagos, están a la "papa suave", no quieren trabajar... y así, al final solo queda la caridad, la solidaridad de la buena gente, las ONG, algunos subsidios, nunca para todos, y nada más.

Y claro, si este es el estado de cosas, si este es el marco de lenguaje en el que nos movemos, si estas ideas de partida son las que asumimos, no podemos esperar más que lo que tenemos: la pobreza en Canarias vista como irremediable, con pocos recursos públicos asignados para su reducción, dejada en manos de voluntarios y ONG en su mayor parte, y con la falsa y preconcebida idea de que cualquiera que quiera trabajar encontrará trabajo si lo intenta mucho, así es en el capitalismo, eres libre, eres dueño de tu destino, o dicho de otra manera, si eres pobre, es culpa tuya.    

Pues no. No es así... ¡Que no te vendan más esa moto! Ya es hora de cambiar de marco y situar a la pobreza en Canarias sobre la realidad que le corresponde, como una consecuencia directa de otra realidad que subyace y que no se ve tanto, porque no interesa, pero está ahí en el origen, y no es otra más que la riqueza mal repartida y las enormes desigualdades que soporta esta tierra, que no hacen más que crecer en un sistema económico que favorece notablemente a los poderosos en perjuicio de una mayoría social que debe aceptar, y tragar,  con lo que venga.

Si este es el marco de lenguaje desde el que partimos y enfrentamos el problema de la pobreza, la resultante será otra muy distinta. Para empezar, iremos a comprobar si lo que parece es cierto. Y nos daremos cuenta que por obra y gracia de la globalización y de nuestro sistema económico, mucha gente en edad de trabajar en Canarias y por extensión en España entera se quedan en un limbo de paro y precariedad, y no volverán a trabajar nunca por más que lo intenten -se estiman unos 2 millones-, con otros tantos malviviendo con trabajos pobres casi esclavos, rozando la pobreza incluso con trabajo.   

Y desde este nuevo marco, escucharemos con oídos incrédulos al presidente Clavijo decir que el problema de la pobreza en Canarias es algo crónico frente al que poco puede hacer. No, ya no nos venderá más esa moto. No cuando la economía canaria creció un 3,5% en 2016 y crecerá un 3% en este 2017; no con el turismo batiendo records de llegadas y de ingresos año tras año; no con las cuestas del Gobierno de Canarias tan saneadas que hasta logran la máxima nota crediticia de toda España según los buitres económicos de los mercados internacionales. No sus señorías, no, ya no nos lo tragamos, no cuando el 0,28% de la población canaria acumula el 50% de la riqueza de las Islas; no cuando tenemos un régimen tributario convertido en paraíso fiscal, donde a más poderoso menos pagas y más te beneficias, a la par que soportamos los sueldos más  bajos de España, y la cesta de la compra más cara, y la peor sanidad, y la peor educación, y unas 100.000 viviendas vacías, y unos Servicios Sociales calificados como “irrelevantes” por los propios Gerentes de Servicios Sociales de España, y así un largo etcétera de abandonos y desprecios continuados.  

Y ahora sí, desde este nuevo marco, podemos empezar a hablar con el que haga falta sobre la pobreza y su contraparte de origen: el mal reparto de la riqueza en una sociedad canaria con unos muy altos índices de desigualdad social, unos índices más propios de países del tercer mundo que de un país europeo. Entonces, podremos poner sobre la mesa cómo afecta la desigualdad social al país o región que la soporta. Abundante literatura sociológica documenta los efectos de la desigualdad a lo largo de un amplio espectro de indicadores económicos y sociales. Así, en un documento reciente del área de política económica y social de Unicef comprobamos cómo la desigualdad social deriva en: a) ralentización del crecimiento económico, b) peor salud, c) mayor número de enfermedades mentales, d) mayor número de homicidios y otros comportamientos violentos y criminales, e) mayor consumo de drogas ilegales, f) menor esperanza de vida, g) peores resultados académicos, h) menor movilidad social, i) mayor inestabilidad política, j) mayor número de madres adolescentes sin recursos y un sinfín de perjuicios para la infancia.

Visto esto podremos preguntarnos, y preguntar: ¿es lo que queremos para nuestra gente en Canarias? Y la respuesta no puede ser más que un no, no quiero esto para nuestra tierra. La siguiente pregunta es también obligada: ¿podemos hacer algo más por disminuir estas tremendas desigualdades? La respuesta esta vez es un rotundo sí. Sí, claro que sí, podemos hacer mucho más, y está en nuestras manos, pero de eso ya hablaremos en próximas entregas, de momento, empecemos por cambiar el marco. Recuerda: ¡no es la pobreza, es la riqueza!