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Los "desfavorecidos" de Tenerife claman dignidad

Adelanto aquí una breve crónica de lo que ha sido hoy la reunión monográfica de la Comisión Técnica creada en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife para tratar de mejorar los Servicios Sociales. Monográfica era esta vez, para abordar el tan cuestionado y deficiente sistema de reparto de alimentos a familias en situación de precariedad sobrevenida en la ciudad.

Llevamos meses denunciándolo por todos los ámbitos desde la Plataforma por la Dignidad y la Plataforma 29E, y habíamos pedido esta reunión con urgencia..., ¡a principios de noviembre! La reunión viene más de 3 meses después -se ve que mucha urgencia no tenían-, y desde Asuntos Sociales la preparan largándonos más de una hora de presentación y lucimiento del Banco de Alimentos, mostrándose como unos bienaventurados ciudadanos que ayudan desinteresadamente a los "desfavorecidos". Y empezó el señor presidente eterno de este curioso banco a contar las maravillas de su gestión, y así estuvo hasta que repitió por séptima vez eso de "los desfavorecidos", para referirse a las personas que acuden a los Servicios Sociales a por una ayuda de alimentos. Lo siento, en ese punto no me pude callar más, y le pedí por favor que dejara de usar ese término para citar a las personas y familias que necesitan de una ayuda social. Al instante, la mayoría escandalizados por mi sugerencia, me llamaron maleducado y me mandaron callar. Y creo que con esto está dicho todo sobre la reunión. El señor presidente era el primer sorprendido, no encontrando escándalo u ofensa alguna en su manera de usar el lenguaje.

Claro que, para que lo entiendan bien tal vez hubiera hecho falta que estuvieran allí. Y es que este señor hablaba desde tanta distancia, con una superioridad y altanería tal, que ya por sí sólo chirriaba el término. Pero es que además olvidaba -quizá porque nunca lo supo-, y olvidaban la mayoría allí, que el lenguaje es lo que hace a las personas, y hay palabras performativas que además de definir actúan con su sólo uso. Decir "los desfavorecidos" es darle un sentido de permanencia y de homogeneidad a un grupo heterogéneo de personas en el que podemos estar todos algún día, durante un tiempo, como esto siga así de mal, y de donde también podemos salir en cualquier momento, si nos mejoran las circunstancias. Hablar de "los desfavorecidos" por tanto es calificar, como pobrecitos, y es pues también descalificar, o infravalorar, tanto o más cuando el que habla se sitúa por encima, como un bienhechor que con su gran bondad y magnanimidad ayuda a los pobres. ¿Los "desfavorecidos" por qué?, ¿acaso es una cuestión de suerte? Y puestos a calificar... ¿por qué no "los jodidos", o "los puteados", o los "estafados"?, igual así hacíamos más honor a la verdad. Además los "desfavorecidos" llevan incrustada la palabra "favor", y así queda reproducido el esquema clásico de la caridad que da y mira desde arriba al pobre, que debe aceptar lo que venga porque es un favor, una deferencia que tienen con él, nunca un derecho.
Con estos usos del lenguaje no es de extrañar que avanzada la reunión, cuando Lolo Dorta y yo mismo pusimos de manifiesto carencias e indignidades graves en el sistema de reparto por falta de control, falta de formación y falta de medios, buena parte de los asistentes y los bienintencionados donadores del Banco de Alimentos quisieran concluir que las colas a las puertas de las ONG, el obligar a las madres a descargar camiones y participar en campañas, la comida en mal estado o pasada de fecha, las faltas al buen trato y toda la picaresca que rodea a este sistema fueran cuestiones de caracter menor, inevitables, que se dan en todos lados. Otra vez eran presa de la distancia kilométrica que separa a estos gestores acomodados de las familias que lo pasan mal. Ajenos a la empatía del contacto cercano, se olvidaban de que se trata de seres humanos con dignidad y derechos, son madres, son padres, son niños, son abuelas, en un país que dice ser la octava potencia económica mundial, no son tomates, no son zapatos, no es un país empobrecido de Sudamérica o África, y aunque lo fuera.

Después de todo, al final parece que les salió mal la jugada, y lo que pretendían que fuera un lavado de cara de un sistema de reparto lamentable, se convirtió en una constatación clara y evidente de deficiencias e indignidades muchas. Y el monográfico acabó de una manera un tanto surrealista, con los propios responsables del Banco de Alimentos rendidos a la evidencia, solicitándonos a nosotros, a las plataformas denunciantes, que impartiéramos clases de respeto a la dignidad en las ONG y asociaciones que reparten comida a los "desfavorecidos", como si esto del respeto a la dignidad de las personas fuera algo que les viene de nuevo, en una nueva directiva europea que desconocen o algo por el estilo.

En fin, con todo el ruido y toda la exposición mediática, al menos hemos conseguido que para el próximo Pleno del día 3 de marzo se lleven varias mociones sobre este asunto, una institucional, descafeinada, de Ciudadanos, la que presumiblemente se aprobará, otra de los partidos de la oposición real, que pide un cambio de modelo, y una renta básica, y sobre todo dignidad, que probablemente tirarán por tierra, y que defenderá una madre de estas a las que ellos llaman de "los desfavorecidos", pero que yo que la he visto, y las he visto, y las conozco, las llamo madres coraje, que no se agachan ni se dejan humillar.

Y así acaba esta crónica apresurada de lo que fue una de las reuniones que más nauseas me han provocado en los últimos tiempos. El próximo viernes día 3 de marzo, en el Pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz, recuerden, allí estaremos algunos, habrá una mesa de partipación ciudadana en la puerta con recogida de firmas para esto y otras cosas, dentro una representación, la farsa de siempre. Si pueden, no falten.

Eloy Cuadra, portavoz de la Plataforma por la Dignidad