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Despilfarros de dinero público

  • Published in Política Social

La Federación de Colectivos de Telde tiene pinta de ser algo serio. A fin de cuentas (Teldeactualidad, 29 de agosto) se compromete con una función social.

Y su actividad es fácilmente investigable pues el espacio geográfico está definido: se trata de un municipio, Telde, y no de un país centroafricano u oriental. Porque la ciudad del este grancanario reúne a un grupo de jóvenes emprendedores ilusionados con actividades que redundan en beneficio de quienes comienzan el curso escolar y, por circunstancias de todos conocidas, pueden tener problemas para la adquisición del material escolar.

Aunque –y solo planteo mi consideración- con mucha frecuencia los libros de texto obedecen más a negocios editoriales, comerciales y de centros que a auténticas necesidades, pues métodos hay para suplirlos sin problema alguno. Cosas bien distintas son la confección y preparación de los recursos pedagógicos, tarea que corresponde a los departamentos o, en otros casos, a la acción personal del profesorado. Gran parte de los vocacionales se empeñan en implantar prácticos sistemas de aprendizaje (en mis clases de Literatura y Lengua aquellos jamás fueron necesarios; pero al final del curso los alumnos habían manejado 200 documentos literarios, periodísticos o científicos seleccionados, escritos y fotocopiados para las clases). Otros –también es cierto- están más cómodos con la simple lectura del libro de texto en clase.

Sin embargo, hoy los profesores más parecen burócratas que enseñantes de palabras, pensamientos, Ideas… Lo más importante gira en torno a papeleos, rigideces ajenas a la profesión, formalidades superfluas extrañas en su totalidad a la función primera del aula: la simbiosis enseñanza / aprendizaje. Son más importantes los decretos lanzados desde despachos que la sensibilización –por ejemplo- para adquirir la muy peligrosa riqueza léxica, pues las palabras invitan a reflexiones. Y, por supuesto, nada cuentan opiniones y recomendaciones de quienes pasan horas con los alumnos. Así nos va en Europa: nuestro fracaso escolar es el segundo en el ranking (‘lista, tabla clasificatoria, clasificación, escalafón’).

Aquellos jóvenes de Telde no caminan solos. Andan con otros gremios (Hermandad de la Mano; Asociación Zona Comercial Abierta de San Gregorio; Asociación de Vecinos Bentagache) aunados con una triple finalidad: crear conciencia; ayudar en la medida de sus posibilidades a quienes los necesitan y descubrirles valores tradicionales como “solidaridad y compañerismo”. (Pueden sonar a conceptos hoy desfasados o marginados pero, en verdad, absolutamente imprescindibles en las rutas hacia sociedades más civilizadas.) 

Loable labor, pues, y meritoria. Su altruista actividad redundará en beneficio de sectores sociales ajenos a desarrollos económicos tan exaltados en recientes sesiones de investidura por el señor Rajoy, candidato. Pero ya se sabe: entre el mundo de ficción y la realidad hay miles y miles de alumnos cuyos padres tienen dificultades para conseguir su formación. Vaya mi felicitación, por más que algún comentarista los relaciona con un determinado partido político.

Por tanto, la actividad de la Federación de Colectivos de Telde es un toque de atención a quienes, desde sus responsabilidades políticas, a veces se despistan con un planteamiento absolutamente básico: el constitucional derecho a la educación, cuyo objetivo será “[…] el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”. Es decir: una asociación de jóvenes teldenses se organiza y ayuda a muchos discentes necesitados. Sin embargo, la escolarización es obligatoria: se trata de un derecho constitucional. (¿No hay, en apariencia, cierta contradicción entre ambos planteamientos? El alumno está obligado a la escolarización… Pero no puede comprar lo imprescindible.)

Dinero hay en las arcas del Estado. Otras cosas bien distintas son procedencia (acaso préstamos, atracos a la hucha de las pensiones…) y destinos. Su señorías (615) del Senado y del Congreso, por ejemplo, cobran: no menos de cuatro mil euros. Y todo por dejarse ir muy al golpito desde diciembre de 2015 en cuanto que la provisionalidad del Gobierno impide el normal desarrollo de las cámaras.  Por supuesto, percibieron también dietas especiales por asistir a los plenos en torno a ambos candidatos. Y ninguno de los cuatro grupos más representados, ninguno, ha creado comités inquisitoriales para soasar a sus guías espirituales y obligarlos al encuentro de soluciones por encima de divismos, personalismos, fobias interpersonales, endiosamientos y aparente desprecio a la gente (Iglesias), ciudadanos (Sánchez) o españoles (Rajoy). Porque los señores Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera dependen de sus diputados y senadores, sin ellos no son nadie. Pero a ninguno se le cae la cara de vergüenza.

Sus señorías, mientras, viajan. Y lo hicieron con prodigalidad durante los seis meses de la legislatura anterior, cual si la maquinaria estuviera funcionando. Así, gastaron 600 000 euros en viajes ¡internacionales!: Estrasburgo (Consejo de Europa), segunda sesión de su plenario; Lusaka (Zambia), Asamblea Parlamentaria de la Unión Interparlamentaria; Tokio (Japón), reunión de la Red Parlamentaria Global etc. etc.; Montevideo (Uruguay), Curso sobre Técnica Legislativa y Administración Parlamentaria; Georgia (EE UU)… Y con el Congreso ya disuelto hubo otros diez viajes (50 000 euros), uno de ellos a Chile ¡sobre Parlamento electrónico! De  vergüenza. O su antítesis. 

El Gobierno andaluz subvenciona con 1400 euros (¡1400!) a 56 políticos para que abonen el alquiler de viviendas si el organismo oficial en que ejercen se encuentra a más de sesenta kilómetros de su municipio. Profesores destinados en La Aldea, por contra, lo pagan de su bolsillo o viajan diariamente tres horas en coche.
   Los reyes pudieron –me enternezco- distraerse una semana con sus hijas. Alquilaron un sencillo barco (32 000 euros, aparte gastos de servicio). Disfrutaron de Croacia, país europeo a orillas del Mediterráneo. El señor Borbón, padre, ya disfruta de su moderada paga de retirado (170 000 euros). Bien administrada, deduzco: le da para viajar continuamente de un continente a otro. Sus amigos dicen que “hace vida de jubilado”, me emociono. Y como su estómago es muy delicado, frecuenta restaurantes españoles con estrellas Michelín. Como la gente del IMSERSO, claro.